Por: James Cifuentes Maldonado
Y luego de tanta expectativa y tanta
lora, se llegó el día en que la ciudad de Pereira habría de materializar su recepción a las aves majestuosas
de Itagüí, las reinas de los riscos del fútbol Colombiano, Las Águilas Doradas,
que llegaron a instalarse en la Perla
del Otún, porque en su ciudad natal el señor alcalde les quitó el afecto y las
expulsó del nido.
Pero para que llegaran las aves
en cuestión, primero fueron necesarios varios meses de incubación, una espera planificada
como para medir el ambiente en la plaza, y esa espera se prolongó un poco más de lo pensado,
entre especulaciones y rumores, al punto que ya la temperatura en el ambiente del
fútbol había bajado y el anuncio de la DIMAYOR sobre la aprobación del cambio
de sede tomó por sorpresa tanto a los aficionados como a la prensa especializada, e incluso a la alcaldía de Pereira, a juzgar por la improvisación.
En anterior publicación ya di
mi opinión sobre la presencia de un
nuevo equipo en la ciudad, opinión que ratifico hoy de manera favorable bajo la
premisa de que Pereira puede y merece tener un buen espectáculo; si ha podido Tunja
con Patriotas y Chicó, porque no vamos a poder nosotros con un equipo en la A y
otro en la B.
La discusión y el debate sobre cómo
alojar en nuestra ciudad y sobre todo en
nuestros corazones un nuevo equipo, un nuevo proceso y una nueva insignia deportiva venida de otros lares, está
basada sobre un falso dilema, porque, si lo pensamos con reposo y con
sinceridad, la gran mayoría de quienes habitamos
la “Villa de Robledo”, “Cartago Viejo” o
sea Pereira, tenemos raíces y orígenes en otra parte del país y llegamos a esta tierra huyendo de algo y persiguiendo
un sueño.
Así como los primeros colonos huían
de la violencia y buscaban la riqueza, las Águilas ahora huyen de la incomprensión
administrativa en su patria chica y sueñan con crecer y triunfar en la ciudad que se hace
llamar sin puertas, en un estadio grande y emblemático como el Monumental Hernán
Ramírez Villegas, porque Itagüí es importante, como es importante Envigado,
pero en el valle del Aburrá los amores ya están divididos entre el Deportivo
Independiente Medellín y por supuesto el Nacional, de tal manera que los demás
equipos antioqueños que se han tomado el fútbol profesional colombiano son
muestras de la excelente organización y el emprenderismo de los paisas, pero están
lejos del arraigo y la pasión que ya están enraizados en los antioqueños con el
poderoso DIM y el rey de copas verdolaga.
Pero bueno, otra vez esto se me
volvió novela, como me suele pasar, volvamos
al comienzo, ubiquémonos en el miércoles 23 de julio de 2014, con el partido Águilas
Doradas VS Nacional, en el estadio Hernán Ramírez Villegas. La pregunta del millón,
cuantos irían al despegue de las Águilas. Tomé mi teléfono y llamé a mis habituales
compañeros de parche futbolero y en un consenso, desconcertante para mí, todos me dijeron que no estaban interesados,
que no les causaba emoción; yo los entendí pero no les creí del todo, porque en
fondo identifiqué un sentimiento oculto de culpa y un temor de incurrir en
deslealtad por traicionar la historia matecaña,…ellos no querían ser infieles.
Sin embargo, pasando por encima
de ese raro sentimiento, que también me embargaba, salí tarde de mi trabajo y compré la boleta en
el lugar de siempre, donde suelo comprarla para ver a mi amado Deportivo Pereira,
y llegué al Estadio cuando ya habían transcurrido 20 minutos de partido y ya las Águilas habían metido el primer gol, que
al final resultó ser el único que harían frente a tres soberbias anotaciones de
Atlético Nacional, un equipo supuestamente alterno que parecía clonado, porque
mientras el plantel principal le daba guerra al encopetado Mónaco en Miami, aquí
en Pereira los jugadores del Plan B de Nacional,
orientados por el profe Osorio, daban una lección de fútbol efectivo y práctico
a las Águilas, venciéndolas 3 a 1.
Y a propósito de Osorio, yo
creo que ese señor, como risaraldense y como protagonista y como gomoso del fútbol
en Pereira, se aseguró de no perderse el acontecimiento y prefirió venir a
Pereira a enfrentar a las Águilas y mandó a su asistente, Pompilio Páez, para Miami, pobre Pompilio.
Yendo ahora si al punto, me sentí
extraño en mi propia casa, en un estadio con aproximadamente seis mil espectadores
de los cuales 5900 eran hinchas de Nacional, que no pararon de gritar y cantar
durante todo el partido,… que susto; Y
yo ahí, sentado juiciosito, como colado
en una fiesta ajena, guardando bajo perfil, con temor de que alguien me reconociera
y me dijera, ¿luego usted no es hincha del Pereira?
En verdad no disfruté mucho el partido, primero porque llegué
tarde, segundo porque, por las carreras no llevé el radio, y un partido sin
radio es como ver a una pareja bailar sin música y tercero, porque en esas
circunstancias, el partido no me supo a nada; para ser sincero, ver a las Águilas
Doradas, en esta primera vez, así las
hubieran bautizado con el apellido "de Pereira" y el uniforme resultara
muy parecido al matecaña, fue como bailar reggaetón con una tía solterona, cero perreo, cero pasión.
Como me reclamaba la conciencia,
al día siguiente, fui a la iglesia, pero estaba cerrada, por lo tanto busqué a
un amigo que me sirviera de espontáneo confesor y le conté esta misma crónica
que hoy comparto con mis lectores, como
una forma de expiar la culpa y poder seguir adelante. Lo bueno es que mi amigo,
contrario a lo que yo esperaba, me
reprochó que no lo hubiera invitado al estadio,
comprendió mis motivos y me relevó de la penitencia.
Pero esta historia apenas empieza,
porque, a decir verdad, la relación de
las Águilas con la ciudad de Pereira es como un matrimonio por conveniencia, en
el cual, como sucede en las monarquías, si las cosas se dan y la alianza
fructifica, el amor y los hijos vendrán después.
De mi parte, como pereirano y
como hincha del fútbol, acepté la invitación y cumplí la cita para asistir a un
evento que puede resultar histórico, si las cosas salen como el señor Alcalde
quiere, esto es, que las Águilas se asienten,
se adapten, triunfen y se queden en Pereira, ojalá para dar origen al que sería
el mejor de los clásicos, Deportivo Pereira VS Águilas, y vivamos
a futuro una desprevenida y sana fiesta deportiva. Y digo estas palabras muy consciente
que todo puede quedar en ilusión, primero porque lo de las Águilas por el momento
no deja de ser un experimento y lo del Pereira ya es la crónica dilatada de una
muerte anunciada; en esto último ruego a Dios que me equivoque.
Es posible que ni usted ni yo
señor lector, ya entrados en años, nos enamoremos de las Águilas, pero es
probable que si se enamoren de esta nueva y fresca opción sus hijos y los míos,
porque ellos no cargan el peso de todo ese pasado de promesas, de ilusiones y de
dolor que nos ha dejado el Deportivo Pereira, lo que, irónicamente, nos hace amar
mucho más a la "furia matecaña" así como el padre ama a su hijo más fracasado
y más calavera. Ruego con todas mis fuerzas, con valor y con realismo, para que,
sobre este paciente terminal, suceda un
milagro o se muera de une vez, para enterrarlo dignamente y darle un lugar especial
en la memoria, donde se guardan y pasan a mejor vida los seres más queridos.
A ultima hora, al cierre de esta nota supe que las Águilas le ganaron al Huila 3 por 1, en Neiva, y no sé por qué, pero me ericé.
A ultima hora, al cierre de esta nota supe que las Águilas le ganaron al Huila 3 por 1, en Neiva, y no sé por qué, pero me ericé.




