Por: James Cifuentes Maldonado
Señor taxista, a
usted, que hoy no me dio la vía, cuando se la pedí por mi protección, y en vez
de eso me echó el carro encima con un pitazo ensordecedor que casi me tumba de
mi bicicleta; si, a usted, que no lo conozco, porque desapareció con la misma
velocidad con la que aceleró para negarme el paso, le escribo estas letras con
la esperanza de que algún colega suyo las lea y de pronto sean útiles para
generar un poquito de conciencia.
Mis estudios empíricos, que yo invito a que cualquier
persona haga por su propia cuenta, me indican que, de cada 10 conductores de
taxi, la mitad no ejercen su oficio como
uno esperaría y como lo exigen las circunstancias del servicio. Es posible que hoy
usted sea taxista simplemente porque estaba desocupado y un pariente o un amigo
muy querido le dijo, “hermano coja ese carro mientras le resulta
algo”, y por supuesto, como “la necesidad tiene cara de perro”, de la noche
a la mañana usted ingresó al inmenso gremio de la mancha amarilla. Es muy común escuchar que hay abogados
manejando taxi, pero también sucede que hay
taxistas que han llegado a ser prestantes abogados; ambas situaciones son perfectamente
posibles y sobre todo dignas.
Efectivamente las razones por las cuales usted maneja
un vehículo de servicio público, pueden ser muchas y de distinta índole; podría tratarse de una situación o de una oportunidad temporal
o podría ser que en verdad usted tiene la vocación y ha llegado a este oficio
con el ánimo de ser útil a la sociedad y al mismo tiempo desarrollar su
proyecto de vida y ganarse su sustento; de cualquier manera, para las personas
a las que usted moviliza, lo verdaderamente importante, es que durante el tiempo que usted sea
taxista, ejerza su labor con decoro, con respeto y con consideración por la
comunidad y por sus usuarios.
En procura de que su trabajo resulte amable, seguro y
agradable para usted, para sus usuarios y apara todos aquellos con los que
usted comparte la vía, le dejo estos puntos de reflexión:
1. La necesidad de levantar una carrera no justifica
que usted pare abruptamente en mitad de la calle o de la avenida, entorpeciendo
el tráfico y exponiendo la seguridad de los pasajeros.
2. Si le gusta llevar la radio encendida, por cortesía,
cerciórese del gusto de su cliente, es posible que él no disfrute tanto como usted del
reggaetón, del vallenato o del despecho a todo volumen; es probable que el
pasajero quiera otro ritmo, escuchar noticias, o, simplemente, el silencio.
3. Ceda la vía; para que este gesto se le facilite,
recuerde, en todo momento, las situaciones en las que era usted el que necesitaba
que le dieran prelación.
4. No se impaciente ni agreda con el pito, cuando, en
una vía estrecha, el vehículo que lo antecede deba detenerse a recoger o dejar
a alguien; tenga en cuenta que usted lo hace todo el tiempo y los demás debemos
esperarlo con paciencia.
5. Si debe transportar a una señorita o a una dama, no
se le ocurra coquetearle o preguntarle cosas más de las necesarias, ella puede
incomodarse o intimidarse, mucho más si el servicio es nocturno.
En general, sepa y entienda señor taxista, que su
labor es importante para la ciudad, para quienes vivimos en ella y para quienes
nos visitan o van de paso, incluso, su cultura y su profesionalismo pueden
llegar a ser el primer referente que los turistas se lleven de lo que es
Pereira y de lo que es Colombia.
Finalmente, no olvide que usted, que ronda
incansablemente las calles, más que un transportador, es un gestor de seguridad
y su apoyo para la comunidad y las autoridades puede ser vital, en momentos de
vida o muerte.









