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domingo, 31 de agosto de 2014

CARTA AL TAXISTA DESCONOCIDO


Por: James Cifuentes Maldonado


Señor taxista,  a usted, que hoy no me dio la vía, cuando se la pedí por mi protección, y en vez de eso me echó el carro encima con un pitazo ensordecedor que casi me tumba de mi bicicleta; si, a usted, que no lo conozco, porque desapareció con la misma velocidad con la que aceleró para negarme el paso, le escribo estas letras con la esperanza de que algún colega suyo las lea y de pronto sean útiles para generar un poquito de conciencia.

Mis estudios empíricos, que yo invito a que cualquier persona haga por su propia cuenta, me indican que, de cada 10 conductores de taxi,  la mitad no ejercen su oficio como uno esperaría y como lo exigen las circunstancias del servicio. Es posible que hoy usted sea taxista simplemente porque estaba desocupado y un pariente o un amigo muy querido le  dijo, “hermano coja ese carro mientras le resulta algo”, y por supuesto, como “la necesidad tiene cara de perro”, de la noche a la mañana usted ingresó al inmenso gremio de la mancha amarilla.  Es muy común escuchar que hay abogados manejando taxi, pero también sucede que  hay taxistas que han llegado a ser prestantes abogados; ambas situaciones son perfectamente posibles y sobre todo dignas.

Efectivamente las razones por las cuales usted maneja un vehículo de  servicio público, pueden ser muchas y de distinta índole; podría tratarse  de una situación o de una oportunidad temporal o podría ser que en verdad usted tiene la vocación y ha llegado a este oficio con el ánimo de ser útil a la sociedad y al mismo tiempo desarrollar su proyecto de vida y ganarse su sustento; de cualquier manera, para las personas a las que usted moviliza, lo verdaderamente importante,  es que durante el tiempo que usted sea taxista,  ejerza su labor con decoro,  con respeto y con consideración por la comunidad y  por sus usuarios.

En procura de que su trabajo resulte amable, seguro y agradable para usted, para sus usuarios y apara todos aquellos con los que usted comparte la vía, le dejo estos puntos de reflexión:

1. La necesidad de levantar una carrera no justifica que usted pare abruptamente en mitad de la calle o de la avenida, entorpeciendo el tráfico y exponiendo la seguridad de los pasajeros.

2. Si le gusta llevar la radio encendida, por cortesía, cerciórese del gusto de su cliente, es posible que  él no disfrute tanto como usted del reggaetón, del vallenato o del despecho a todo volumen; es probable que el pasajero quiera otro ritmo, escuchar noticias, o, simplemente, el silencio.

3. Ceda la vía; para que este gesto se le facilite, recuerde, en todo momento, las situaciones en las que era usted el que necesitaba que le dieran prelación.

4. No se impaciente ni agreda con el pito, cuando, en una vía estrecha, el vehículo que lo antecede deba detenerse a recoger o dejar a alguien; tenga en cuenta que usted lo hace todo el tiempo y los demás debemos esperarlo con paciencia.

5. Si debe transportar a una señorita o a una dama, no se le ocurra coquetearle o preguntarle cosas más de las necesarias, ella puede incomodarse o intimidarse, mucho más si el servicio es nocturno. 

En general, sepa y entienda señor taxista, que su labor es importante para la ciudad, para quienes vivimos en ella y para quienes nos visitan o van de paso, incluso, su cultura y su profesionalismo pueden llegar a ser el primer referente que los turistas se lleven de lo que es Pereira y de lo que es Colombia. 


Finalmente, no olvide que usted, que ronda incansablemente las calles, más que un transportador, es un gestor de seguridad y su apoyo para la comunidad y las autoridades puede ser vital, en momentos de vida o muerte. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

ENTRE BESTIAS Y CABALLOS


Por: James Cifuentes Maldonado


A estas alturas del mes de agosto de 2014, cuando transcurre la última semana de las, cada vez menos visibles y desvalorizadas, “Fiestas de Pereira”, en otrora “de la cosecha”, siguen sonando las voces que se oponen a la cabalgata, ahora denominada, sofisticadamente, desfile de caballistas o a caballo.

Esta mañana encendí la radio y de pura casualidad escuché al concejal Juan Pablo Gallo rindiendo declaraciones al respecto, ya que ha sido pública su posición en contra de las cabalgatas. En principio pensé que se trataba de una intervención más de protagonismo de las que hacen los políticos para despertar simpatías y ganar votos, lo cual, tratándose de este tema en particular, el de los caballos,  no es difícil porque la resistencia y la indignación de la ciudadanía ha venido creciendo.  Pero, escuchando la entrevista completa, al final tuve que admitir que la posición del concejal Gallo era juiciosa y bien sustentada con argumentos serios y evidentes, como los que relaciono  a continuación, tratando de recoger, muy a mi manera, las razones del concejal:

1) Las cabalgatas en gran medida suponen tratos crueles para los caballos, principalmente cuando los caballistas se pasan de tragos.

2) Es prácticamente imposible asegurar que no haya consumo de licor; pensar que los jinetes se restrinjan en este sentido es ingenuo y absurdo ya que culturalmente la ingesta etílica es parte inherente del jolgorio a caballo, hace parte de su ADN, así como las rancheras de Vicente Fernández, el aguardiente y el Old Parr.  

3) Muchos de los que participan de las cabalgatas no se caracterizan por ser los más juiciosos y suelen incurrir en desmanes y excesos incomodando a vecinos, comerciantes y peatones.

4) El impacto de las cabalgatas es significativo en la movilidad, con todas las implicaciones que ello tiene para la economía y para el normal transcurrir de la ciudad.

5) Pereira, como ciudad intermedia y en crecimiento, no puede ir en contra de la tendencia nacional que indica que las cabalgatas urbanas han venido siendo proscritas, por sus muchos inconvenientes y han sido suprimidas en  fiestas incluso más emblemáticas que las nuestras como la Feria de Cali y la Feria de las Flores en Medellín.

6) Las cabalgatas, comportan un alto componente de cultura mafiosa, que hace que muchas de las personas que participan en ellas no se dediquen al acto central de pasear a caballo sino que lo que prima es exhibirse, fantochear, emborracharse, perder el juicio y la cordura y matonear y atropellar a quienes les reclamen.

7) El ambiente natural para una cabalgata no es el duro asfalto ni el pavimento de las calles de la ciudad, sino que los animales, tanto el equino como el que va encima, se deben sentir más cómodos y a gusto en carreteras y caminos rurales,  que, en Pereira, los hay muchos y más propicios para estos eventos.

Como la cabalgata 2014 es inevitable, no queda más que seguir reflexionando el tema para las próximas fiestas,  sobre la base de los motivos expuestos, pero especialmente sobre el ultimo de la lista, esto es,  que sería primoroso que las autoridades se dieran la pela y prohibieran los dichosos desfiles a caballo en la zona urbana y en su lugar los reglamentaran para que se puedan hacer  solo de manera privada  en predios particulares o, si de eventos públicos se trata, que se hagan solo en las zonas rurales, ya que Pereira tiene circuitos turísticos y caminos veredales propicios para  estas prácticas, con la debida organización. 

Obviamente, es de esperarse, que la alternativa de hacer cabalgata en carretera destapada y lejos de la muchedumbre novelera y curiosa,  disminuiría  la participación, porque francamente, lo que le gusta a muchos de los dichosos caballistas no son los caballos, sino que los vean y, si no los ven, no tiene gracia. Qué sentido va a tener hacer ruido, tomar wiski, atropellar a la gente, maltratar los caballos, llevar, los señores,  las cadenas de oro bien gruesas  y, las señoras, las siliconas bien puestas,  si no hay público para alardear. 

La premisa de los abogados.


Cuando yo muera, si aún me quedan amigos, quiero ser recordado con la siguiente frase célebre, tan célebre como que la compuse yo mismo, para mis propias circunstancias, como legado de valor para mis hijos y para todos aquellos que encuentren algo constructivo en ella.
 

martes, 26 de agosto de 2014

LA LIBERTAD DE OPINIÓN SE DEFIENDE PERMITIENDO OPINAR


Por: James Cifuentes Maldonado


Inspirado en una columna de María Jimena Duzán en la revista SEMANA, “El derecho a decir estupideces”, a cuyo contenido me adhiero, me han surgido las siguientes reflexiones:

Modular el ejercicio de la opinión es una medida inconveniente o contraproducente, porque, hacerlo en razón de unos cuantos irresponsables, al final implicaría acallar la voz del colectivo. Como dice la sabiduría popular, sería peor el remedio que la enfermedad.
La libertad de expresión es un derecho constitucional, superior y sagrado, que subsiste y cobra mayor valor cuando los imprudentes, los estúpidos y los delirantes abusan del mismo y, aun así, el Estado y la sociedad se mantienen firmes en proclamarlo y no regularlo, porque, si así se hiciera, se daría gusto a quienes imponen su voz como una forma de matoneo moral para cuidar sus intereses y se estaría poniendo una mordaza a aquellos que efectivamente tienen algo importante y valioso para decir.  La censura es la semilla de la anarquía que lleva al silencio que a su vez propicia las dictaduras.
El libre pensamiento y la opinión son prerrogativas de los pueblos civilizados, que no están exentas de riesgos y de excesos, como, por ejemplo, las salidas destempladas y de mal gusto de personajes como la representante Maria Fernanda Cabal que mandó a Gabo al infierno, por estar en una orilla ideológica diferente, o el Representante aquel que dijo que invertir en el Chocó era como perfumar un bollo; sin mencionar los muchos desafueros del expresidente Uribe, cubiertos con impunidad con su mal llamado “teflón” y con su arrogancia. Pero esos son sapos que nos debemos tragar, con tolerancia y paciencia, para que todos podamos seguir opinando; de eso se trata.
Defender la voz de un solo individuo, así sea la de un necio o un impertinente, es la garantía fundamental para la supervivencia de la democracia. Que en un caso particular una opinión se desborde y termine lesionando los derechos de una persona en específico, es un asunto que se debe dilucidar en la instancia judicial pertinente, porque, en general, lo esencial es que la gente pueda expresarse, por supuesto con responsabilidad.  
Porque, para escuchar al cantor es inevitable escuchar el ruido de fondo que se opone a su canto.

domingo, 24 de agosto de 2014

¿LUCHO O NAIRO?



Por: James Cifuentes Maldonado


Ya entrados en el calor de la transmisión de la Vuelta a España 2014, los locutores de ESPN lanzan al aire la pregunta sobre cuál de los dos triunfos ha sido más significativo o más importante, ¿el de Lucho Herrera en España en 1987 o el de Nairo Quintana en Italia en el presente año? La pregunta admite una de esas respuestas clásicas que en principio no dicen nada, “eso depende” o “eso es relativo”.  Porque, para valorar esas dos hazañas, existen muchos factores  que nos ubican en momentos históricos muy diferentes y por ello el tema generacional es determinante para quienes entran en la discusión.

Comparar a Lucho Herrera con Nairo Quintana, guardadas las proporciones, es un ejercicio parecido al de comparar a Pelé con Maradona, ambos genios y figuras de la pelota, pero que lograron su éxito en circunstancias distintas, Pelé  lo hizo cuando el futbol era más arte y lirica que negocio, por allá entre los años 50 y 60 y Maradona un cuarto de siglo después, con un  talento igual, en un entorno mucho más competitivo, pero ayudado por el dimensionamiento mediático de las comunicaciones globales y la publicidad, además de la idolatría Argentina.  La cuestión es que ambos se hicieron legendarios y, como para gustos los colores, el dilema seguirá abierto.

De la misma manera, pecando de simplista, podría uno decir que, para quienes vimos correr a Lucho Herrera, éste ha sido el ciclista más exitoso de Colombia, que no necesariamente el mejor, porque habría que tomar en cuenta muchos otros como Cochise campeón del Mundo y Rafael Antonio Niño seis veces ganador de la Vuelta a Colombia, cuando esa carrera aún se corría con las uñas y en carreteras destapadas, para citar solo dos casos.  

Pero, para quienes nacieron después de 1990 y no tuvieron la oportunidad de ver a Lucho por televisión rompiendo el lote en Altos de Cobadonga en España o con el rostro sangrante en la etapa del Tour de Francia de 1985, entre Autrans y Saint-Étienne,  o que no vibraron  con la emoción de las narraciones de Julio Arrastía Brica en Caracol o del poeta de la carretera Rubén Darío Arcila en RCN, no tienen idea de cómo se vivía el ciclismo en esa época y por eso para ellos Nairo, es el mejor porque lo han sentido en el presente y no necesitan que les expliquen sus proezas  a las que no me referiré porque todavía están en la piel  y hay suficiente ilustración.

Por lo tanto, aunque para las encuestas y la opinión el tema podría quedar reducido  a una mera cuestión generacional, como pasa con Pelé y con Maradona, yo tomo partido y debo decir que estoy de acuerdo con Tito Puccetti,  cuando afirma que, de momento es mucho más meritorio lo de Lucho Herrera tomando en cuenta el contexto y las circunstancias.

Efectivamente Lucho dejó sentado un hito del ciclismo colombiano en un momento de inexperiencia y cuando el prestigio de los “escarabajos” apenas se empezaba a consolidar, además en un escenario complejo de competencia desigual y adverso.

Porque, como entre cielo y tierra no hay nada oculto, el tiempo ha dejado saber que los grandes figurones internacionales de los últimos 30 años tienen un manto de duda sobre sus victorias, venidas a menos por el fantasma del doping que siempre estuvo ahí, pero que solo vino a develarse, tarde, con escándalos como el de la “Operación Puerto” en España, donde cayeron en desgracia, ciclistas, técnicos y médicos por el uso de EPO  y el más reciente y tristemente célebre caso de Lance Armstrong, pomposo ganador de siete Tour de Francia que le fueron quitados con indignidad pero con justicia, justicia que si embargo no repara y no enaltece a quienes corrieron esas siete carreras con honradez.

Coincido igualmente con Tito, cuando dice que lo de Nairo Quintana en el Giro de Italia 2014 no es lo mejor, porque lo mejor y más grande de Nairo está por venir, porque la competencia se ha sincerado, la balanza se ha equilibrado y porque los colombianos ganamos en cualquier terreno y en cualquier parte.

martes, 19 de agosto de 2014

LA IMPORTANCIA DEL DEPORTE EN LA FORMACIÓN DE LAS PERSONAS



Por: James Cifuentes Maldonado.


Mi gusto por el fútbol, siempre ha sido inversamente proporcional a mi talento para ese deporte, por eso, de muchacho, cuando picaban la recocha en el barrio, nadie me escogía y me dejaban de ñapa para el equipo que hiciera el primer gol y… adivinen…, me ponían de arquero en un arco formado por dos piedras, de un metro de ancho, mejor dicho me dejaban ahí sembrado y mi única función era no moverme, con eso ya colaboraba mucho. 

Mi desquite deportivo fue en las bielas; en la bicicleta, en el esfuerzo individual me fue mejor, tanto que formé parte de la liga departamental de ciclismo y tuve la oportunidad de correr en varios certámenes nacionales, pero este deporte, además de condiciones requiere, ciertas coincidencias para salir adelante y muchas de ellas tienen que ver con el apoyo económico y eso era complicado en mi caso y en mi época, y mucho más para ciclistas pisteros (de velódromo)  como lo era yo.  Por eso me retiré, cuando un técnico  de la liga al cual  no le simpaticé, me dijo que, a mis 21 años, yo ya estaba muy viejo, y tal vez tenía razón ese señor, porque yo a esa edad no había ganado nada significativo, aparte del honor de competir y de ponerme ese hermoso uniforme verde de Risaralda con sus 14 estrellas. 

De mi época de ciclista me quedan los valores deportivos, la tenacidad para superar el dolor,  el cansancio y las dificultades, la disciplina de prepararme todos los días y la solidaridad de trabajar en equipo por un objetivo común y superior, no tanto por mi mérito personal sino por el reconocimiento de la tierra que representaba,  y todo eso, al final, en la formación de una persona, hace la diferencia entre el bien y el mal, entre el éxito y el fracaso, cualquiera que sea el camino que tome cuando ya no sea deportista.

En mi caso, habiendo dejado atrás el ciclismo competitivo, terminé mi bachillerato, y por aquello de las coincidencias que mencioné antes, tuve la suerte de ir a la universidad (la Libre de Pereira) y me hice abogado, y hace ya casi 16 años que ejerzo profesionalmente en una empresa en la cual he tenido el reconocimiento y el privilegio de hacer carrera desde el primer peldaño, hasta el lugar que hoy ocupo como Secretario General.

Con esta historia, que pareciera de vanidad, pero que no es tal, aunque a veces no sobra el alimento para el ego, pretendo dejar un testimonio para todas aquellas personas, especialmente los jóvenes, que han tenido barreras y dificultades para realizar su proyecto de vida. Es posible que empezando nos encontremos en el lugar equivocado, como yo, cuando pretendí jugar fútbol y aun cuando quise ser ciclista, pero luego, si no abandonamos las ideas ni los sueños, y además de eso actuamos y trabajamos en pro de ellos, los resultados llegarán como una consecuencia natural, no tanto por suerte o justicia, sino porque el trabajo, el talento y la constancia construyen espacios para nosotros que nadie más puede ocupar, que serán nuestros en la medida que nos los ganemos.

A todos los papás, les recomiendo que, además de educación, inculquen en sus hijos el interés por el deporte, porque la práctica deportiva, al margen de si se logra el éxito o no, en términos de trofeos y medallas, es una experiencia que marca a las personas para siempre, con una huella que generalmente se traduce en principios y valores que ayudan a construir una sociedad mejor. 

Un mensaje igual doy a los gobernantes, para que fomenten la actividad deportiva e inviertan en infraestructura para la misma; tal vez  así, sacaríamos a los muchachos de las esquinas donde nada bueno producen y los llevaríamos a las canchas, a los gimnasios, a las pistas o a las piscinas, para que, al menos, si no llegan a ser campeones y si no consiguen fama y dinero, sean mejores seres humanos, que es lo que realmente importa.

EL REGGAETÓN, ¿ARTE O PLAGA?




Por: James Cifuentes Maldonado

El pez león, es un espécimen de gran belleza, por sus colores y por las espinas que le adornan como si fuera un corte de alta peluquería, pero tras esa figura, venida del Indico, lo que hay es un feroz depredador que invade el mar caribe y acaba con las especies nativas, porque se alimenta de peces jóvenes e incluso de sus huevos, y así, el pez león interfiere en el desarrollo y multiplicación de especies útiles y valiosas, en la cadena alimenticia. Con el reggaetón pasa algo similar, empezó con sus primeros ruidos pegajosos entre los años 80 y 90 en Panamá, con una genética basada en el reggae jamaiquino, que tuvo luego su desarrollo industrial en Puerto Rico. 
Pensamos que el reggaetón era una moda, así como el meneíto del General, el baile del perrito y el baile del gorila de Wilfrido, la lambada, el carrapicho, la Macarena, el aserejé, la mayonesa y muchos otros bailes del momento, que, por fortuna, pasaron y suenan hoy solo en la tanda de la “hora loca” que se hizo costumbre en fiestas y discotecas.   No sucedió lo mismo con el reggaetón; vamos para dos décadas y dos generaciones, con la misma descarga de percusión electrónica, alternada con unas letras cada vez más patéticas que en su mayoría aluden al sexo fácil y explícito, matando el romanticismo y sin dejar lugar a la imaginación.
El reggaetón, cuyos seguidores de culto, llaman el “género”, evolucionado ahora en “música urbana”, con toques más suaves pero igual de obscenos y decadentes, se volvió plaga, como la langosta en los campos de trigo, o como el pez león en el mar caribe, desplazando y opacando todo lo que el siglo XX produjo en materia musical, desde la época de los sesenta, los setentas y los inigualables ochentas, para no ir muy lejos.
El rock,  la balada, la música disco, la salsa, el merengue, el dance, la música clásica y la orquestal, toda esa cosecha amenaza con perderse porque los jóvenes de hoy ignoran que existe, no saben que hay vida más allá del reggaetón y que se están perdiendo de mucho, por seguir escuchando lo mismo, todos los días, en la letanía monótona de un ritmo envenenado que llena de basura su imaginación y los impulsa  a desear ser los camajanes que aparecen en los videos de televisión, cargados de cadenas y anillos, montados en carros lujosos rodeados de mujeres semidesnudas.
Lo más grave, niños y jóvenes trocaron sus valores, piensan que ser reggaetonero es el referente del éxito, que la fama de cualquier manera es el punto de partida y que para ello no hace falta el trabajo.

lunes, 11 de agosto de 2014

LA GRAN ESTAFA


Imagen tomada del Mundo de Medellín

Por: James Cifuentes Maldonado




En los barrios populares las ventas de arepas son tradicionales; la arepa es un imperativo de la dieta paisa, más que cualquier otro alimento, y es sabido que hasta suelen darse filas para comprarlas.  Pues bien, algún día, en uno de estos barrios, alguien cayó en cuenta que en cada cuadra, o en varias cuadras a la redonda, solía haber una sola venta de arepas y decidió montar su propio puesto en la mitad de la cuadra; era tanta la demanda que el negocio siguió siendo bueno, es decir que las dos ventas de arepas tenían buenos resultados, por tal motivo un tercer emprendedor decidió instalar una nueva venta en el otro extremo de la cuadra. Pero con este último puesto las cosas no resultaron tan promisorias, porque, por alguna razón extraña, el primer puesto seguía vendiendo a muy buenos niveles, el segundo ya no vendía como cuando se instaló y el tercero no despegaba. 



En estas circunstancias al dueño del tercer puesto se le ocurrió conversar con los otros dos vendedores y proponerles que, para asegurar el equilibrio en las ventas y los ingresos para todos, pusieran un mismo precio por unidad al apetecido alimento, por lo tanto, a partir del acuerdo, las arepas ya no se venderían a $300 sino a $400. Luego de montado el cartel, lo que se notó fue que, por el incremento del precio, las personas ya no siguieron demandando tantas arepas ni siquiera las del puesto más antiguo, ni del segundo y mucho menos del tercero, sino que lentamente fueron buscando sustitutos, el vecindario empezó entonces a comer más pan, más tortillas, más cereal, incluso más arepas precocidas de supermercado; así, los tres venteros artesanales se quebraron y terminaron cerrando sus puestos.  


Guardadas las proporciones, pero con la misma perversión, es lo que la Superintendencia de Industria y Comercio ha venido encontrando en otros negocios de mucha mayor escala y de muchos más millones involucrados, como por ejemplo el de la caña de azúcar, el de los pañales y el papel higiénico, el de los medicamentos y otros, con la diferencia de que, si el precio de las arepas sube, pues la gente come pan, pero si los pañales suben o sube la insulina, no hay opción.

Lo normal que debe suceder en una economía evolucionada, con relación a los bienes y servicios, es que haya mucha oferta y por lo tanto competencia, lo cual debería incidir en la calidad y el precio, ya que la combinación justa de estos dos factores representa el cielo para el consumidor final en un mercado perfecto. Por el contrario en un mercado monopólico o sin control de la oferta, los sobrecostos y las ineficiencias terminan siendo reflejadas de manera artificial y descarada en el precio. 

El control de precios puede darse de dos maneras, primero mediante la regulación del Estado, lo cual es el peor de los mundos, porque limita el desarrollo natural de la economía y conlleva a otros tipos de corrupción, como la especulación; y una segunda forma es la autorregulación del mercado, es decir, permitir que los proveedores y los consumidores en una relación leal y transparente, bajo las reglas de la demanda y la oferta, en sana y abierta competencia, definan libremente el valor de las cosas.

Ubicados entonces en este último escenario, es que podemos decir, categóricamente, que lo hecho, al parecer, en los últimos 15 años por los fabricantes de pañales y de papel higiénico en Colombia, con alcances trasnacionales, no son meras travesuras de niño. A mi juicio más que un fraude, del que en buena hora se ha ocupado la Superintendencia, es toda una estafa que debería llevar a la cárcel a los responsables; toda una bellaquería, que pisotea el principio de la buena fe de los consumidores a los cuales se nos ha metido literalmente la mano al bolcillo, al tener que pagar más de lo razonable por artículos de primera necesidad. Un crimen que se agrava si uno piensa en una madre soltera de estrato 1, que ha debido pagar paquetes de pañales a $20.000, que pudo haber pagado a $15.000 o menos.

En la historia del "cartel de las arepas" hubo justicia, la justicia divina por supuesto, pero en el episodio del cartel de los pañales difícilmente puede haberla, primero porque las sanciones para los fabricantes son irrisorias; se estima que las multas serían del orden de los sesenta mil millones de pesos, lo cual pareciera mucho, pero realmente es una bicoca frente a los réditos del "tumbis" que rondan los dos billones de pesos, según cálculos apenas preliminares.  Una millonada que ya se gastaron en lujo e inmerecidos privilegios los distinguidos empresarios y los ejecutivos del mercadeo sin escrúpulos; platica que nunca recuperaremos.

El cartel de los pañales habría sido entonces una operación criminal sin atenuantes, porque fue ejecutada sistemáticamente, de manera premeditada y continuada en el tiempo; todo un concierto para delinquir, orquestado por profesionales que dejaron de lado sus principios éticos, abandonando el reto de competir con calidad y eficiencia, para convertirse en meros mafiosos.  

Para finalizar, retomando la historia inicial de las arepas, hay que decir que en términos generales, cada uno de los tres vendedores podía ofrecer su producto al precio que le pareciera, ello dependería de los atributos del mismo, es decir, del tamaño de las arepas, la forma, el empaque o los valores agregados que le incorporara, porque el productor tiene que correr el riesgo de su propia oferta, por su parte el cliente libremente decide su compra según su gusto y disponibilidad económica; lo que no podían los vendedores de arepas era imponer de manera concertada un nivel de precios, con la intención de engañar al público, asegurando altos ingresos y cuotas de mercado, aun con costos ineficientes, sin competir, porque la ausencia de competencia significa la dictadura de los proveedores y es claro que, en la economía moderna y en esta sociedad cada vez más preparada, es preferible la dictadura de los consumidores, por aquello de la voz del cliente, aunque no siempre tengan la razón.
 
La presente publicación incluye imágenes libres tomadas de la red que no disponían de aviso de restricción y que no han sido editadas en este blog, por lo tanto, sobre las mismas, no se ejercen ni se reclaman derechos.


martes, 5 de agosto de 2014

¿CUAL ES TU HERENCIA?


 

Es posible escribir sin pensar, pasa muy frecuentemente y es causa de grandes males; a la vez, el ejercicio intelectual de pensar sin escribir lo que se piensa, es incompleto, como cuando se ama y no se expresa; un estado de infelicidad, como el millonario que no gasta ni comparte su riqueza.

Porque son las ideas y los sentimientos lo único que es verdaderamente nuestro; un tesoro intangible que no trasciende si no se concreta; porque marcharse de este mundo sin dejar la memoria de nuestra opinión y de nuestro afecto, es la forma más drástica y definitiva de morir.

Para escribir no hacen falta grandes talentos, no hay que ser Borges ni Vargas Llosa, es una determinación de placer, como cuando bailamos espontáneamente, por mero gusto y sin saber.

 
James Cifuentes Maldonado

lunes, 4 de agosto de 2014

RELIGION, POLITICA Y NEGOCIOS




Por: James Cifuentes Maldonado.


Sobre la ley 1710 de 2014, con la cual se rinden honores a la Madre Laura, como ilustre Santa colombiana, cuya legalidad está siendo examinada actualmente por la Corte Constitucional, hay que decir que, en un Estado laico, es un despropósito que exista un acto administrativo con ese alcance, sustentado en títulos otorgados por jerarcas religiosos cuyos criterios y dogmas son, por naturaleza, ajenos a los asuntos de la constitución.

De hecho, que el Presidente de la República, con 200 personas más, en comitiva oficial, asistiera al acto de declaración de la santidad de la Madre Laura, además de ser un derroche, desvirtúa la neutralidad que el gobierno debe tener frente a temas meramente confesionales. 

¿Si a la célebre María Luisa Piraquive, líder de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional y del partido MIRA, le concedieran un grado de santidad, debería el presidente asistir a su exaltación? ¿Cierto que no cuadra? En el caso de los santos del Vaticano no debería ser distinto; que se trate de la religión católica y el hecho de que esa congregación, en teoría, agrupe la mayor parte de la población nacional, no hace la diferencia.

Si bien política y religión son temas que históricamente y por conveniencia han ido de la mano, el mundo civilizado ha ido separándolos y Colombia no puede retroceder ni renunciar a la conquista que ha significado para los derechos civiles, y especialmente para las minorías, la desvinculación del Sagrado Corazón de Jesús, con ocasión de la constitución de 1991.

La ley dispone perlas como estas

Autorícese al Gobierno Nacional para que la Santa Madre Laura Montoya sea consagrada como la patrona del magisterio de Colombia”.  

Se declara al municipio de Jericó como de Alto Potencial para el Desarrollo Turístico, especial en los productos religiosos y culturales (museos y centros históricos), para lo cual el Gobierno promoverá las inversiones en infraestructuras turísticas necesarias para alcanzar el objeto planeado en este artículo”.

La piadosa ley, además de exótica, se confunde entonces con el Plan de Desarrollo de Jericó, Antioquia, que es competencia de su Alcalde, quien perfectamente puede impulsar el progreso de su municipio, sin necesidad de que el Congreso refrende santidades que ya están reconocidas por la iglesia y acogidas espontáneamente por el pueblo en su sabiduría.

No discuto los méritos de la Madre Laura, como tampoco los de muchos otros colombianos que han consagrado su vida a la enseñanza, pero, si sus actos y obras, además, son valorados desde la perspectiva de una determinada creencia religiosa, ello se sale del ámbito de los asuntos del Estado. Porque para el Estado, jurídicamente, existen ciudadanos ejemplares, pero no santos.

¿Y qué dijo el procurador?

Como era de esperarse, la posición  de la procuraduría en defensa de la mencionada ley se ha dado ” in extenso”, categórica, sin hipocresías, sin ahorros argumentativos y sin eufemismos para sugerir, sin pena ni sonrojos, que ordenar el desplazamiento  a Jericó de  la mesa directiva del congreso, acompañado del señor Presidente, para rendir homenaje a la Santa Madre, al igual que la construcción de un mausoleo para la peregrinación de los fieles, la emisión de una moneda conmemorativa, la construcción de una escultura, la pavimentación de una  carretera y la implementación de un plan de  desarrollo turístico para Jericó y pueblos aledaños, constituye un acto de natural igualdad religiosa y de pluralismo.

Extraña uno como el señor procurador no tiene esa misma apertura ideológica, la misma recursividad jurídica  y esa misma grandeza para juzgar otros asuntos que atañen a grupos poblacionales más relegados y más necesitados de su comprensión y sobre todo de su protección, como se lo exige la constitución. 

Porque a decir verdad, a la iglesia católica le sobran los abogados de oficio y los medios suficientes para construir mausoleos y estatuas, sin recurrir a los dineros públicos, que se supone el procurador debe defender. Igualmente no es necesario ni presentable  que, bajo el pretexto de la exaltación de una santidad fabricada en Roma, se  imponga por decreto el traslado y la concentración de recursos para favorecer a una región en detrimento de otras con menos oportunidades. Pero eso, al señor procurador, le parece de lo más normal y democrático.  ¿Será qué pasaría lo mismo, si por cosas de la vida el señor Procurador Ordóñez fuera un evangélico de iglesia de garaje y no un caballero de la virgen?