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miércoles, 29 de octubre de 2014

AQUEL QUE ESPERA



Esperar: Es la búsqueda incesante y eterna del reconocimiento, que muchas veces nos lleva a la gran felicidad o al inmenso dolor, a la gran satisfacción o a la triste decepción.

- Esperar un hijo: Nos aventuramos en ello, con ilusión,  antes del nacimiento y luego toda la vida, para probarnos que podemos hacerlo, para vernos en el papel de ser madres y padres y para vernos reflejados en nuestros retoños y reconocernos en su amor. Pero los hijos no vienen para que esperemos de ellos sino para que esperen de nosotros, darles lo que se puede en lo material y en la formación y luego, dejarlos ir.

- En otros casos:

Esperar un ascenso en el trabajo, una nota de universidad o de colegio, un te quiero, un te amo, un agradecimiento, un gesto coherente con el nuestro en la calle, esperar justicia o una buena compensación.

Creo que, lo que en el fondo nos quiere decir Pablo Neruda, es que  nos blindaremos del riesgo de sufrir, si en todo aquello cuanto hacemos, ponemos todo nuestro gusto, nuestro talento y nuestro mejor esfuerzo; de alguna forma, todo nuestro interés pero también nuestro desinterés; todo esto, antes que concentrarnos en la expectativa del retorno o la contraprestación, porque el reconocimiento no está garantizado, porque el reconocimiento es una consecuencia, porque el reconocimiento no es una condición. 


Porque la espera desmedida del reconocimiento en cualquiera de sus formas, puede llegar a ser un vicio; pero ello no significa que debamos renunciar a recrearnos desprevenidamente en lo insospechado, porque la sana y la liviana espera, son el motor de la vida. 


James Cifuentes Maldonado


domingo, 26 de octubre de 2014

EL SAN MATEO, DE BATALLÓN A GRAN PARQUE.



Por: James Cifuentes Maldonado



Una idea de esas que se cocinan lento, de hecho medio se ha tocado el tema varias veces pero sin verdadera determinación ni voluntad administrativa. 

Ahora llega don Simón Gaviria (flamante Director de Planeación Nacional, hijo de la tierra), desempolva la idea y, por la calidad de su cargo y de su posición, todos le copian y se arma el revuelo, en buena hora, para que la iniciativa no se quede otra vez durmiendo el sueño de los justos. 

Un gran parque, una monumental zona verde en el corazón de la ciudad, el "Central Park" de Pereira; pueda ser que vivamos lo suficiente para verlo. Animo Dr. Simón, que esto si es pensar en grande; ojalá que a la parroquial dirigencia pereirana, que piensa "en pequeño" no le dé por decir que el Batallón es inamovible. Pero ojo, esa genial idea, ese gran parque, se justifica si se hace precisamente ahí, en los terrenos del San Mateo, porque la alternativa que han planteado de hacerlo en los terrenos del actual zoológico no cuadra, porque allí quedaría arrinconado, subutilizado, olvidado, detrás del aeropuerto y el gran talud que mira hacia el alto del Nudo. 

El valor de un parque en San Mateo sería grande porque sería dinamizar y dar vida a una gran extensión de la ciudad que hoy está muerta y que nos tiene ahogados en materia de movilidad. Imagínense, en medio de la gran arborización, un complejo de vías alternas a la av. 30 de agosto, a la av. de las Américas y a la calle 50. Senderos para que la gente camine, respire, se recree y haga deporte; ahí si podríamos tener una gran vía activa, y no como actualmente, que hay que taponar una de las dos arterias que tenemos para el tránsito de la ciudad.

Las condiciones están dadas, ojalá que no desaprovechemos la efervescencia y el calor, pero sobre todo la presencia de un pereirano en los círculos de poder y en el lugar estratégico de la administración nacional, para dar forma y presupuesto a este gran sueño. 

Ojalá que la clase política, los honorables parlamentarios, por fin se apersonen de su rol de gestores del desarrollo, se pongan de acuerdo y dejen a un lado sus egos y sus afanes de protagonismo, cerrando filas alrededor de esta idea que yo llamaría el “Parque Central de Pereira”, no es muy creativo, pero suena grande. 

Porque, lo que uno nota es que, en Risaralda, los senadores y representantes a la cámara, después de elegidos, se la pasan más ocupados defendiendo su pedazo de torta en la burocracia y cuidando los votos, para que no se le desamarren para la próxima reelección, que pensando en hacer una mejor región y una mejor ciudad. Mientras tanto, en Caldas y en Quindío, que no son bobos ni pierden el tiempo, nos toman ventaja.



sábado, 25 de octubre de 2014

LA VUELTA AL MUNDO EN UNA BIBLIOTECA




Por: James Cifuentes Maldonado


Dedicado a mi hija Isabela, para que no abandone su pasión por la lectura.


A mis casi 44 años, me duelo de no haber leído lo suficiente, y, si me detengo a considerarlo, tengo que admitir que no hay razones justificadas para ello.

Para personas de mi origen, generalmente las facilidades de estudiar y de conocer el mundo, nos llegan un poco tarde, cuando ya nos hemos debido abrir camino a pulso y con mucho esfuerzo, porque no nacimos propiamente con el pan bajo el brazo; cuando ya hemos logrado una posición en la familia y en la sociedad, basada en el trabajo y en la formación profesional, con los escasos recursos y las oportunidades que hemos ido arañando; cuando ya hemos levantado nuestra propia prole y la economía nos da un respiro; cuando incluso ya nos hemos pensionado, si es que los de mi generación alcanzáramos a gozar de semejante privilegio; en resumen, a los de mi clase, muchas cosas buenas de la vida, en especial las comodidades y el conocimiento, nos llegan cuando ya nos hemos hecho viejos.

Como lo planteara el Ringo Bonavena, el famoso boxeador argentino, al que yo suelo parafrasear así: “la experiencia es algo como un peine que llega a nosotros cuando ya se nos ha caído el pelo". Y el Ringo sí que sabía de eso, porque, siendo hijo de una lavandera, a punta de carisma y la fuerza de sus puños se hizo un lugar en la elite del boxeo pero, más importante que eso, se hizo querer del pueblo.

La cita del Ringo Bonavena no es gratuita, tiene dos connotaciones, la primera, que algún día la leí en un libro y jamás la olvidé, lo que prueba que, como lo pregonan en un programa radial de Caracol, "quien lee un libro nunca vuelve a ser el mismo", y la segunda implicación es que, a mis casi 44 años, por fin tengo claro el valor de la lectura y debo lamentarme por haber dejado pasar 30 años de mi vida sin haber leído si quiera un libro al mes, que desperdicio tan grande, esa es la experiencia y el conocimiento que hubiera querido tener antes y no después; ahora ruego para que la providencia me regale 30 años más para desatrasarme, pero eso no me lo garantiza nadie.

Lo anterior me lleva a dirigirme a los jóvenes, a quienes apenas empiezan a familiarizarse con la lectura, a ellos para que se atrevan a conocer los clásicos, antes que se los pongan de tarea; para que en el colegio y en la casa lean por gusto y no por obligación; para que no desaprovechen el tiempo; para que descubran que, a falta de presupuesto y pasajes de avión o de barco, el mundo también se puede conocer a través de los libros; porque leyendo hay un doble beneficio, de un lado aprenderán la cosas que difícilmente alguien más les enseñará y, como valor agregado, tomarán miles de kilómetros de ventaja sobre los demás, en cultura, por supuesto, sabiendo que, la cultura que se adquiere de manera libre y espontánea, vale más que cualquier título o cartón de universidad.



martes, 21 de octubre de 2014

EL FUTBOL PARA TODOS Y TODOS PARA EL FUTBOL







Por: JAMES CIFUENTES MALDONADO.




Porque el fútbol es una religión, en ella hay espacio para todos los equipos, así el corazón del hincha sea de un solo dueño, eso no tiene discusión. Porque el amor por una divisa no puede hacernos egoístas para compartir la plaza, como los católicos compartimos la iglesia para rezarle a muchos santos. Porque la ciudad no está escriturada a una sola institución, por antigua que sea. Porque el fútbol también es democrático y porque la voz del pueblo es la voz de Dios. 

Si el fútbol no fuera tan universal, no habría cómo hacer un mundial como el que acaba de realizarse en Brasil, en el cual, miles de millones de televidentes en sus casas y de espectadores en los estadios siguieron el evento, partido tras partido, aun cuando su país no estuviera representado. 

Entonces, bajo este mismo principio de universalidad, es un absurdo descalificar a un equipo como las Águilas Doradas que circunstancialmente, desde Itagüí vino a parar a Pereira, con todo su fútbol, con su organización y su compromiso de representar a esta ciudad. Compromiso que han refrendado, entre otras acciones, con la adopción de los colores matecañas, en sus propias tonalidades y combinaciones, la renovación del escudo para que sea pereirano y la fundación de la escuela de formación futbolística para fomentar su propia cantera de jugadores, en Pereira. Esto además de los acuerdos de colaboración deportiva que ya se vienen dando con el equipo histórico y ya establecido, es decir, con el Deportivo Pereira. 

Por consiguiente y por coherencia debemos respaldar ese proceso sin mezquindades. Es incomprensible que quienes se dicen hinchas del Deportivo Pereira pero también hinchas del fútbol se sustraigan del espíritu deportivo y la solidaridad que debe primar y se dediquen a generar un sectarismo en contra de las Águilas, cuando lo que hay de por medio son oportunidades de ampliar el espectáculo en una plaza tradicionalmente futbolera. 

En esta ciudad es tanta la pasión por el fútbol, que cuando terminan los torneos regulares de la DIMAYOR, en pleno diciembre, nos vamos para el viejo fortín de Libaré, al Mora Mora, y nos metemos de lleno en la Copa Ciudad Pereira y vamos a ver equipos de todas las calidades y de todos los colores, con jugadores famosos y desconocidos venidos de todos los rincones del país, en una verdadera fiesta que dura un poco más de un mes y a la que vamos por el mero gusto de seguir viendo rodar el balón y seguir cantando goles, porque no queremos extrañar ese mágico ambiente de estadio, de bullicio y de gente en ningún momento del año. 

Todas las grandes ciudades tienen su clásico o su Derby: Madrid con el Real y el Atlético, Londres con el Chelsea y el Arsenal, Roma con la Lazio y la Roma, Buenos Aires con el Boca y el River, Bogotá con Santafé y Millonarios, Medellín con el Poderoso Rojo y el verde Nacional; por lo tanto, Pereira perfectamente puede tener su Depor y sus Águilas,… ¿cuál es el problema?, si lo que queremos es ver estadios llenos y no vacíos.


viernes, 17 de octubre de 2014

I TO PANAMA




Por James Cifuentes Maldonado



Desapruebo y me repugna la forma descarada como algunos medios de comunicación, so pretexto de hacer patria y defender los intereses económicos nacionales, están atizando el pequeño incendio que se generó con las medidas del gobierno colombiano de declarar paraísos fiscales a aquellas naciones que se niegan sistemáticamente a colaborar con el intercambio de información financiera, para meter en cintura a los evasores de impuestos que mueven sus fortunas cómodamente a través de bancos en el extranjero y particularmente en Panamá. 

Apelan, algunos periodistas, de manera servil y como cajas de resonancia de los grandes capitalistas, a argumentos como que en Panamá se desatará una cascada de medidas restrictivas para la inversión colombiana o que se iniciará una escalada xenofóbica en contra de los 300 mil colombianos que residen en ese país. 

No puede negarse que los intereses en términos de dinero son muchos y que el impacto puede ser grande, pero es inadmisible que se acorrale a una administración con el falso dilema de que la medida es inconveniente o inoportuna, cuando lo que está de por medio es una cuestión eminentemente de legalidad, y que se resume simplemente en que la guerra contra los evasores de impuestos no puede tener miramientos, treguas ni excepciones y el combate a la evasión tiene que darse con la misma intensidad tanto dentro como fuera del país.  Aquí lo que hay es un gran chantaje ante el cual el gobierno el cual el gobierno no puede ceder; Santos no aguanta un reverzaso más. 

Pasar por alto que no declarar el patrimonio situado en el exterior por parte de cualquier colombiano es una falta grave y que en, los casos de ocultamiento de grandes activos, está tipificada como delito, es tanto como admitir que los expendios de bazuco y marihuana, las denominadas “ollas” deben seguir funcionando porque son fuente de ingresos de muchas personas, ignorando el fondo de descomposición social y de violencia que ello encierra. 

Ahora, algún desprevenido dirá que la comparación entre los jíbaros de las ollas y los evasores de impuestos es descabellada, ante lo cual hay que anotar que no hay diferencia alguna. La actividad ilegal de traficar con drogas genera inseguridad y millones de adictos, situaciones que sumadas constituyen todo un problema de salud pública y por su lado la evasión de impuestos significa que muchos billones de pesos no entran al fisco, lo que se traduce en menos recursos que impiden que se ejecuten muchas obras y que sigamos en el subdesarrollo, lo cual también es un gran problema público, nada más y nada menos, porque en el Estado la pirinola por todas sus caras dice “todos ponen” y el que se sustrae de ese deber es un defraudador y, en casos extremos, un delincuente. 

Por lo tanto en el fondo de la moral pública no hay diferencia entre montar una olla y tener el patrimonio escondido en un paraíso fiscal para hacerle pistola a la administración de impuestos y a los colombianos honrados y cumplidos. 

En este contexto es que se entiende claramente por qué es que los ricos siempre serán más ricos y los pobres más pobres. Los ricos y los avispados ponen su plata en uno de los 90 bancos de ciudad de Panamá y al resto, de la clase media hacia abajo, nos esculcan hasta el alma con el “MUISCA” (base de datos de la DIAN),  para que declaremos hasta el bien más pequeño o hasta el último peso que tengamos, así nos toque pagar la liquidación tributaria con un préstamo bancario a 60 cuotas, ...que ironía.

sábado, 11 de octubre de 2014

Con Antonio, tomando café





Por: James Cifuentes Maldonado



Hace ya 20 años, mi amigo Antonio Ríos, compartiendo un tinto conmigo en la universidad, dijo la siguiente frase célebre: “El café no queda dulce por la cantidad de azúcar que le echemos sino por el número de vueltas que le demos al mezclador”.

Y para mi gusto, aunque anecdótica y aparentemente intrascendente la reflexión de Toño Ríos, trasladada al campo del ser y de la vida, encierra algo de sabiduría, porque, aplicando el mismo principio del azúcar, que si no se revuelve no endulza, para nada sirven la inteligencia y los talentos de una persona, sin la determinación que ponga en acción sus virtudes y las materialice en provecho propio, de su familia y de la sociedad.

Así, por el mundo vamos, algunos, con mucho que hacer, que sentir, que dar y que decir, sin tener conciencia de ello o conteniéndonos sin razón, con proyectos, empresas y sueños que descartamos después de imaginarlos, sin darnos la oportunidad de realizarlos o fracasarlos, sin entender que en cualquier caso siempre valdrán la pena, porque en ellos se encierra la esencia de existir, en la acción y el movimiento, porque, lo que no se activa y no se mueve, está muerto.

Algo similar pasa con las iniciativas y los sentimientos, que cuando no se expresan, no hacen bien ni hacen mal, simplemente mueren sin nacer y terminan siendo un misterio, un enigma sin resolver, de todo lo que pudo haber sido y no fue.

Porque la acción y el movimiento hacen la diferencia entre el arriba y el abajo, el antes y el después, el éxito y el fracaso, el amor y el desamor, porque el ser y el actuar, con pasión e intensidad, son la clave entre vivir o simplemente sobrevivir. Para que la vida, como dijo John Lennon, no sea algo que ocurre mientras estamos ocupados haciendo planes.

Entonces, escribamos el libro, así nadie lo lea, sembremos el árbol, aunque su crecimiento demore y su sombra y sus frutos sean para el goce de otros, y tengamos nuestros hijos aunque al final se marchen; porque algún día los hijos se irán a escribir su propio libro, a sembrar su árbol y a regalarnos nietos que, con sus travesuras, nos harán comprender el verdadero significado de la felicidad y entender que todo cuanto hicimos tenía sentido y con ello podremos irnos, con la tranquilidad y la satisfacción de que no fuimos pasajeros sino capitanes de nuestro propio barco. Porque la vida es tan corta y hay tanto que hacer en este mundo que, lo único que yo considero pecado, es dormir más de siete horas.

PDTA. Dedico estas elucubraciones como una gratitud a María Marleny Maldonado Marulanda, mi madre, quien nunca ha dejado de moverse, por sus hijos, por su familia y por la gente, porque no conozco una persona con la vocación de servicio y la abnegación como ella, porque no sabe decir no cuando se le requiere y se le necesita y porque siempre va más allá del deber.


martes, 7 de octubre de 2014

¿CÓMO IMAGINO EL PARQUE TEMÁTICO DE PEREIRA?




Por: James Cifuentes Maldonado.


En buena hora la excelente iniciativa de la administración municipal y del INFI de preguntar cómo nos imaginamos los pereiranos el Parque Temático de Flora y Fauna de Pereira.

Porque no hay mejor forma de socializar una obra o promocionar un producto que con la expectativa, como estrategia básica del mercadeo; pero aquí no se trata de cualquier campaña publicitaria, ni se trata de cualquier curiosidad, en verdad se trata de la apropiación que todos debemos hacer de uno de los proyectos de ciudad más importantes de los últimos 50 años, que marcará en gran medida el rumbo de nuestra región, consolidando a Pereira como epicentro no solo del comercio de esta parte del país sino que vendrá a completar la oferta y la vocación turística del Eje Cafetero, hasta el momento casi que monopolizadas por los parques y los pueblos del Quindío.

Y motivado como lo estoy, he diligenciado la encuesta que he encontrado en el sitio www.parquetematicopereira.com y he dejado constancia de mi sueño. Yo sueño e imagino en el parque Temático de Pereira una variedad de ambientes especialmente pensados y diseñados para recrear la naturaleza y los ecosistemas de los lugares del mundo que muchos hemos podido conocer solo a través de las fotos de los atlas y por el canal Discovery; yo imagino que tendremos un pedacito de la biodiversidad y de la cultura de cada continente en un rincón de nuestra ciudad.

Me parece ver un súper oasis dentro de otro oasis como lo es el imponente sector de Cerritos, como una de las más hermosas muestras del paisaje cultural cafetero, pintado de mil colores y adornado con miles de especies vegetales y animales, que se volverá más que un lugar turístico, un lugar de encuentro de propios y extraños para el goce de la vida, como sucede en los parques más emblemáticos de las grandes ciudades del mundo.

Presiento que el Parque Temático será un pulmón verde que alimentará de oxígeno la gran metrópoli que dentro de 20 años será Pereira, cuando, ya expandida, prácticamente se una con los cascos urbanos de los municipios vecinos; porque la ciudad crece hacia el sur, el parque será un símbolo y un motor de desarrollo que terminará por fundir geográficamente dos nombres que en la historia han estado ligados, como la premonición de un origen común y un mismo destino, Cartago y Pereira, Pereira y Cartago, nombres a los que se suma el de la Virginia como la puerta del Océano Pacífico que siempre hemos anhelado, como tierra firme del Puerto de Tribugá, para que el Chocó emerja con toda su riqueza y el mundo sea nuestro.

Señor alcalde Vásquez y próximos 5 alcaldes de Pereira, así es como yo me imagino el Parque Temático, como una empresa de largo aliento, como un foco de empleo y de progreso que hará que nuestra ciudad trascienda y con ella trascendamos sus orgullosos habitantes. Lo siento como una causa que requiere el compromiso de todos, como igualmente lo exige nuestro aeropuerto, tema del que me ocuparé, no con menos pasión, en una próxima entrega de mi YOPINOKE.