Por: James Cifuentes Maldonado
TAN NATURAL
COMO EL ARCO IRIS
Rosado
por el sexo, Rojo por la vida, Naranja por la salud, Amarillo por el sol, Verde
por la naturaleza, Turquesa por el arte, Índigo por la armonía, Violeta por el
espíritu. Estas son las significaciones que, en color, la comunidad gay ha
querido darle a su condición; como se puede ver, no hay nada que sea ajeno o
extraño a los ideales de cualquier heterosexual o en general de cualquier ser
humano.
Es
aberrante que en pleno siglo 21 sigamos pensando que la orientación sexual de
una persona, si no coincide con nuestros convencionalismos o con nuestros
prejuicios, deba ser un tema de sicólogos y siquiatras, y, peor, que siga
siendo un motivo de discriminación y de exclusión. El mundo está enfermo, y no
propiamente de "homosexualidad"; está enfermo de violencia, de
injusticia, de intolerancia, de incomprensión, de hambre, de arrogancia y de
corrupción. Los que nos consideramos "normales",
además de hipócritas, somos miopes y daltónicos, porque nos empeñamos en ver la
vida en blanco y negro, negando, por ignorancia, los tonos intermedios.
No
basta que declaremos que “toleramos” a los homosexuales, por quedar
políticamente correctos, es necesario que lo interioricemos y lo aceptemos, porque
si el destino pone un gay o una lesbiana en nuestra familia, o en nuestro
camino, o si ese familiar es un hijo nuestro y estamos abiertos y preparados
para ello, descubriremos el más maravilloso regalo que la vida puede darnos,
siempre que no nos obstinemos en nadar contra la corriente y decidamos
disfrutar de ese hijo, de ese pariente, o incluso, de ese amigo, tal y como es.
En
este escrito he utilizado, entre comillas, la palabra “tolerar”, como la
actitud que deberíamos tener frente a la homosexualidad, expresión que me cuestiono, ya que dejar ser
y dejar vivir en paz a un homosexual no es ningún favor y mucho menos una
condescendencia que la sociedad pueda tener, es un mínimo de civilidad y de
convivencia entre iguales. La vida de un
homosexual debería ser noticia solo por los mismos motivos por los que es
noticia la existencia de cualquier
ciudadano, su obra y sus méritos.
