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jueves, 20 de agosto de 2015

Cuestión de tiempo





Amada mía,

En tu ausencia, mis besos son,

Una inmensa cascada congelada,

Un caudal de fuerza, contenido,

Esperando que llegues

Que suba la temperatura,

Para fluir hacia ti,

Para fundirse en tu océano,

En el delta dulce de tu boca.  

James Cifuentes Maldonado

martes, 18 de agosto de 2015

"Los políticos aman más la riqueza que la vida" - Pepe Mujica


Por James Cifuentes Maldonado

A propósito de la frase reciente de José Mujica, que he tomado para titular este artículo, encontramos que, efectivamente, suele ser bien próspera la carrera de los políticos; sobre todo la de los que hacen el curso completo desde Ediles, Concejales, Diputados, Representantes y Senadores; en esa carrera ponen alcaldes y gobernadores, reparten la torta burocrática y “democratizan” la contratación entre los aportantes de sus campañas; y nada, nada de eso es “ad honorem” o, por lo menos no lo hacen por el mero sueldo, porque a punta de honorarios por sesiones no se amasan las fortunas que muchos tienen.

La esencia de la política no es el servicio público. Lo importante es garantizar los ingresos, y asegurar el capital para las próximas campañas, y, al final, las condiciones para que los descendientes continúen la empresa, porque estamos en un país de delfines políticos, de todos los pelambres y clases sociales, criados a imagen y semejanza de sus progenitores, con una sola misión: hacer harta saliva para comer más hojaldra.

Si quien se aventura en la política es rico, no lo hace por filantropía, lo hace porque quiere tener más, favoreciendo sus negocios personales; y si el que se mete a politiquear es pobre, pronto dejará de serlo, cambiará de barrio y de estrato, comprará acciones de un club, se volverá constructor, agente inmobiliario, comprará buses y taxis y sus hijos estudiarán en mejores universidades. Los ricos históricos y los nuevos ricos de la política, se favorecerán por la dinámica en la que “la plata llama la plata”, porque ellos mismos se crearán las oportunidades, en el ejercicio del poder; y, en ambos casos, ya electos, andarán por ahí con sus esquemas de seguridad, generando alboroto, como si fueran traquetos, con escoltas pagados con nuestros impuestos y con camionetas tanqueadas por nosotros, los de a pie.

Basta salir a las calles de Pereira, por esta época electoral, para darse cuenta de las dimensiones del asunto, con la proliferación de vallas publicitarias gigantes, con rostros simpáticos de personajes bien puestos, que venden su producto, es decir que se venden a ellos mismos, así cuando los elijan no los vuelvan a ver ni para el saludo. Muchas vallas, de esas que llaman petroleras, que parecen molinos de viento y que cuestan millones y de las que algunos candidatos pueden tener hasta media docena en un kilómetro cuadrado, y, se pregunta uno, ¿de cuánto es el botín pues? ¿Por qué hay que gastar tanto dinero para ser Concejal o Diputado?, la respuesta no la sé, pero, tanto derroche, huele mal, y, especialmente preocupa, la manera en que luego el político y sus patrocinadores recuperarán sus “inversiones”. 
 
Algún día, cuando los tontos descubramos que somos mayoría, algo podría cambiar, pero por el momento, como reza el dicho: "el pueblo sigue prestando el martillo para que le machuquen las bolas".



jueves, 13 de agosto de 2015

QUE SEA UN MOTIVO




Por James Cifuentes Maldonado



Científicamente la ingesta de alcohol es una afrenta física al cuerpo, que las culturas, a lo largo de la historia, en casi todos los pueblos, en casi todas las idiosincrasias, no solamente han tolerado, sino que además han consentido y legitimado, como una forma práctica de alegrar el alma; el camino corto y artificialmente mágico para que el espíritu vuele con el piloto automático de los instintos, en reuniones y aun en soledad.

Mi observación y mi propia experiencia en el ejercicio de doblar el codo, me indican que son muchas las razones y pretextos que la gente antepone para justificar la prenda y hasta la rasca.

El trago gourmet y gastronómico, acompañante de carnes, mariscos, aves y pescados, como aperitivo primero y como digestivo después, en francachelas y comilonas; solo que generalmente se pierde la cuenta de las copas y los descorches de las botellas y el comensal se levanta de la mesa sin saber de quién es vecino.

Por otro lado el consumo de licor ha estado muy ligado al gusto musical, porque música y trago constituyen una combinación evocadora, nostálgica que permite, a muchos, recrear y sentir los pasajes más significativos de la vida pasada, necesariamente más intensos y más vibrantes que la presente, por las obvias razones del declive de la belleza y la fuerza, incluso del éxito.

La bohemia, ambientada por romances, poesía y canciones se vale del licor como una mecha lenta que enciende las pasiones y abre la caja de pandora de nuestro subconsciente y nos permite desinhibirnos, como sobrios jamás lo haríamos, como una forma de soltar las cadenas de los mil ángeles y demonios que batallan en nuestro interior.

En un ámbito más profano y menos etéreo, algunos solo beben porque llegó la quincena, para celebrar la dicha o ahogar las penas, por la vejez o la juventud, porque alguien nació o alguien murió, para distraer la adversidad, para perderse en el tiempo, para que todo suceda más rápido, o para consumir la noche, para estimular el erotismo o para sofocarlo, para hacer el amor o para asesinarlo, para disfrazar la tristeza de alegría o, simplemente, para socializar y nivelarse por lo bajo con el resto del mundo en el carnaval de la vida.

Otros, muy pocos, los raros, escogen jamás tomar una copa, literalmente por salud, para para estar siempre presentes, para tener siempre el control, para ser testigos de todo, para no perderse ni un instante de su existencia y estirar la vida, porque no temen, ni les aburre, estar permanentemente cabales y conscientes.

Entonces ¿Por cuál motivo bebe usted?