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lunes, 9 de marzo de 2015

Día de la mujer, ¿homenaje o discriminación?




Por James Cifuentes Maldonado

El pasado 8 de marzo se conmemoró, una vez más, la reivindicación de los derechos civiles y democráticos de la mujer, y muy particularmente de la mujer trabajadora; por eso hay que tener claro el sentido de la fecha, no se trata de la extensión del día de San Valentín, ni es una mera ocasión romántica para regalar rosas y chocolates, en realidad es mucho más que eso. Es un día para enaltecer, sin aspavientos y sin ruido, la integración plena de las mujeres a la sociedad.

Me niego a seguirme sumando a esa corriente de personas que ven a la mujer como un ser "especial" como si fuera desvalida, con una connotación eminentemente sexista. Bajo esta visión, hasta mediados del siglo pasado, que no hace mucho, se tenía a las mujeres como un grupo de seres discapacitados, inhábiles para ejercer derechos económicos y políticos, que luego se “superaron” gracias a una gentileza del alguien, entiéndase de los estados, de los gobiernos y de la misma comunidad. Aunque el actual estatus de las mujeres se asimile a una conquista social, no debería ser visto como tal, ya que no es un regalo, no es una condescendencia, es un elemental acto de respeto y coherencia. 

Yo no creo que la mujer, sea, por principio o por definición, débil y vulnerable cómo se quiere hacer ver mediáticamente, y por eso no tomaré más el 8 de marzo como su día; en su lugar dedicaré el resto del año, es decir los 364 días que quedan, para disfrutar de su compañía, del privilegio de tenerlas en todas sus facetas, como madres, hijas, hermanas, esposas y amigas, además como líderes y profesionales. 

Destinar un solo día para "celebrar” la importancia y el valor de las mujeres, es un contrasentido, es perpetuarnos en su discriminación; es más, yo mismo con esta defensa de oficio, me controvierto y me contradigo, porque no es necesaria una apología de la mujer, y de hecho nadie me la ha pedido. 

En pleno 2015, en el continente que nos ha tocado en este mundo, por fortuna, creo yo que las mujeres tienen su lugar y su espacio plenamente reconocido, por el avance de la civilización y por el terreno que se le ha ganado a la ignorancia focalizada en la cultura machista de nuestros ancestros. Ruego para que la apertura y la consciencia sobre la dignidad de la mujer y el respeto que hoy le profesamos en occidente llegue a otros confines del planeta donde pareciera que el tiempo se detuvo, países en los que, desde niñas, las mujeres siguen siendo víctimas de brutalidades y vejámenes en el nombre de dios, la política y la fe. 

PDTA. No puede ser que, a estas alturas de la vida, algunos sigan alimentando el subconsciente colectivo de los creyentes, con la fábula bíblica que señala a la mujer como la responsable del “pecado original” y como culpable de que hayamos sido expulsados del paraíso; cuento que se aplicó de manera literal en las peores épocas del oscurantismo y la inquisición, con serpiente y todo abordo; delirio que subsiste en algunos fundamentalistas, porque todavía hay quienes siguen pensando que Adán era el hombre, el mero mero, el macho alfa, como cabeza de la especie y que Eva solamente era un apéndice suyo, simplemente una costilla.

Afortunadamente para el cristianismo ha aparecido Súper Francisco, que piensa que el infierno no existe y que Adán y Eva, eran parte de una fábula, solo eso.