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martes, 2 de febrero de 2016

NO es NO, y punto.




 Por James Cifuentes Maldonado

Antiguamente, a una mujer menor de edad, se le obligaba a comprometerse y casarse con un señor que le doblaba en años, simplemente porque, ese señor, le cargaba ganas y representaba una buena transacción para la familia.

En esas épocas aterradoras a las que me refiero, el cortejo amoroso y el romance no necesariamente eran el ingrediente fundamental para que dos personas unieran sus destinos, y no lo eran porque solía decirse “el amor llega después”, y, cuando se  manifestaba semejante estupidez, lo que se estaba  sentenciando era que, ya entrados en gastos, con varios hijos a bordo, y totalmente dependiente, a la ex señorita no le quedaba más que abandonarse a su suerte y acostumbrarse a la vida que no eligió; de pronto por ahí sucedía que se encariñaba de su “señor” marido.

Rememoro este antecedente histórico, que ya es anecdótico, para decirles que en la actualidad, en todos los escenarios de la sociedad moderna, el respeto por la autodeterminación de las personas sí cuenta; la mujer dejó de ser una mera obrera de la familia y una espectadora de su existencia; las mujeres deciden qué estudian, con quién se relacionan, con quién se acuestan, con quién viven, si tienen hijos o no, y, de pronto, hasta les da por hacer el viaje de la vida a solas, es decir, ni se “rejuntan” ni se casan.  

Todos esos excesos y abusos a los que las mujeres antes estaban sometidas, en el hogar y en el trabajo, hoy son inadmisibles, cada vez tomamos más conciencia sobre ellos y la ley les dio un nombre, se llaman VIOLENCIA y ACOSO, así clarito, en negrilla, y sin matices, porque los hombres no podemos perder de vista esa línea que antes era invisible, pero que hoy es un muro inmenso, ese límite que surge cuando la mujer que nos interesa y nos desvela dice NO a nuestros galanteos o a nuestras intenciones. 

Al Defensor del Pueblo, Doctor Otálora, en el escándalo que hoy está sorteando por acoso laboral y sexual, le doy el beneficio de la duda, y espero que, sí está libre de culpa pueda demostrarlo. No esperaba que renunciara, porque el Director de la Policía, General Palomino, a quien le ha sucedido algo parecido, no lo ha hecho, y porque, la salida de funcionarios en medio de estas tormentas mediáticas y de especulación, constituiría un antecedente gravísimo de “cacería de brujas” en donde cualquier personaje público del país podría caer en desgracia por meros chismes.

Señores, las flores y el perfume, ya no garantizan la conquista, tampoco el poder o el dinero, mucho menos la fuerza; porque puede suceder que, las mujeres, como en Geni y el Zepelín, la canción de Chico Buarque, “prefieran amar los bichos”.  En todo caso, sepamos identificar cuándo la persistencia cambia de nombre y se vuelve persecución.

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