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martes, 31 de mayo de 2016

El “Estado de Opinión”, el cabo suelto de la democracia.





Por James Cifuentes Maldonado

Quisiera uno que la democracia, el derecho a elegir y ser elegido, derivara del sano juicio, de lo que la gente piensa y luego materializa en las urnas con la debida información, pero no, y de ahí su imperfección; El “Estado de Opinión”, que no puede confundirse con la voz del pueblo y menos con la voz de Dios, es apenas un eco lánguido y distorsionado del diálogo sordo entre ingenuos  y avispados.

Los temas de la vida nacional son abordados con el mayor despliegue, por las plumas y los analistas más reputados, porque son cruciales como la economía; sensibles como el hambre de los niños o la violencia contra las mujeres; escandalosos y eternos como la corrupción, confusos como las leyes, desmoralizantes como la desigualdad y la injusticia, y frustrantes como la paz y la guerra.

El menú editorial de nuestro país resulta fatigante cuando el plato que más se sirve es la política, en ese tinglado que se ha montado entre uribistas y santistas, lleno de la estupidez y la mala leche que mana de esa lucha por imponerse de cualquier modo y a cualquier precio. 

Sin embargo, los que saben escribir, escriben, y los que no sabemos, también, porque esos temas, esperanzadores unos y dolorosos otros, son de interés público, pero al respetable público no le importan, están ocupados en otras cosas, están seguramente “A otro nivel”.

En este escenario de superficialidad y animosidad, donde muchos decimos hasta misa sin tener claridad de nada, se eligen los gobiernos, los de la derecha y los de la izquierda, se debaten los planes, los buenos y los malos, se truncan los procesos aun sin haber empezado y se matan las ideas sin haber nacido; todo porque, aunque el pueblo esté desinformado, tiene lo más importante, lo que más interesa al sistema, su opinión, que tiene su mayor expresión en el sagrado ejercicio del voto, un voto carente de criterio, que asegura la continuidad de los mismos con las mismas, aunque después, en medio de la resaca electoral, nos preguntemos ¿y qué diablos hace ese elefante trepado en ese poste, olvidando que lo subimos nosotros.

Cito la interesante reflexión que al respecto hizo Armando Guio Español, profesor universitario de los Andes, quien dijo: “El Estado de Opinión podrá ser una forma superior del Estado de derecho sólo cuando la gente tenga completa educación y la consiguiente claridad para entender la magnitud de lo que está en juego y la responsabilidad que significa el ser libre para vivir en democracia. Mientras eso no ocurra, la invocación a un Estado de opinión no es más que una herramienta dirigida a posibilitar proyectos personalistas en beneficio de las minorías, avalados por la inconciencia de todos”.

UBER, ¿ángel o demonio?





Por James Cifuentes Maldonado



Negarle la posibilidad a alguien, que tenga los medios y la capacidad económica de pagar, de un desplazamiento en un vehículo tipo UBER es como imponerle a quien gusta de los buenos restaurantes que se conforme con un corrientazo. 



La entrada de UBER en los 59 países donde ya hace presencia no ha sido pacífica, pero la causa no ha sido su inconveniencia para la comunidad o que sus atributos como solución para los pasajeros hayan sido desvirtuados; por el contrario, los beneficios en materia de agilidad, comodidad y seguridad saltan a la vista, al punto que al gremio de los taxistas, que en realidad no es de los taxistas sino de los capitalistas dueños de los taxis, muchos de los cuales acaparan la propiedad de cientos de cupos, solo les ha quedado a la opción de repetir como loros que UBER es ilegal.



UBER hoy es ilegal como en su momento lo fueron las comunicaciones de voz que no se cursaran por las redes de larga distancia nacional e internacional por los prefijos establecidos; actualmente la gente se comunica gratis y en tiempo real, con audio y video, a través de una innumerable cantidad de aplicaciones para las cuales solo se necesita un buen aparato telefónico y una conexión a internet, y de los prefijos de larga distancia, ya casi nadie se acuerda.



El gobierno ha dado bandazos sobre las alternativas de transporte, por un lado promoviendo el uso de las nuevas tecnologías de la información y por el otro cortándole el paso con reglamentaciones tibias como la expedida con el decreto 2297 de 2015, en donde se lee el siguiente requisito: “Demostrar que los conductores que atiendan la prestación del servicio individual de pasajeros en el nivel de lujo están certificados en competencias laborales, para el transporte de pasajeros y cuentan con capacitación en atención al usuario, en un mínimo de 50 horas”.  



Pregunto, con todo respeto y guardadas las excepciones, ¿y es que los señores que conducen los carros amarillos se han caracterizado precisamente por su amabilidad con los usuarios y su disciplina con las normas de tránsito?; parece un chiste.



Sí, UBER es ilegal, pero solo porque la legislación es obsoleta y no es capaz de seguirle el paso a la tecnología y porque el gobierno y los padres de la patria, como en muchos otros casos, defienden intereses económicos particulares en detrimento del bienestar social.



UBER llegó a Pereira y por supuesto los líderes taxistas no se han hecho esperar con la cantaleta de la ilegalidad, chantajeando al alcalde y a las autoridades; amenazando porque son muchos y pueden paralizar la ciudad cuando quieran, pero, de argumentos, de excelentes vehículos y buen servicio para la comunidad, “nanay cucas”.

lunes, 9 de mayo de 2016

EL TIEMPO DE LOS NIÑOS




Por James Cifuentes Maldonado


Ante una duda, Felipe, mi hijo de 5 años, le dice a un amiguito: “preguntémosle a mi papá, él lo sabe todo”; yo, que escucho discretamente, pienso, ¡huy, eso no es verdad!, yo no lo sé todo, de hecho se muy poco; sin embargo reflexiono y caigo en cuenta que, para Felipe, yo soy su primera enciclopedia, él está seguro de eso.

Aunque no seamos los eruditos que los niños creen que somos, cada padre y cada madre sabemos lo básico, lo necesario para ser su primer héroe y su primer maestro, y lo que no sepamos deberíamos intentar averiguarlo, para poder explicarles, para aprovechar y crecer con ellos, para mantener el permanente diálogo que debe existir; porque las preguntas que no respondamos nosotros, las contestarán otros, otros menos indicados y, posiblemente, no muy bien intencionados.

Por simples o complejas, por repetitivas o extrañas, por inoportunas o incómodas que pudieran parecernos las preguntas de nuestros pequeños, esas preguntas son cruciales para ellos, porque son las primeras pistas en el mundo que se abre ante sus ojos y que apenas empiezan a descubrir; de nuestras respuestas, pero sobre todo de la atención que les prestemos, dependerán muchas cosas, especialmente la calidad de nuestra relación con ellos en el futuro.

Algún día, cuando menos pensemos, nuestros enanos ya habrán crecido y habrán perdido la inocencia, ya no habrán más preguntas, incluso ya no querrán compartir tiempo con nosotros; lamentaremos entonces cada minuto, cada hora y cada día, que no estuvimos allí, cuando los oímos pero no los escuchamos, cuando estuvimos fuera, priorizando lo urgente y desplazando lo importante, o cuando, aun estando en casa, celebramos que ellos se entretuvieran en otras cosas y nos dejaran tranquilos en las nuestras, perdiendo quizás nuestro tiempo, pero también perdiéndonos el mejor y tal vez, el único tiempo que ellos tendrán para nosotros, el de su primera infancia, con la ternura, con los sueños y con la magia, que serán irrepetibles. 

Con los hijos es simple, ellos nacen para seguir su propio plan, nosotros somos sus mentores, mientras ellos lo permitan; las conversaciones de hoy determinarán que haya conversaciones mañana; cada instante que les dediquemos, para jugar y para resolver sus pequeños grandes misterios, construirán los lazos que harán posible que, algún día, cuando ellos se vayan, no olviden su origen y vuelvan de vez en cuando, a acompañarnos, a responder nuestras propias preguntas, a rescatarnos del miedo y de la soledad; un día no lejano, cuando desaprendamos por la vejez, cuando se inviertan los papeles y los niños seamos nosotros.

Con nuestra orientación, la inocencia perdida de los hijos se convertirá en buen juicio y criterio, en seguridad y confianza; la más valiosa herencia que podemos dejarles. 

sábado, 7 de mayo de 2016

Cantándole a Mamá.





Llevado por la inquietud que me genera esa asimetría entre lo que simbolizan las mamás y los papás, me di a la tarea de hacer la búsqueda, en el contexto musical, de las canciones dedicadas a unos y a otros y el resultado ha sido abrumadoramente mayor en favor de ellas. Prácticamente  no hay genero ni artista que no haya hecho su homenaje a las madres; nada más poniendo la lupa en las carpetas de mi computador encontré más de 200 registros de canciones dedicadas a las mamás; para los papás también las hay, pero no son tantas, encabezadas por el clásico “viejo mi querido viejo” de Piero.  

De todas las canciones que encontré, para las mamás, muchas de las cuales hablan de las que ya se han ido, he elaborado la siguiente lista, filtrada por mis propios gustos, mis recuerdos y las nostalgias de mi niñez; espero les gusten, o por lo menos los inspiren para retroceder en el tiempo y recordar cómo han sido las celebraciones del día de la madre en sus casas, para que lo sigan haciendo de la mejor manera

1.    Mama vieja, múltiples intérpretes, siendo las más populares las versiones de Los Chalchaleros  y Los Visconti.
2.    A la sombra de mi madre, por el argentino Leo Dan.
3.    Adiós a la mama, por Charles Aznavour.
4.    Los versos para mi madre, del ecuatoriano Julio Jaramillo.
5.    Los Ojos de mi madre, del Conjunto América.
6.    Por el Alma de Mi Madre, por Oscar Agudelo.
7.    El Rosario de Marfil, por el Caballero Gaucho.
8.    Para Voz Mamá, interpretado por Armando Moreno, con la orquesta de Enrique Rodríguez.
9.    Clavelitos con Amor, en la singular voz y estilo de Rómulo Caicedo,
10. Madre del Corazón, Los Pamperos, (mi preferida). 
11. Lagrimas de una madre. Los Blue Caps.
12. Madre. El dúo Pimpinela.
13. Adornadita con canas. Joan Sebastian
14. Madre solo hay una. Los relicarios.
15. Aunque no sea mayo. Gabriel Arriaga
16. A mí madre. Yolanda Del Río 

Todas estas canciones, toda mi gratitud y todo mi amor para ella, para María Marleny Maldonado Marulanda, la mujer de la 4 “M”, por quien fui y sigo siendo. También para la madre de mis hijos y para todas las mamás que conozco y, las que no conozco, también.