Por James Cifuentes Maldonado
Tal vez no sea la obra cumbre de “El Águila
Descalza”, pero si puede ser el proyecto escénico más elaborado que les haya
visto. El título anticipa de manera maliciosa, pero directa, el tema a tratar:
el SEXO, vil y descarnado, comunicado en la forma desabrochada pero franca de
Carlos Mario, un personaje que, incluso sin hablar, se convierte en una
caricatura humana; desde algún rincón del escenario, con una sola de sus muecas
y de sus posturas corporales contrahechas, empieza a justificar el precio de la
boleta.
“La puntica no más”, aunque divertida, no me
dolió el estómago de reírme como en otras ocasiones en las que me extasié entre
los malabares cómicos de los actores, en ese estilo único del dúo antioqueño
conformado por Carlos Mario Aguirre y Cristina Toro, que en los últimos 20
años, ha sido la más fiel caja de resonancia de la idiosincrasia y de la
cultura paisa. Esta vez fueron más allá y no buscaron solamente hacer reír sino
que abordaron el embarazoso tema de la sexualidad con sentido crítico y reflexivo,
y digo embarazoso porque en Colombia somos liberales con la boca y estrechos
con la mente, y para la muestra un solo botón, el Procurador Alejandro Ordóñez,
tratando de amordazar la educación de los jóvenes, en estos tiempos en los que
la información circula libre como el viento y, por el contrario, exige que
todos los temas sean abordados abiertamente para su sana comprensión.
Con el aforo completo, en el Santiago
Londoño, hicimos un recorrido ligero por las más sublimes y bajas pasiones
humanas; nos dieron nociones de pornografía, oteamos la realidad del acoso
sexual en el trabajo, miramos de frente la monotonía de las relaciones en el
matrimonio, hicimos conciencia sobre el papel de las nuevas tecnologías de la
información en el sexo virtual, merodeamos por los lados del fetiche y el
sadomasoquismo, como formas extrañas y extremas de vivir la sexualidad, y dimos
una mirada rápida a la prostitución y a la infidelidad, como esas válvulas de
escape de los solitarios, de los aburridos, de los incomprendidos o simplemente
de los amantes resbalosos que no se pueden contener o de los que no tienen
quien los escuche.
Nos recordaron que el sexo no tiene reglas ni
límites, salvo los que se pacten en la intimidad; que puede ser solo un
bocadillo para el cuerpo o la mejor forma de consumar un sentimiento.
Comprendimos que satisfacer el deseo nos permite sobrevivir y que alimentar el
amor nos hace trascender.
Descubrimos que el sexo sin criterio puede
terminar siendo como comer crispetas y ver películas de acción, no importa
cuántas palomitas engullas y cuántas películas completes, al final te sentirás
vacío.

