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jueves, 21 de abril de 2016

La pobre excusa de los ricos para no pagar impuestos.




Por James Cifuentes Maldonado



En declaraciones a un medio radial, con ocasión de las revelaciones que se han estado conociendo sobre la gran red de evasión de impuestos conocida como “Los Papeles de Panamá”, el exdirector de la DIAN Juan Ricardo Ortega, ante planteamiento capcioso del  entrevistador, en cuanto que muchas personas no pagan sus impuestos, justificados en los altos índices de corrupción, ha respondido que, en efecto, esa es la disculpa de los ricos para sustraerse de sus obligaciones con el erario público. 

Al doctor Ortega hay que decirle que sí, pero también que no. Sí, porque se sabe que gran parte de las fortunas de los colombianos acaudalados van a parar a cuentas en el exterior, en los denominados “paraísos fiscales”, sobre los cuales ha sido imposible hacer algo, porque existe mucha gente poderosa implicada, incluso con la connivencia de gobiernos como el de Estados Unidos que propician sus propios “hoyos negros”, donde se lavan recursos que no tienen contadero como en el estado de Delawere o la ciudad de Reno en Nevada, protegidos por normas federales de confidencialidad de datos, oponibles a otros gobiernos, lo que en realidad es un descarado ocultamiento y una alcahuetería con los capitalistas inescrupulosos.  

Pero al mismo tiempo hay que señalar que, aunque lo diga con buena intención,  no le asiste plena razón al exdirector de la DIAN, porque no es del todo cierto que la excusa para no pagar impuestos, bajo la premisa de que estos se diluyen en la corrupción, provenga de las clases altas; de ninguna manera; los ricos, ya tienen sus necesidades resueltas, ellos no evaden por desconfianza con el sistema, en realidad lo hacen porque simplemente son unos sinvergüenzas que actúan bajo total comprensión de sus artimañas y de lo que pretenden llevando sus recursos para otras partes y creando empresas ficticias en sofisticadas operaciones a través de terceros, simplemente para engañar al Estado y al resto de colombianos honrados que si tributamos sobre nuestros salarios, para perpetuar el dicho popular de que “el que tiene más saliva, come más hojaldra”,  que a su vez conlleva a la otra máxima fatal de que “los ricos serán más ricos y los pobres serán más pobres”. 

Queda uno pasmado cuando, el mismo doctor Juan Ricardo Ortega, señala que el dinero de los colombianos en el exterior, sobre los cuales no hay ejercicio tributario, puede estar calculado en cien mil millones de dólares; esa es una cifra que no le cabe a uno en la cabeza y que da una idea del hueco fiscal  que, conjuntamente con otros factores, como la concentración de la tierra en pocos propietarios, la guerra y, por supuesto, la corrupción, son la causa de nuestro atraso y nuestro subdesarrollo.

Lo que vi en los 90 de la Cámara.





Por James Cifuentes Maldonado

La Cámara de Comercio de Pereira celebró la semana pasada sus 90 años de existencia con un acto emotivo y bien organizado en Expofuturo, donde, más allá de homenajear a unos pereiranos ilustres, se hizo un gran reconocimiento de Pereira como ciudad cívica y emprendedora; la exaltación fue para la "Pereiranidad"; muchos de los que estuvimos allí sacamos pecho, no tanto por la representación que tenemos en el gobierno nacional y la presencia del Presidente, lo cual fue circunstancial, sino porque, contar la historia de la Cámara de Comercio es contar la génesis y el desarrollo de una ciudad como la nuestra, que no para de crecer y que, con los actuales proyectos en el campo de la logística y el turismo, se consolida como la capital del Eje. 

La asistencia resultó nutrida, aunque dijeron algunos maliciosos, que tomaron vino y comieron pasabocas sin contenerse, que la gran convocatoria se debió a que la organización invitó  hasta “al perro y al gato”; yo creo que debe ser cierto porque hasta a mí me llevaron, pero eso, más que un reproche, debe ser un mérito ya que, un acontecimiento gremial como estos en una ciudad de comerciantes como Pereira, que debe su pujanza al comercio, mal hubieran hecho la sociedad y sus dirigentes con el desaire, por mera pataleta o antipatía política con la numerosa comitiva de la Casa de Nariño.

Dada la magnitud del evento, el dispositivo de seguridad fue mayúsculo al punto que, a quienes llegamos tarde, nos tocó parquear casi en la 30 de agosto, por ello me perdí varios discursos.

El embajador Rodrigo Rivera, muy apreciado por la concurrencia, en una intervención muy piadosa y muy familiar, reivindicó su gestión en Bruselas, donde logró que el único requisito para que los colombianos, podamos visitar Europa sea tener el pasaje y euros para gastar.

Nuestro juvenil alcalde, la hubiera sacado del estadio por su fluidez y por su aplomo, sino hubiera sido por su lapsus en el que llamó empresarios “insípidos”, por decir incipientes, a los pioneros del comercio en Pereira, sin embargo dejó una buena impresión.

El presidente Santos no desaprovechó la oportunidad para dejar claro, in extenso, que no todo va tan mal como dicen y que ha sido el gobernante que más ha hecho por la paz en Colombia; que el proceso con las FARC y el ELN no tiene vuelta atrás, aun con todo lo que falta. Sin que Juanma terminara, vi que varios uribistas “pura sangre” no aguantaron y abandonaron el recinto.

 Los créditos para Mauricio Vega Lemus, actual presidente de la Cámara; piloso, entusiasta y esmerado, como ninguno, en la proyección de nuestra tierra y muy bien relacionado por los lados de Bogotá.