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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Atrapados





Por James Cifuentes Maldonado
 
Las redes sociales, de la mano de la tecnología, se han hecho parte de nuestros hábitos y vicios, y es tal su penetración que ya no distingue en tipos de población ni en brechas generacionales; de hecho se han convertido en una gran alternativa para que los mayores paleen su soledad, para que empleen el tiempo que les sobra o que les falta, como se quiera ver.

Las redes hacen parte de nuestra entorno, sea que hagamos uso de ellas o no, a tal punto que la elección del presidente de los Estados Unidos o la desintegración de la Unión Europea, han terminado siendo asuntos influenciados por lo que se dijo y no se dijo en Facebook; o como dice un amigo, no vamos muy lejos quedémonos acá, con la polarización del sí y el no en el proceso de paz, en el que millones de colombianos levantamos la mano y dijimos lo que nos dio la gana, con buenas o malas intenciones, fuera mentira o verdad.

La lista de "amigos" en la redes puede ser tan larga como el alcance o el eco que queramos que tengan nuestros pensamientos; bajo el entendiendo que la ausencia de un "like" no significa que nuestros mensajes no fueron leídos. Siempre, en algún rincón de esa manigua digital habrá alguien agazapado, celebrando o reprobando lo que publicamos; alabándonos o condenándonos en silencio, pero al fin y al cabo, haciéndose un juicio o un prejuicio sobre nosotros.

En términos prácticos Facebook, Twitter, Instagram y ahora ese monstruo llamado WhatsApp, son como inmensas plazas virtuales, a través de las cuales la gente se entretiene, se informa, se desinforma, polemiza o comparte, en mayor o menor medida, sus banalidades o incluso su intimidad, con gente entrañable o con desconocidos, y por las dinámicas de la modernidad, ese mundillo virtual ha terminado reemplazando los espacios tradicionales, que es la parte odiosa y peligrosa de toda esta revolución.

En la radio le han preguntado a un experto ¿entonces, las redes son buenas o malas?, y ha respondido: ni lo uno ni lo otro.

Las redes son una realidad, una herramienta de expresión y de comunicación que no podemos ignorar, pero que tenemos que racionalizar. En teoría, el uso de las redes sociales debería unirnos y hacernos mejores y no al contrario, eso es tan así que Facebook nos deja señalar con un pulgar arriba lo que nos gusta, lo que nos emociona, nos alegra o nos entristece, pero no hay pulgar abajo, porque esa no es la idea.

Como cantara Facundo, “Que sí que no, lo mismo me da, si el sí y el no, no alcanzan igual a mi libertad”.

martes, 25 de septiembre de 2018

UNA ORACION POR MIS HIJOS



Por James Cifuentes Maldonado


Para mis hijos no anhelo fama ni gran fortuna, no quiero poder ni influencias; quiero que vivan paso a paso, que disfruten cada momento, que mastiquen despacio cada bocado, que degusten cada sorbo de sus existencias, con conciencia y con responsabilidad; pero sobre todo que vivan su tiempo, que no se adelanten pero que tampoco se atrasen, que defiendan sus posiciones con el ejemplo y la razón, y que sean coherentes, porque no se exige aquello que no se da.

Quiero que de cuando en cuando miren en su interior y se cuestionen; quiero que su mayor riqueza sea caminar por cualquier calle, con la frente en alto, sin esconderse y sin tener que cambiarle de andén a nadie.

Quiero que mis hijos sospechen de los atajos, que desconfíen de lo fácil, que forjen sus propias metas y que construyan su propia idea de la felicidad, no aquella que les pintan en las redes sociales y en la televisión; quiero que entiendan que una cosa es ser correctos y otra y mucho más exigente ser íntegros, pero que si se equivocan, que muy seguramente sucederá, sepan también que cada noche podrán reflexionar antes de dormir y todos los días, con cada amanecer, tendrán una nueva oportunidad.

Quiero que escojan bien la dieta para el cuerpo, pero que no se olviden de alimentar EL ESPÍRITU. Quiero que entiendan que EL PERDÓN, el que recibimos y el que damos, es el regalo más grande que nos hacemos, cuando cultivamos la idea de DIOS, cualquiera que ella sea.

Quiero que descubran, como yo lo hice algún día, que EL AMOR es el propósito inequívoco e inquebrantable de desearle EL BIEN a alguien, como yo lo deseo para ellos.

Quiero que se realicen como seres humanos en EL TRABAJO para que tengan una prosperidad justa y suficiente, pero también que se dignifiquen en EL SERVICIO y en LA SOLIDARIDAD.

Que comprendan que EL TIEMPO es un río que no espera, que nos lleva, que somos sus pasajeros, tan frágiles como una hoja en un remolino; que la vida es hoy, no mañana, y hay que vivirla en LIBERTAD.
 
AMÉN

martes, 4 de septiembre de 2018

Para Sebastián.

Por James Cifuentes Maldonado          




Yo que compartí con Fabricio Plazas Patiño, una etapa bien vibrante de la juventud, cuando todo el ímpetu, la fuerza, la rebeldía, la locura y las ganas de vivir de prisa nos llegaron al unísono, nunca imaginé un momento como el presente, donde no solamente hemos acumulado años y achaques, sueños y frustraciones, sino que también nos hemos llenado de satisfacciones, como la que hoy el Flaco, indio purembará, de cariño, irradia en esta foto con su hijo, que a la legua se nota que es un gran chico.



Espero que Juan Carlos Cárdenas, Alan Fernando y Héctor Daniel Lerma, Faber Piedrahita (alias “Beber”) Juan Guillermo Tabares y Jairo Plazas, donde quiera que estén, y todos los que coincidimos en nuestro tobogán de los 90s, puedan tomarse una foto igual.
 
Mirando nuestras propias experiencias en perspectiva y sabiendo que nosotros fuimos capaces de evolucionar y salir adelante como hombres de familia, porque cada día tiene su afán y los ciclos son para disfrutarlos y superarlos cuando es justo, me convenzo que lo hemos hecho bien.
 
A pesar de los distractores y antivalores que la sociedad nos propone, no podemos descuidar la obligación de formar a nuestros hijos, como esa plastilina que nosotros alguna vez fuimos; darles la educación y los principios necesarios para que ellos puedan autodeterminarse de la mejor manera, cuando les llegue el turno, cuando cierren su propio ciclo de exploración y puedan ser, por encima de cualquiera otra cosa, BUENAS PERSONAS; Ya comprobarán que al final de la existencia eso termina siendo lo único que cuenta; para que nos hagan los reconocimientos ahora en vida y no cuando muramos.

La tarea nunca termina, pero siento que vamos por el rumbo apropiado. Un abrazo Flaco para ti y para Sandra, y felicitaciones a Sebastián, por su cumpleaños. Por supuesto, un saludo para Lida, la mujer que me ha hecho sentir más orgulloso de ser lo que soy,… sin ser del otro mundo.