Ella me preparó un chocolate, amargo como me gusta, y al acercarse a mí
para entregármelo, desde su blanco cuello brilló una cadena de la que
pendía una llave dorada, muy bonita; le pregunté qué hacia ese objeto
ahí, ... me respondió: he cerrado mi corazón, porque quienes alguna vez
entraron hicieron mucho daño;
¿y entonces para qué conservar la llave?
... porque me debato en el predicamento de que nadie más entre, pero al mismo tiempo que nadie salga.
¿y entonces para qué conservar la llave?
... porque me debato en el predicamento de que nadie más entre, pero al mismo tiempo que nadie salga.
