Imagen tomada de EL TIEMPO edición 27-05-14
Como no recordar con nostalgia las calles agolpadas con la gente apiñada en
las vitrinas de los almacenes mirando las transmisiones del Tour de Francia y la
Vuelta a España, principalmente, al son de los relatos, a grito herido, de los
locutores radiales de Caracol y RCN. Rememorar
a figuras como José Patrocinio Jiménez; Alfonso Flórez, Martín Ramírez, Francisco
el Pacho Rodríguez, Lucho Herrera, Fabio Parra, Nelson Cacaíto Rodríguez, y el
Cometa Álvaro Mejía, unos pocos que se me vienen a la mente, dentro de los muchos
héroes de la biela que nos hicieron henchir el pecho de orgullo y nos hicieron felices por
ser Colombianos, en una época en que el pasaporte nuestro era una vergüenza.
Un deporte que en los países desarrollados es de alta competencia y con
gran prestigio, en Colombia, con algunas excepciones, se convirtió en la
ventana de oportunidad de los humildes, de los sencillos, que a punta de ganas
y de panela, llegaron a encarar de tú a tú a figuras como Bernard Hinault, Laurent
Fignón (QEPD), Pedro Delgado y Miguel Induráin, por citar unos pocos de esos
monstruos. No me refiero a Lance Armstrong, por las razones decepcionantes ya
conocidas.
En fin, en momentos como este da gusto volver a ver en las carreteras y
montañas de nuestro país, grupos numerosos de ciclistas, con un entusiasmo
renovado para unos, los más recorridos, y con una nueva pasión no experimentada
para otros, los que apenas están empezando y no habían nacido cuando toda esta fiebre
del ciclismo empezó.
Todo el reconocimiento para Nairo y paro Rigoberto, que con su primer y
segundo lugar de la clasificación general del Giro italiano, a falta de 5
etapas, ponen a nuestro país a figurar en las primeras páginas de los
periódicos, al menos de los deportivos, y de paso nos regalan un oasis de
nacionalismo del bueno que nos hace olvidar, de momento, las dificultades
cotidianas de la realidad social de nuestra patria y sobre todo nos
rescatan de este aquelarre político de la campaña presidencial.