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martes, 27 de mayo de 2014

NAIROMAN Y RIGONEITOR.

Por: James Cifuentes Maldonado.
 
Imagen tomada de EL TIEMPO edición 27-05-14

Desde cuando llegó al continente europeo esa primera avanzada de escarabajos, representando los colores de equipos como el Varta, Café de Colombia e incluso Ryalcao Postobón, entre las décadas de los 80s y los 90s, no se vivía un apogeo ciclístico como el de ahora, con el gran “NairoMan” y “RigoNeitor”, como han apodado cariñosamente a Nairo Quintana y a Riboberto Urán, respectivamente. Uno boyacense y otro antioqueño, nacidos ambos del corazón de la montaña para desafiar la élite internacional de un deporte que se había venido a menos.  
Como no recordar con nostalgia las calles agolpadas con la gente apiñada en las vitrinas de los almacenes mirando las transmisiones del Tour de Francia y la Vuelta a España, principalmente, al son de los relatos, a grito herido, de los locutores radiales de Caracol y RCN.  Rememorar a figuras como José Patrocinio Jiménez; Alfonso Flórez, Martín Ramírez, Francisco el Pacho Rodríguez, Lucho Herrera, Fabio Parra, Nelson Cacaíto Rodríguez, y el Cometa Álvaro Mejía, unos pocos que se me vienen a la mente, dentro de los muchos héroes de la biela que nos hicieron henchir el pecho de orgullo y nos hicieron felices por ser Colombianos, en una época en que el pasaporte nuestro era una vergüenza.
Un deporte que en los países desarrollados es de alta competencia y con gran prestigio, en Colombia, con algunas excepciones, se convirtió en la ventana de oportunidad de los humildes, de los sencillos, que a punta de ganas y de panela, llegaron a encarar de tú a tú a figuras como Bernard Hinault, Laurent Fignón (QEPD), Pedro Delgado y Miguel Induráin, por citar unos pocos de esos monstruos. No me refiero a Lance Armstrong, por las razones decepcionantes ya conocidas.
En fin, en momentos como este da gusto volver a ver en las carreteras y montañas de nuestro país, grupos numerosos de ciclistas, con un entusiasmo renovado para unos, los más recorridos, y con una nueva pasión no experimentada para otros, los que apenas están empezando y no habían nacido cuando toda esta fiebre del ciclismo empezó.
Todo el reconocimiento para Nairo y paro Rigoberto, que con su primer y segundo lugar de la clasificación general del Giro italiano, a falta de 5 etapas, ponen a nuestro país a figurar en las primeras páginas de los periódicos, al menos de los deportivos, y de paso nos regalan un oasis de nacionalismo del bueno que nos hace olvidar, de momento, las dificultades cotidianas de la realidad social de nuestra patria y sobre todo nos rescatan de este aquelarre político de la campaña presidencial.