Por
James Cifuentes Maldonado
Para
los que sobrepasamos los 40, o sea los peludos de “la generación de la guayaba”
y los peludos de generaciones anteriores, hablar del 2015 es hablar del futuro,
de ese tiempo que hace apenas una décadas veíamos lejano, casi imposible, un
sueño inalcanzable, considerando que, según el mito apocalíptico, el mundo se
acababa en el año 2000; incluso tras esa falsa profecía, además de grandes
tragedias colectivas, muchos incautos lo dejaron todo y entregaron sus
pertenencias a la causa de la fe para preparar la llegada de la nave
extraterrestre que los evacuaría y los salvaría del cataclismo.
Pero,
a la fecha, el mundo sigue girando y hoy nos sentimos como Buck Rogers en el
siglo 25, viviendo en medio de los carros fantásticos, los grandes edificios,
los súper aviones, la robótica, la internet, los computadores; la
nanotecnología, los iPods, los iPads, los teléfonos inteligentes, el Facebook,
las comunicaciones instantáneas y las selfies; aunque, viéndolo bien, los
adelantos pensados por la televisión gringa para Buck Rogers, para 500 años más
adelante, se quedaron cortos, es decir que la ficción fue superada por la
realidad cinco siglos antes de lo imaginado por el hombre.
Hablar
del 2015 es hablar del futuro que se hizo presente y se hizo realidad con
nosotros a bordo, por fortuna, y ese es de por si un motivo para celebrar
permanentemente; por eso es que, 25 años después, la frase del célebre expresidente
pereirano, sigue siendo una gran verdad y no pierde vigencia: Colombianos “welcome to the future”; hago la cita en
inglés, para no desentonar con la globalización.
El
futuro es hoy, con todo lo bueno y lo malo que eso representa, porque al igual
que los adelantos de la ciencia y la tecnología han llegado, antes de lo
pensado, para aumentar nuestra expectativa y nuestra calidad de vida, también
el futuro es una realidad con todos los males propios de compartir este pequeño
planeta y sus limitados recursos.
El
futuro ha llegado con nuevas curas pero también con nuevas enfermedades
catastróficas que traspasan las fronteras de los países, con nuevas formas de
comunicación pero también con nuevos conflictos sociales que se difunden y se
contagian de manera viral por todo el mundo; el futuro está aquí, con más
petróleo y menos agua, con más dinero y menos comida, con muchas máquinas pero
también con mucha más gente que cada vez se siente más sola.
Es
mi deseo que este tiempo presente, con todas sus maravillas y complejidades, se
prolongue de la mejor manera para todos mis familiares y amigos y por su puesto
para mis lectores.
No
puedo pasar por alto recordar a los que se fueron antes, a los que ya
trascendieron a la otra forma de la vida y del tiempo, los que descansan en la
eternidad del universo, en el infinito del cosmos que es Dios; una oración, un
silencio y finalmente una bulla por todos los que ya partieron pero siguen
viviendo en nuestro corazón y en nuestra conciencia colectiva, para que no los
olvidemos; porque, como alguien dijera: “el olvido es la más drástica manera de
morir”.

