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martes, 5 de julio de 2016

El vaso medio lleno de la paz





 Por James Cifuentes Maldonado

Han corrido ríos de tinta sobre el cese al fuego bilateral pactado entre el gobierno colombiano y las Farc; son muchas las voces que han pronunciado para sobredimensionar la noticia, para demeritarla o simplemente llamando a la sensatez y la calma.

Aunque hemos llegado más lejos que nunca en la búsqueda de la paz, existen escollos como el del mecanismo de refrendación del acuerdo y la fase operativa de la dejación de armas, que de no ser superados borrarían de un plumazo todo el avance, sin hablar de los desafíos económicos del posconflicto para asegurar la efectiva reinserción de los guerrilleros a la sociedad, contando por supuesto con que los grupos radicales de oposición no saboteen el proceso, lo cual sería supremamente fácil ahora que los subversivos han aceptado dejarse contar en las zonas de concentración.

El expresidente Cesar Gaviria reconoció que el momento actual no hubiera sido posible sin la facilitación previa de sus homólogos Andrés Pastrana y Alvaro Uribe, el primero por la gestión del “Plan Colombia” luego del fiasco del Caguán y el segundo por la arremetida militar durante 8 años que sacó a las Farc de su zona de confort.  

La ecuanimidad del expresidente Gaviria contrasta con la furia ciega del senador Uribe quien no pierde oportunidad para incendiar el país con su acomodado discurso sobre la impunidad, como si con la dudosa desmovilización de los paramilitares se hubieran cumplido las premisas de verdad, reparación y justicia.  Ante los hechos incontestables de la Habana que muestran un proceso de paz serio y sin reversa, por el nivel de detalle de los puntos ya concertados de cara al desarme, el senador Uribe, fiel a su estilo, lanzó una de sus típicas frases sensacionalistas: “la paz ha quedado herida”, y se pregunta uno ¿Cuál paz señor Uribe? ¿La del Ubérrimo?

Por mala que sea la posición de las FARC, por disminuidas que estén, así sean un puñado de hombres, es inmenso el daño que pueden seguir haciendo parapetadas en la clandestinidad. Dicen que Carlos Castaño llegó a manifestar que Colombia y sus montañas son tan grandes que las fuerzas irregulares podrían andar toda la vida a través de ellas sin toparse un policía; por ello aprecio mucho el punto en el que estamos y sigo con esperanza el proceso, porque prefiero que mis hijos beban hoy del vaso medio lleno y no que mueran de sed tras el espejismo de esa paz perfecta que los fusiles no han posibilitado.

 En un anuncio publicitario de un reconocido whisky, un caminante escocés, portando la bandera de Colombia, nos invita a "quitarnos las diferencias"; me parece oportunista pero esperanzador que incluso el Proceso de Paz sea aprovechado para hacer marketing; es parte de esa bola de nieve que yo espero empiece a crecer por la fuerza de los hechos; que todos los Colombianos, desde los más escépticos hasta los que ven la paz como un obstáculo, se suban al bus de la reconciliación, para explotar todas sus ventajas.


Un nuevo periódico para la ciudad




(Publicado en la ultima edición del periódico LA TARDE del miercoles 22 de junio de 2016, antes de su cierre)
 
Por James Cifuentes Maldonado


Desde cuando se anunció la operación de compra de LA TARDE por parte de la sociedad propietaria del Diario del Otún, se desató una gran inquietud dentro de la opinión pública y por supuesto dentro de los columnistas que tuvimos el privilegio de compartir nuestras reflexiones y nuestras peroratas a través de su página de opinión.  A finales de 2015 la indicación de la jefatura de redacción era que la transición podía ser cosa de semanas o de meses, previsión que me pareció algo extraña por lo incierta.

Desde enero algunos columnistas empezaron a despedirse agitando muy tempranamente la nostalgia de quienes todavía apreciamos el particular encanto de las noticias que nos llegan envueltas en papel, en cuadernillos que caen en nuestra puerta o que compramos en el puesto de la esquina; así como nos siguen gustando todas esas cosas que desaparecieron con la modernidad y que son valiosas no por su vigencia o su funcionalidad sino por el significado que tuvieron en un momento dado de nuestras vidas;  leer la prensa en la edición física es como insistir en escuchar música en tornamesa,  por la evocación que nos produce el ruido de la aguja en los surcos del vinilo, añejando las canciones con ese sonido analógico, que sabe y huele a rincón viejo.

Me reusé a despedirme, porque soy el menos versado para rememorar la profusa historia de LA TARDE que es hablar de la historia de Risaralda, que es hablar de una ciudad  como Pereira que demostró que si se podía, cuando partió cobijas con Caldas. No me despedí, porque los principios progresistas que inspiraron la creación de LA TARDE no desaparecen con la marca.

El devenir periodístico de la ciudad no termina, solamente se transforma, por los efectos incontestables de la economía que indican con frías matemáticas que no hay cama para tanta gente y que los anunciantes ya no están dispuestos a pagar por dos pautas. Porque la opinión de los que leen, de los que compran, va más allá del color político, ya no hay diarios conservadores ni diarios liberales, porque en Colombia los partidos ya no pesan; simplemente hay noticias, historias para contar, que entre más amarillas, serán la mejor materia prima del negocio de la información que subsiste por la rentabilidad y no por la ideología.

Con buena intención los dueños han anunciado que los nombres se juntan, que El Diario del Otún y LA TARDE seguirán en llave en el corto plazo, en un experimento inusual porque se sabe bastante de fusiones de muchos tipos de empresas pero casi nada de la absorción de un periódico por otro, de la conjunción de dos líneas editoriales diferentes.  El desafío es grande y como resultado espero que no sobreviva ninguno de los nombres de ese raro casado, que el nuevo amanecer sea la oportunidad de afincar una marca fresca, plural, diversa e incluyente, para un instrumento de comunicación remozado al servicio de de la economía pero también de la gente.