Por: James Cifuentes Maldonado.
El partido
de ayer entre Holanda y Argentina es la más perfecta expresión de cómo es que
se deben afrontar las instancias finales de una copa del mundo.
Podría uno decir que ayer se veían feos los dos equipos, absolutamente
esquemáticos en el terreno, cuidándose de que no les hicieran goles, más que de
agradar y brindar espectáculo, pero es que, a mi juicio, de eso se trata cuando
lo que está de por medio es la continuidad en un certamen orbital que ocurre
cada 4 años. Lo que
sucede en la fase de grupos, es otra cosa y da para todo, para lucirse, e
incluso para empatar o perder, y aun así clasificar.
Cuando los
equipos avanzan a la final, las circunstancias de si jugaron bonito o si
ganaron por un gol de diferencia o por siete, son meras anécdotas, meras estadísticas,
lo verdaderamente importante es seguir vivos y llegar hasta el último partido,
como en efecto lo ha logrado Argentina, por ello cuidarse y esperar que el rival haga su gasto es estratégico. Jugar encantadoramente y además ganar,
en la fase de eliminación directa, es una especie de coincidencia o de moñona
que no necesariamente se puede dar.
Es odioso
decir esto, pero los hechos lo confirman. Los jugadores de la
selección Colombia ya están en nuestro país, de plaza en plaza, de homenaje en homenaje
montados en el carro de bomberos, por la que ha sido la mejor figuración en su
historia futbolística, y eso es justo y está acorde con la hazaña y con nuestra
idiosincrasia, pero mientras tanto, Argentina, sin tanto ruido, sin tanta
solvencia como la nuestra, yendo de menos a más, va a jugar la final contra
Alemania, y nosotros teníamos con que estar allí.
Es
protuberante y salta a la vista que el equipo Argentino no mostró nada
extraordinario en el torneo, ni siquiera con Messi a bordo, cuya genialidad se
ha dado de manera intermitente, y, sin apasionamientos, podemos decir que la
albiceleste estuvo lejos de la calidad y la estética de lo que Colombia alcanzó
a mostrar en 4 partidos, porque no cuento el de Brasil, por obvias razones.
Argentina
con su nadado de perro, pero por su historia, si sabe cómo es que se juegan las
finales y, a falta de brillantez, planteó un esquema conservador,
sustentado más en temperamento que en calidad o estética, con el que
fundamentalmente evitó que le hicieran goles y contra todo pronóstico, le
permitió llegar a disputar el título con Alemania, ayudados por la suerte en el
albur de los penales; así, la literatura dirá que los gauchos, por lo menos
jugaron la final de Brasil 2014 y que
Colombia con todo, sus goles, su juego bonito y sus figuras, solo llegó a
instalarse entre los mejores 8, y, de esos 8, el mundo, si mucho, recordará los
primeros 4.
La
conclusión es que no basta con tener un futbol excelso, bonito y técnico, eso
cuenta y mucho, pero no es suficiente; para ganar un mundial, también hay que
tener sentido práctico y la capacidad de adaptarse a las especiales circunstancias,
limitaciones y prioridades de cada partido, y eso, aunque suene incisivo, hace
parte de la jerarquía y la jerarquía se obtiene con la experiencia, a través de
una tradición futbolística, atributos que no se consiguen propiamente clasificando
a los mundiales cada 16 años. Colombia no tuvo esa jerarquía y producto de ello
salió hecha un manojo de nervios ante Brasil y a los 7 minutos cometió el único
error de todos sus partidos, el cual precisamente le costó no poder avanzar a
la siguiente fase y eso no solamente lo lamentamos los colombianos, si no todos
los que en el mundo se identifican como hinchas del buen fútbol.
Tenemos
que abrir los ojos porque la FIFA no tiene un ranking moral que premie a los
que juegan muy bueno y a los más nobles en la cancha, sino que entrega la
ansiada copa a los que, además, no se dejan sacar de la competencia, y eso va más allá de jugar
bien. Y que no se piense que estoy despreciando
la actuación de Colombia, que evidentemente ha sido grandiosa, de hecho sin
antecedentes en nuestro discreto pasado futbolístico, lo que pasa es que, me
parece, que además de festejar y estar tranquilos, tenemos que hacer el ejercicio ver
el vaso medio vacío para no perder el foco de lo que nos ha faltado.
El resto
de la historia hasta el día de hoy ya se sabe, Brasil goleado y humillado por
un equipo Alemán, que además de ser el más compacto y el más consistente del
torneo, tuvo una tarde derecha, inspirada, en la que todo le salía, que se tradujo en un resultado raro e
indignante que los brasileños jamás olvidarán.
Por su parte Holanda, la "Naranja Mecánica", que esta vez no fue tan poderosa como en otras ediciones, nuevamente se quedó en el camino siendo en verdad una potencia.
Es posible
que mi posición resulte un tanto dura o descarnada, pero creo que es necesaria
para ubicarnos y ponderar el alcance de
lo realizado ahora por nuestra selección y para tener claro que lo conseguido
en este mundial es apenas el comienzo de la que puede ser toda una era futbolística,
que tiene que basarse en la continuidad de un proceso, para poder lograr la
consolidación del protagonismo, la permanencia y la identidad que
nos ponga en ventaja frente al rival, aun sin jugar, cuando volvamos a unas
finales de un campeonato del mundo. Porque tenemos el capital para hacerlo, unos
jugadores jóvenes que por lo menos pueden ir a uno o dos mundiales más y para
cuando esa suceda ya habremos ganado un nombre y podremos hablar más grueso.
Por lo demás espero que Alemania y
Argentina jueguen un partido digno, y ojalá bonito, el próximo domingo, porque
esa vaina de que un equipo aplaste y le pase por encima a otro en una instancia
final, como se lo hicieron a Brasil, no es agradable, al menos no para mi
gusto.
