Por: James Cifuentes Maldonado
A estas alturas del mes de agosto de 2014, cuando
transcurre la última semana de las, cada vez menos visibles y desvalorizadas, “Fiestas
de Pereira”, en otrora “de la cosecha”, siguen sonando las voces que se oponen
a la cabalgata, ahora denominada, sofisticadamente, desfile de caballistas o a
caballo.
Esta mañana encendí la radio y de pura casualidad escuché
al concejal Juan Pablo Gallo rindiendo declaraciones al respecto, ya que ha
sido pública su posición en contra de las cabalgatas. En principio pensé que se
trataba de una intervención más de protagonismo de las que hacen los políticos para
despertar simpatías y ganar votos, lo cual, tratándose de este tema en
particular, el de los caballos, no es difícil
porque la resistencia y la indignación de la ciudadanía ha venido creciendo. Pero, escuchando la entrevista completa, al
final tuve que admitir que la posición del concejal Gallo era juiciosa y bien
sustentada con argumentos serios y evidentes, como los que relaciono a continuación, tratando de recoger, muy a mi
manera, las razones del concejal:
1) Las cabalgatas en gran medida suponen tratos
crueles para los caballos, principalmente cuando los caballistas se pasan de
tragos.
2) Es prácticamente imposible asegurar que no haya
consumo de licor; pensar que los jinetes se restrinjan en este sentido es ingenuo
y absurdo ya que culturalmente la ingesta etílica es parte inherente del
jolgorio a caballo, hace parte de su ADN, así como las rancheras de Vicente Fernández,
el aguardiente y el Old Parr.
3) Muchos de los que participan de las cabalgatas no se
caracterizan por ser los más juiciosos y suelen incurrir en desmanes y excesos
incomodando a vecinos, comerciantes y peatones.
4) El impacto de las cabalgatas es significativo en la
movilidad, con todas las implicaciones que ello tiene para la economía y para
el normal transcurrir de la ciudad.
5) Pereira, como ciudad intermedia y en crecimiento, no
puede ir en contra de la tendencia nacional que indica que las cabalgatas urbanas
han venido siendo proscritas, por sus muchos inconvenientes y han sido
suprimidas en fiestas incluso más
emblemáticas que las nuestras como la Feria de Cali y la Feria de las Flores en
Medellín.
6) Las cabalgatas, comportan un alto componente de
cultura mafiosa, que hace que muchas de las personas que participan en ellas no
se dediquen al acto central de pasear a caballo sino que lo que prima es
exhibirse, fantochear, emborracharse, perder el juicio y la cordura y matonear
y atropellar a quienes les reclamen.
7) El ambiente natural para una cabalgata no es el
duro asfalto ni el pavimento de las calles de la ciudad, sino que los animales,
tanto el equino como el que va encima, se deben sentir más cómodos y a gusto en
carreteras y caminos rurales, que, en
Pereira, los hay muchos y más propicios para estos eventos.
Como la cabalgata 2014 es inevitable, no queda más que
seguir reflexionando el tema para las próximas fiestas, sobre la base de los motivos expuestos, pero
especialmente sobre el ultimo de la lista, esto es, que sería primoroso que las autoridades se
dieran la pela y prohibieran los dichosos desfiles a caballo en la zona urbana
y en su lugar los reglamentaran para que se puedan hacer solo de manera privada en predios particulares o, si de eventos
públicos se trata, que se hagan solo en las zonas rurales, ya que Pereira tiene
circuitos turísticos y caminos veredales propicios para estas prácticas, con la debida organización.
Obviamente, es de esperarse, que la alternativa
de hacer cabalgata en carretera destapada y lejos de la muchedumbre novelera y curiosa, disminuiría
la participación, porque francamente, lo que le gusta a muchos de los
dichosos caballistas no son los caballos, sino que los vean y, si no los ven,
no tiene gracia. Qué sentido va a tener hacer ruido, tomar wiski, atropellar a
la gente, maltratar los caballos, llevar, los señores, las cadenas de oro bien gruesas y, las señoras, las siliconas bien puestas, si no hay público para alardear.
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