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miércoles, 27 de agosto de 2014

ENTRE BESTIAS Y CABALLOS


Por: James Cifuentes Maldonado


A estas alturas del mes de agosto de 2014, cuando transcurre la última semana de las, cada vez menos visibles y desvalorizadas, “Fiestas de Pereira”, en otrora “de la cosecha”, siguen sonando las voces que se oponen a la cabalgata, ahora denominada, sofisticadamente, desfile de caballistas o a caballo.

Esta mañana encendí la radio y de pura casualidad escuché al concejal Juan Pablo Gallo rindiendo declaraciones al respecto, ya que ha sido pública su posición en contra de las cabalgatas. En principio pensé que se trataba de una intervención más de protagonismo de las que hacen los políticos para despertar simpatías y ganar votos, lo cual, tratándose de este tema en particular, el de los caballos,  no es difícil porque la resistencia y la indignación de la ciudadanía ha venido creciendo.  Pero, escuchando la entrevista completa, al final tuve que admitir que la posición del concejal Gallo era juiciosa y bien sustentada con argumentos serios y evidentes, como los que relaciono  a continuación, tratando de recoger, muy a mi manera, las razones del concejal:

1) Las cabalgatas en gran medida suponen tratos crueles para los caballos, principalmente cuando los caballistas se pasan de tragos.

2) Es prácticamente imposible asegurar que no haya consumo de licor; pensar que los jinetes se restrinjan en este sentido es ingenuo y absurdo ya que culturalmente la ingesta etílica es parte inherente del jolgorio a caballo, hace parte de su ADN, así como las rancheras de Vicente Fernández, el aguardiente y el Old Parr.  

3) Muchos de los que participan de las cabalgatas no se caracterizan por ser los más juiciosos y suelen incurrir en desmanes y excesos incomodando a vecinos, comerciantes y peatones.

4) El impacto de las cabalgatas es significativo en la movilidad, con todas las implicaciones que ello tiene para la economía y para el normal transcurrir de la ciudad.

5) Pereira, como ciudad intermedia y en crecimiento, no puede ir en contra de la tendencia nacional que indica que las cabalgatas urbanas han venido siendo proscritas, por sus muchos inconvenientes y han sido suprimidas en  fiestas incluso más emblemáticas que las nuestras como la Feria de Cali y la Feria de las Flores en Medellín.

6) Las cabalgatas, comportan un alto componente de cultura mafiosa, que hace que muchas de las personas que participan en ellas no se dediquen al acto central de pasear a caballo sino que lo que prima es exhibirse, fantochear, emborracharse, perder el juicio y la cordura y matonear y atropellar a quienes les reclamen.

7) El ambiente natural para una cabalgata no es el duro asfalto ni el pavimento de las calles de la ciudad, sino que los animales, tanto el equino como el que va encima, se deben sentir más cómodos y a gusto en carreteras y caminos rurales,  que, en Pereira, los hay muchos y más propicios para estos eventos.

Como la cabalgata 2014 es inevitable, no queda más que seguir reflexionando el tema para las próximas fiestas,  sobre la base de los motivos expuestos, pero especialmente sobre el ultimo de la lista, esto es,  que sería primoroso que las autoridades se dieran la pela y prohibieran los dichosos desfiles a caballo en la zona urbana y en su lugar los reglamentaran para que se puedan hacer  solo de manera privada  en predios particulares o, si de eventos públicos se trata, que se hagan solo en las zonas rurales, ya que Pereira tiene circuitos turísticos y caminos veredales propicios para  estas prácticas, con la debida organización. 

Obviamente, es de esperarse, que la alternativa de hacer cabalgata en carretera destapada y lejos de la muchedumbre novelera y curiosa,  disminuiría  la participación, porque francamente, lo que le gusta a muchos de los dichosos caballistas no son los caballos, sino que los vean y, si no los ven, no tiene gracia. Qué sentido va a tener hacer ruido, tomar wiski, atropellar a la gente, maltratar los caballos, llevar, los señores,  las cadenas de oro bien gruesas  y, las señoras, las siliconas bien puestas,  si no hay público para alardear. 

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