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lunes, 26 de mayo de 2014

Los niños de Fundación.

Por: James Cifuentes Maldonado.

La sucedido en Fundación es uno de esos hechos que a uno no le gusta ver ni oír en las noticias, por el inmenso dolor que conlleva, pero al final uno sabe que eso ha sucedido, que es verdad y que hay que afrontarlo. Yo, de la forma como concibo a Dios, le pido que, si existe el cielo, esos niños que fallecieron estén en ese cielo y que los padres puedan superar esa tragedia, aunque difícilmente un ser humano podría superar semejante pérdida, sobre todo por la forma en que se dio. Por mi parte, cada vez que abrazo a mis hijos, no puedo evitar imaginar la terrible suerte de esos niños calcinados y entonces aprieto más fuerte a mis pequeños y doy gracias por tenerlos. Porque los niños , hasta que pierden la inocencia, solo saben ser felices, lo demás, su cuidado y su seguridad, es nuestra tarea y nuestra responsabilidad. Los niños de Fundación murieron inocentes, porque el destino les jugó una mala pasada, pero sobre todo porque alguien no cumplió su deber. Ese alguien son muchas personas , empezando por sus padres que no fueron previsivos, por el dueño del bus que no le hacía mantenimiento, por el conductor y su imprudencia y por las autoridades que no aplicaron los controles y correctivos que tenían que haber sido aplicados antes de ese maldito viaje.

Elecciones Presidenciales en Colombia

Por: James Cifuentes Maldonado.

Las conclusiones de la primera vuelta:

1. Las encuestas estuvieron muy cercanas a los resultados, al menos en cuanto lo que pasó con Santos y Zuluaga.

2. El abstencionismo ha vuelto a ganar terreno, en parte porque es una elección de mera convicción donde los grandes gamonales electorales no dan nada en plata ni en especie, y en parte, quizás, por el espectáculo desagradable de este primer tiempo entre las campañas de Santos y la de Zuluaga, con Uribe detrás voleándole china al reverbero.
3. Las toldas del Uribismo las más disciplinadas. Zuluaga ha ganado una importante etapa, por el golpe de opinión, pero no ha ganado la carrera.
4. Martha Lucía Ramírez y Clara López, ambas ganadoras, aun sin pasar a segunda vuelta. Cautivaron muchos votos con su buen desempeño en los debates y sus partidos serán decisivos dentro de tres semanas.
5. Los votos de Peñaloza no son tantos, pero no son despreciables, también se puede contar como ganador y un excelente ministeriable para que siga haciendo el curso para presidente. El tema a resolver: ¿Ministro de quién?
6. La de Santos la campaña con más votos fugados hacia otros candidatos que hacen que, de alguna forma sea el único perdedor hasta el momento, porque quedó de segundo siendo el candidato Presidente, pero a la vez ganador porque tiene un mejor escenario electoral en segunda vuelta.
7. En general se ha barajado y se han vuelto a repartir las cartas, con tres jugadores menos; las fichas valiosas están en la mesa y el juego está abierto.
8. El mapa político por departamentos, muestra que las zonas con más desarrollo están alineadas con el Centro Democrático y las zonas de la periferia, donde hay mucho por hacer, alineadas con la reelección de Santos y el proceso de Paz. Ahí hay unas claras tendencias de derecha en el primer caso y de centro izquierda en el segundo caso.
9. Para gozo de unos y martirio de otros, los resultados muestran a un Uribe fuerte, con ese liderazgo mesiánico que asusta, pero que a sus fanáticos no les importa analizar.
10. Santos: un "gentleman" reposado, con buenos resultados y excelentes números aunque no bien entendidos por el pueblo, que busca asegurarse un lugar en la historia como el precursor de la paz, de la paz que se ha percibido más cercana.
11. Zuluaga: un hombre preparado y al parecer decente, al que la he ha tocado actuar con un modus operandi odioso y cuestionable, fungiendo como caja de resonancia o muñeco de ventriloquia de un expresidente que se niega a ser expresidente.
12. Francisco Santos: sin comentarios, no hay palabras para tanta necedad y tanto absurdo.

LA PAZ O LA GUERRA

Por James Cifuentes Maldonado.

La paz es un anhelo permanente que bien puede aplazarse, entorpecerse a conveniencia o simplemente dejar que la intenten otros, para no asumir riesgos políticos; El presente gobierno ha decidido que este momento, en la historia de Colombia, es propicio para buscar la Paz, y se la juega en su búsqueda como en el pasado lo hicieron otros gobernantes a quienes no se les negó el derecho.

Sea quien sea el que esté al frente del gobierno, será igual de legítimo elegir el camino de la paz o de la guerra; lo que sí es claro es que la tarea de la paz es más compleja, más desafiante desde el punto de vista social y menos cómoda políticamente hablando, por estas razones buscar la paz es más meritorio.

Hacer la guerra solo requiere la determinación que da un corazón lleno de egoísmo y resentimiento; la estrategia es la más simple y la más cómoda, dilapidar gran parte del presupuesto y de la riqueza nacional en gastos de defensa y en verdad no es mucha la creatividad que ello exige. Hacer la paz requiere la altura y la magnanimidad de reconocer que hay un país lleno de injusticias y que, mientras eso siga así, habrá motivos y habrá excusas para que la gente, con razón, se levante; pero además, en un país convulso siempre habrá buitres y oportunistas.

Hacer la paz exige la grandeza de entender que en este mundo moderno no hay enemigo pequeño y que jamás el poder represivo del Estado podrá eliminar todas las posiciones inconformes y con capacidad de desestabilización, y si esto se pusiera en duda, preguntémonos cuántas guerras libertarias, largas y cortas han perdido los Estados Unidos de América frente a ejércitos infinitamente más pequeños que el suyo.

En un país corrupto y mal repartido siempre estará viva la alternativa del monte y de la clandestinidad, que sumadas a medios sucios como el terrorismo, el narcotráfico y el secuestro, podrán poner de rodillas a cualquier gobierno y de paso a toda una nación.  En un país concientizado de la necesidad de la paz, necesariamente habrá mayores oportunidades. En un país en el que reinen las ideas y el libre pensamiento, siempre habrá un camino abierto para la paz. El pueblo lo decide.

LA JUSTICIA.

Si al final del día, la ley  natural no se concreta y la norma escrita no es útil para hacer justicia en nombre de la dignidad humana, entendida ésta como la raíz de las garantías constitucionales y como el principio impulsor de los fines estatales y, al mismo tiempo, modulador del ejercicio del poder, de las libertades y las cargas ciudadanas y la democratización del progreso, los derechos, como obra de la civilización, estarán bajo sospecha de ineficacia y, en consecuencia, la paz como fin último de la sociedad será una utopía y el Estado la selva.

Es obvio que debe reinar la justicia, ello se ha vuelto una frase de cajón; Por supuesto que debe prevalecer la Justicia, pero no solamente aquella concebida como la decisión más razonable de un juez en un caso determinado, que siempre será discutible porque el derecho es una obra humana y por lo tanto falible; necesitamos más justicia espontánea en la vida cotidiana, en el gobierno que debe dar ejemplo, en el vecindario, en el comercio, en los colegios,  en la iglesia, en las empresas; más justicia en las calles por parte de todos los que transitamos en ellas, ...más justicia en nuestros corazones y en nuestras almas.

Porque la justicia es tolerancia y es respeto y la administramos todos, a diario, con nuestros actos grandes o pequeños y hasta con nuestros gestos.  Porque sin las grandes y pequeñas formas de justicia, de todos los ciudadanos, los notables y los anónimos, estamos permanentemente expuestos a la maldad. 


LA PAZ Y EL INTERES COMUN

La Paz es una causa nacional, por eso resulta inaceptable que se claudique a ella o se descarte porque todo un pueblo se sume ciegamente al interés o a la venganza particular de un solo grupo o de un solo hombre. 

La paz requiere de grandeza y de la disposición de  superar las cosas que yo no se pueden cambiar, por ejemplo lo muertos que ya no podemos revivir; porque la verdadera premisa y lo razonable es garantizar la vida, la integridad y los derechos de los que aún estamos y de los que vienen,  para poder construir una nueva realidad, con sentido de generosidad para transigir y perdonar, porque de lo contrario, más que en un círculo vicioso, quedaremos presos en una espiral creciente de más odio y más violencia.

Si quien aspira a gobernar los destinos de la nación, como faro conductor, no está presto a pasar la página de los odios políticos y sectarios y a darse el regalo del perdón, no es digno de ser elegido. 

La Paz se construye entre dos partes diferentes, que si bien se disputan la legitimidad de su actuar y por lo tanto mutuamente se descalifican, hipotéticamente y necesariamente deben asumirse y aceptarse como iguales en la mesa de negociación para poder llegar al fin esperado de una paz auténtica, verificable, confiable  y duradera. El reconocimiento de la contraparte es fundamental porque terminar con el conflicto no puede contemplarse como el acto simple de aplastar una cucaracha. Los pueblos civilizados no construyen la paz como una dádiva o como un gesto caprichoso de condescendencia con los inconformes y su causa.

Si algo hay claro en el conflicto colombiano es que las partes confrontadas, fundamentalmente no comparten el modelo de estado ni sus ideas políticas, pero si tienen plena identidad en cuanto a los elementos que conforman el alma nacional, como la cultura, la idiosincrasia y el reconocimiento de una sola nación y un solo territorio, distinto a otros conflictos secesionistas o independentistas en los que esos lazos no existen.

Colombia es una sola y hay un orgullo nacional desde El Amazonas hasta San Andrés y desde Arauca hasta el Chocó, aunque es evidente que existe un total desbalance en materia de desarrollo y de satisfacción de las necesidades entre las distintas regiones y ese es justamente uno de los factores del conflicto, el olvido y el abandono, sumado a la disputa por la tierra antiguamente por los grandes hacendados que al menos la hacían producir y más recientemente en manos criminales que concentran grandes extensiones  imposibilitando su utilidad social y económica.

En este contexto, la paz requiere la validación de las expectativas y necesidades de quienes piensan diferente en la búsqueda de un Estado más justo, pero sobre todo exige la capacidad de perdonar y superar los daños y los oprobios ya causados por la guerra, que son infames, sin importar el bando de donde provengan o los motivos que llevaron a cometerlos.

LOS INDIFERENTES Y LOS ABSTENCIONISTAS

Por James Cifuentes Maldonado

Elecciones Presidenciales 2014.

El país que no vota, el 60% de Colombianos que hacen del día de elecciones simplemente una jornada más de descanso, un feriado, de deporte, de paseo o de parranda, no son conscientes de su deber ni de su papel dentro de la democracia, no saben que participar en unas elecciones no necesariamente significa tomar partido, verde, rojo, amarillo o azul; ignoran que su voto, así fuera en blanco, podría constituir la mayor forma de manifestación y protesta ya que, de salir victorioso el voto en blanco en una elección de primera vuelta, como la que acaba de pasar, constituiría toda una revolución sin tirar una sola, piedra, sin disparar un solo tiro.

Hay que tener en cuenta que para la segunda vuelta el voto en blanco será una estadística más, porque ya no tendrá el mismo efecto que podría haber tenido en la primera. El 15 de junio necesariamente habrá un ganador sin importar los votos en blanco y nuevamente sin importar el abstencionismo, que es lo más grave. Aquí la gran conclusión es que para votar en Blanco se necesita ciudadanos mucho más preparados y más conscientes de su rol político. Los abstencionistas hacen lo más sencillo, lo más fácil, lo más cómodo, lo que no requiere un solo grado de inteligencia, no hacer nada o votar por un candidato, sin saber por qué.

De todos modos vaya el reconocimiento para los ciudadanos que si hacen la tarea, los que van juiciosos a votar por cualquiera de las opciones, y que además lo hacen a conciencia porque tienen criterio y saben cuál es el país que quieren.

Santos: El hombre con la Sangre más “azul” de Colombia, un "gentleman" reposado, con buenos resultados y excelentes números aunque no bien entendidos por el pueblo, que busca asegurarse un lugar en la historia como el precursor de la paz, de la paz que se ha percibido más cercana. Su talón de Aquiles: el tema comunicacional; no vende, tal vez porque no necesita. Además lo que se percibe es un presidente consciente de la responsabilidad que tiene al haberse echado el proceso de paz al hombro, y por eso quizás está sosteniendo la caña, pero pareciera que en el fondo ser reelecto no es su mayor interés; de pronto ese desgano tiene que ver con el hecho de que ya fue presidente que era su premisa personal y tal vez puede tratarse de un tema familiar porque su esposa TUTINA ha expresado públicamente que ha sufrido con esta experiencia.

Zuluaga: un hombre preparado y al parecer decente, al que la ha tocado actuar con una estrategia odiosa y cuestionable, posando como caja de resonancia o muñeco de ventriloquia de un expresidente que se niega a ser expresidente. Es posible que le vuelva a sonar la flauta en segunda vuelta, porque tiene algo a su favor y es la opinión de una gran parte del país que no conoce un estado en paz, que no sabe el significado ni los alcances de una nación reconciliada, porque a fuerza de vivir en la guerra, a la que se acostumbraron, no conciben otra salida que la victoria militar.

La prostitución de la democracia.

Por: James Cifuentes Maldonado.

Sencillamente desconcertante, por lo absurda, la conclusión de un opinador político del día de hoy en declaraciones dadas a la radio, según las cuales en la costa atlántica de Colombia, se está acentuando el fenómeno del abstencionismo electoral, porque definitivamente, la gente no quiere votar si no les dan algo a cambio. Y no digo que el opinador no tenga razón, de hecho la tiene; es una triste realidad que en nuestro país la corrupción nace justamente de las prácticas clientelistas en la política y en los vicios propiciados por los mismos políticos, que se aprovechan de la ignorancia, la necesidad y la "agalla" de las personas, generalmente de estratos bajos, para hacer de las elecciones una feria donde la gente vende su voto al mejor postor; Pero lo más grave es que no hay conciencia de un mal actuar, porque la gente cree que eso es normal, mejor dicho, la creencia popular en muchas regiones es que lo anormal en unas votaciones es que no haya transporte gratis, tamal, lechona, camiseta, y hasta plata en efectivo. Y así es muy duro hacer democracia.
Pero ojo, que la prostitución del voto en la boca de la urna no es la mitad de lo aberrante que la prostitución del voto por parte de los dirigentes en sus directorios, que compran y venden avales políticos como si fueran mercancías, sin escrúpulos y sin apego a ideología alguna; por eso es que en Colombia los políticos se acuestan liberales y se levantan conservadores, sin mostrar el trasegar de esa metamorfosis. Y los seguidores votan por los tránsfugas, porque al final no entienden ni les importa para donde va su voto.

Hay que entender que, como parte del Estado que somos, ya estamos recibiendo lo que es posible recibir, mucho o poco, de acuerdo con las circunstancias, porque todos somos parte del Estado, para bien o para mal, y precisamente la mejor forma de hacer que la realidad cambie y tengamos más justicia social, es ejerciendo responsablemente el derecho y el deber del voto. Es posible que estas notas sean un grito dado a oídos sordos, porque es probable que quienes cambian el voto por un tamal, no tengan cuenta en Facebook; pero en fin es un granito de arena, para que mis amigos me ayuden a hacer cultura cívica y democrática; si alguna vez han vendido su voto,.... no lo vuelvan a hacer, no sólo es un delito, es un ataque frontal a la decencia.

VIVIR

Por: James Cifuentes Maldonado.

Comenzando el año resultan propicias algunas reflexiones sobre la existencia.

De alguna manera, dentro de los límites que son innegables y necesarios, hay que vivir como a uno le venga en gana, es decir, hacer lo que se puede cuando uno quiere, respondiendo al instinto y al impulso, porque solo así sabemos de qué estamos hechos y solo así descubrimos nuestros talentos.

Hay que escuchar a los viejos, no porque ello nos pueda garantizar evitarnos algún dolor o inconveniente en el recorrido del camino que todos debemos andar, sino porque lo nuevo y hasta lo inevitable resulta más llevadero cuando tenemos varias versiones para confrontar; no escuchar a los mayores equivale a tomar la decisión de adentrarnos por un camino solitario, sin luz y sin brújula.

La combinación del consejo ajeno y la experiencia propia es lo que da origen a lo que llamamos criterio y el criterio es el primer elemento de poder y de autoridad de los seres racionales, que nos permite actuar; tan simple como cuando el niño toca la llama que le quema un poco, lo suficiente para enseñarle el respeto que hay que tenerle al fuego pero sin dar lugar al miedo que le prive de su calor.

Es un hecho que la tecnología y la mayor oferta de entretenimiento pueden hacer la vida más fácil, pero eso no significa que pueda ser más intensa o mejor, porque en tanto se hacen muchas cosas a la vez o nos dedicamos obsesivamente solo a una, se pierde la noción del tiempo y la vida pasa y la existencia se agota sin disfrutarla;

El valor de la vida está en ciertos momentos, a solas, en pareja o en familia, en los cuales prepondera el poder de los sentidos, es decir aquellos en los que tenemos la total disposición para pensar, soñar, imaginar, ver, escuchar, tocar, masticar lento y saborear, momentos para mirar a los ojos y para amar; en la medida en que generemos muchos de estos momentos la vida se hace inolvidable, para nosotros y para aquellos que nos quieren; solo el amor nos hace inmortales.

El reconocimiento y la fama, no son necesidades son consecuencias; el reconocimiento nace de los méritos, es duradero y llega cuando lo que se hace sale bien y es útil; la fama es la sensación y el morbo de las cosas que simplemente se hacen públicas, buenas o malas, bonitas o feas, es un estado que se desvanece tan rápido como llega. El reconocimiento se logra solo estudiando, trabajando y sirviendo, en tanto que la fama es un albur, no exento de riesgos, que se consigue, por ejemplo, desnudando nuestra vida en Facebook o en YouTube

CERO IMPUNIDAD

Por: James Cifuentes Maldonado.

Si la intención del candidato Oscar Iván Zuluaga es hacer La Paz con condiciones para que haya cero impunidad, es interesante pero discutible, porque es impropio hablar de "negociación" sin aceptar que negociar conlleva necesariamente algo de transigencia; si no es así, no hay negociación y seguimos en la misma espiral de guerra. Por esto la expresión cero impunidad es a todas luces inconveniente, porque es excluyente de cualquier esfuerzo de paz. El nivel cero de impunidad solo se asegura con la aniquilación del adversario, pero no asegura la Paz duradera y estable, porque los vencidos tienen memoria y además tienen hijos, que luego reivindicaran su resentimiento.