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lunes, 26 de mayo de 2014

Los niños de Fundación.

Por: James Cifuentes Maldonado.

La sucedido en Fundación es uno de esos hechos que a uno no le gusta ver ni oír en las noticias, por el inmenso dolor que conlleva, pero al final uno sabe que eso ha sucedido, que es verdad y que hay que afrontarlo. Yo, de la forma como concibo a Dios, le pido que, si existe el cielo, esos niños que fallecieron estén en ese cielo y que los padres puedan superar esa tragedia, aunque difícilmente un ser humano podría superar semejante pérdida, sobre todo por la forma en que se dio. Por mi parte, cada vez que abrazo a mis hijos, no puedo evitar imaginar la terrible suerte de esos niños calcinados y entonces aprieto más fuerte a mis pequeños y doy gracias por tenerlos. Porque los niños , hasta que pierden la inocencia, solo saben ser felices, lo demás, su cuidado y su seguridad, es nuestra tarea y nuestra responsabilidad. Los niños de Fundación murieron inocentes, porque el destino les jugó una mala pasada, pero sobre todo porque alguien no cumplió su deber. Ese alguien son muchas personas , empezando por sus padres que no fueron previsivos, por el dueño del bus que no le hacía mantenimiento, por el conductor y su imprudencia y por las autoridades que no aplicaron los controles y correctivos que tenían que haber sido aplicados antes de ese maldito viaje.

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