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viernes, 31 de julio de 2015

LA MUERTE QUE INVITA A LA VIDA.




La muerte en su inminencia, en su naturaleza inexorable, en su realidad, cada vez que se lleva uno de los nuestros, a través del vacío que nos deja, es un llamado a la conciencia, un lúgubre y breve recordatorio, para que no cesemos en la búsqueda del verdadero sentido de la vida; es una invitación a fijar los ojos en el reloj y seguir el lento pero constante movimiento del segundero, para entender, cuando se completa cada vuelta, que nos queda un minuto menos para ser, un minuto menos para estar.

La verdad incontestable de que algún día nos  iremos, que desapareceremos, dejando nuestro propio vacío, es un estímulo a aprovechar cada momento, a exprimir cada instante, disfrutando más de los seres que nos quieren y que queremos, porque no es seguro que la eternidad signifique otro tiempo, porque es incierto que volvamos a verlos.

Porque, al final, por prósperos que hayan sido quienes ya se fueron, vacío y silencio, es lo único que de ellos tendremos, y, de la soledad, nos rescatarán solo los recuerdos.

James Cifuentes Maldonado

sábado, 25 de julio de 2015

Nairo, el campeón que llegó de segundo.



Por James Cifuentes Maldonado


Cierto es que las victorias morales de poco sirven y que no suelen trascender en la historia, sin embargo, lo que Nairo Quintana ha hecho, en el Tour de Francia, supera ampliamente el desempeño de hace dos años, cuando, igual, quedó segundo, pero no con la categoría con la que corrió las 20 etapas hasta Alpe D’Huez, en donde, coincidencialmente, ocupó la segunda plaza; pero, insisto, la posición no dice nada, lo que hay que valorar es en qué forma el boyacense llegó en ese lugar. 

Si hacemos un análisis ponderado de todo lo sucedido, tomando en cuenta todas las variables y dejando en su contexto lo que pasó en la segunda fracción en Zelande (Holanda), en el corte que le quitó a Nairo minuto y medio y lo ocurrido en la subida a Saint Martin, cuando Cris Froome ganó la décima etapa, en una soberbia y sospechosa demostración de superioridad, es inobjetable llegar a la conclusión de que, libra por libra, pedalazo por pedalazo, nuestro corredor ha sido el mejor; la historia moral, para el mundo, especialmente para nosotros los colombianos, dirá que el campeón del Tour de Francia 2015 fue Nairo Quintana, por detrás de un fenómeno nacido en Kenia y adoptado por Inglaterra, llamado Cristopher Froome al que no se le van a quitar los méritos, porque los tiene, él y su equipo el Sky, que dieron la batalla y defendieron unas posiciones y un resultado que, si bien se notaron al final, se sentenciaron en las etapas mencionadas, que fueron hechos aislados.

Lo sucedido en esta edición del Tour es para tenerlo claro, hay que dejarlo escrito y no olvidarlo, porque representa la gesta más importante de nuestros ciclistas, desde cuando incursionaron en la élite mundial de este duro deporte, que se reúne año tras año en la ronda gala; luego del paseo de la victoria por los Campos Elíseos, la celebración no será solo del Sky y de su capo el sorprendente Froome, ya que en la foto del podio, en los cajones de la derecha y de la izquierda estarán dos señores ciclistas, Quintana y Valverde, que, con Movistar, el ganador por equipos, hicieron todo lo que tenían que hacer y dieron todo lo que tenían para dar.

Para la prensa especializada y para los hinchas rasos, como yo, el campeón ha sido Nairo, con la anécdota de que Froome llegó primero. Porque este segundo título para el británico no le va saber igual que el logrado en 2013, porque su poder ahora ha sido tanto que ni el mejor, Nairo, pudo alcanzarlo y eso es lo que quedó en el aire a manera de duda y eso es lo que la gente se quedó pensando.



viernes, 24 de julio de 2015

Hay esperanza en Venezuela





Hay esperanza en Venezuela, hay vestigios de cordura y de lucidez, en una nación venida a menos por el folclorismo y la torpeza, de unos líderes que perdieron el rumbo. 

Esta muestra de inteligencia, a través del buen humor, es un bálsamo que revive la ilusión de un pueblo que no renuncia a recomponer el camino y a retomar su grandeza.
 
 

Se acabaron los plazos en el Tour 2015, Alpe D'Huez tiene la palabra



Para que no se la pierdan, incluyo el perfil de la etapa de mañana en el Tour de Francia que promete muchas emociones luego de lo acontecido el día de hoy, cuando por fin, pudo verificarse que el líder Cris Froome, siendo un súper dotado, no es imbatible.
Aunque han sido solo 32 segundos los que Quintana ha recortado en le general, son muy significativos por la forma en que se ha venido dando la carrera con un Cris Froome, hasta hoy, invulnerable y bajo sospecha; Aunque sea inútil, para el anecdotario quedará esa segunda etapa, en Zelande, Holanda, en la que Nairo perdió un minuto y medio por un corte desafortunado en el lote, por las inclemencias del viento, que, de no haber sucedido, hubiera permitido un desarrollo bien diferente del resto del Tour.
Hoy ha quedado la evidencia de que nuestro escarabajo tiene mucho para dar y que las páginas más memorables de su historia están por escribirse, recuerden que tiene 25 años y que le queda por correr su mejor lustro dentro de la vida de alta competencia de los ciclistas. 

jueves, 23 de julio de 2015

EL FEMINICIDIO - En memoria de Rosa Elvira Cely



Por James Cifuentes Maldonado


Rosa Elvira Cely; así se llamaba una bogotana, que luchaba por salir adelante como cualquier mujer humilde de Colombia, estudiando y trabajando, para ganarle la partida a la vida, hasta cuando, en una fría madrugada, en el Parque Nacional, un embrutecido hombre, tal vez dos, bajo el efecto de quién sabe qué, decidieron no solo acabar con sus sueños, sino con toda su dignidad, por la forma macabra en que la asesinaron, tanto, que el hecho logró tocar las fibras más sensibles de una sociedad ya acostumbrada a las más extremas manifestaciones de violencia, al punto de parecer que ya nada le asombraba.

Pero estas notas no son para hablar de las circunstancias en que murió Rosa Elvira, porque ya bastante impresión y dolor se generaron, en su momento, con la noticia en todos los medios de información; quiero referirme, en su lugar, a la creación legal que lleva su nombre y que surge como un intento de reivindicación o desagravio póstumo, frente a un acto que no tiene perdón ni redención; hablo de la ley 1761 del 6 de julio de 2015.

En principio no comparto lo que los sociólogos han llamado la discriminación positiva, tendiente a cerrar las brechas de desigualdad que hay entre las personas, ya que es un hecho, que en nuestro orden constitucional, se ha derrumbado el paradigma de que “todos somos iguales”, porque en realidad somos diversos y diferentes y corresponde al Estado, a través de los instrumentos legales, generar las condiciones para que todos tengamos las mismas oportunidades, para la materialización y el goce efectivo de los derechos.

Y digo que no comparto el concepto, aunque es loable el fin, por cuanto, en ese propósito de asegurar el acceso igualitario a las garantías del Estado Social de Derecho, se viene legislando en favor de ciertos segmentos sociales discriminados, ya sea por razones étnicas, culturales, económicas o de género, como en el caso de los homosexuales o de las mujeres, olvidando que, la mera expedición de una norma, no trae soluciones, y por el contrario en el afán de visibilizar esos grupos y generar conciencia alrededor de ellos, los deja más expuestos al prejuicio y al ataque de quienes pregonan ideologías radicales.

Pareciéndome que el homicidio es igual, si la víctima es un hombre o una mujer, ya que el derecho fundamental a la vida no admite discusiones de género, debo decir que la ley 1761 o la ley “Rosa Elvira Cely”, que establece la figura del feminicidio, será una ley más, condenada a quedarse en letra muerta si el Estado no toma las medidas pedagógicas necesarias para cambiar la realidad cultural de nuestro país, caracterizada por una idiosincrasia machista y proclive a ver a la mujer como un objeto, como una propiedad.

Mediante la ley 1761 se crea un nuevo tipo punitivo y unas circunstancias de agravación del homicidio, cuando dicho delito recae en las mujeres, propiamente por su condición de género, y la consecuencia es que las penas privativas de la libertad se han doblado e incluso triplicado, lo cual no significa que, por ello, las mujeres en Colombia dejarán de ser asesinadas. Es claro que no va a pasar nada, si en el mediano o largo plazo no intentamos cambiar el chip cultural, fortaleciendo la escala de valores de nuestros niños y de nuestros jóvenes, para construir una nueva sociedad, en la cual no haya necesidad de una ley que diga que hay que respetar a los homosexuales, a las mujeres o a las minorías étnicas.

Para mi gusto entonces, lo más destacable de la ley Rosa Elvira Cely es que, en sus disposiciones finales, ordena al Estado poner en práctica en el sistema educativo una vaina bien llamativa que han denominado “la perspectiva o el enfoque de género” la cual entiendo como una nueva asignatura en escuelas y colegios orientada a que, los estudiantes, tempranamente se reconozcan en su condición de hombres y de mujeres, se valoren y se respeten, y especialmente que se genere reflexión sobre la protección de la mujer como base fundamental de la sociedad. Ojalá esto se cumpla porque creo que, en realidad, por aquí es la cosa. 


Por lo pronto, que Rosa Elvira descanse en paz, y que la justicia para ella, no se limite a la condena de sus asesinos, ni a la promulgación de una ley; que su memoria y su sacrificio sean útiles para la plena seguridad de las mujeres, de las nuevas generaciones, cuando hayamos crecido como sociedad.   









viernes, 17 de julio de 2015

Los inconvenientes de la paz.


Por James Cifuentes Maldonado
La opinión del señor Caballero, en la Revista Semana , en el artículo “El señor Presidente”, a propósito del nuevo anuncio de la guerrilla de las FARC, sobre un nuevo cese unilateral de hostilidades, en mi sentir, refleja las tensiones y contradicciones de esta sociedad colombiana que se debate entre los sueños de paz y la crudeza de la guerra, hace más de 50 años; un conflicto en el que definitivamente no hay ganadores, porque en el largo plazo todos los que sobrevivimos somos perdedores, sin hablar de los cientos de miles de muertos  que ha dejado la violencia; un conflicto en el que  hay mucha gente acomodada;   gente a la que no le interesa vivir en un país tranquilo, porque en un escenario de paz, sin el fuego de los fusiles en el monte y sin el peso de las botas militares, el modelo de Estado necesariamente debería ser más justo; porque, imaginemos, con una sociedad reconciliada, sin guerrilla, sin paramilitares y sin una fuerza pública de un millón de efectivos, como la que tenemos y que se traga el 4% del producto interno bruto, ¿Qué nos pondríamos a hacer? ¿A quién le echaríamos la culpa de nuestro atraso y de todos nuestros males? ¿De qué hablaríamos?
A mucha gente no le gusta la paz y mucho menos aportar para su consecución, porque el "estado de sitio" y el desorden que produce el terror favorece sus intereses; porque en río revuelto ganancia de pescadores; porque en tiempos de paz solo se puede hablar de derechos, de equidad, de obras y de progreso; por eso la guerra es un caballo de batalla, de pura sangre y de paso fino, del que muchos gamonales no se quieren bajar.
A mucha gente le cae gorda la paz porque, alcanzando dicho estado, no nos quedaría más que trabajar y concentrarnos en desarrollar el potencial que Colombia tiene, con todo y lo que implicaría mirar y tirar para un mismo lado, en este país feudal y de castas. 

Se le pone a uno la piel de gallina al escuchar las continuas declaraciones del general Jaime Ruiz, presidente de Acore (Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares), con ese tono de voz castrense, tosco, exagerado, casi caricaturesco, descalificando el proceso de paz, simplemente porque si, sin darle una sola oportunidad; olvidando que, si bien los militares deben estar comprometidos en la defensa del pueblo a través de las armas, el compromiso no debe ser menos cuando el gobierno y la sociedad se han empeñado en alternativas más civilizadas o por lo menos diferentes a las que se han aplicado, sin frutos, durante más de medio siglo. 



lunes, 6 de julio de 2015

LA CULPA NO ES DE MESSI.






Por James Cifuentes Maldonado


La diatriba en que se han empeñado los periodistas de la Argentina contra Messi, deja muy mal parado, no a la estrella del Barcelona, sino a todo el fútbol argentino, porque muestra claramente la dependencia de un solo jugador. Afrontar de esta manera los torneos es como cuando una persona viaja con la plata precisa para el pasaje, si se le pierde una moneda, queda varada. El fútbol es más que una figura, el fútbol es colectivo, es la asociación para un objetivo, es armonía, es entendimiento, bajo la batuta de dos líderes, uno en la cancha y otro en la raya, de lo contrario, es un mero albur.

Yo a Messi no lo culpo, porque él no es todo el equipo y porque él, será de todo menos un líder, su temperamento no le da para ser capitán; él simplemente es un talento natural, tan brillante, que su genialidad la han asociado al componente de autismo que se cree que tiene y que explicaría, su silencio, su discreción y su cabeza gacha en muchos partidos; porque, por lo uno o por lo otro, Messi no es un ser normal, como tampoco son normales los argentinos, que se creen de otro planeta y explican la derrota en todos los motivos posibles, menos en el hecho de que fueron inferiores; lo fueron contra Alemania en el mundial y lo fueron ahora contra Chile en la Copa América, competencia que, entre otras cosas, a la petulante prensa gaucha, le parece un torneo de tercera.

Es un hecho que históricamente gran parte del poder de los seleccionados de fútbol argentinos se ha basado en el temperamento, en su agresividad, muy cercana a la patanería y la grosería, a lo Maradona, a lo Simeone, a lo Mascherano, muy parecido a la cuestionada garra uruguaya, de tal manera que, cuando juegan decentemente, se vuelven normalitos, dan ventaja y tienen gran probabilidad de perder.

La culpa de este fracaso albiceleste habría que buscarla empezando por el técnico Gerardo el “tata” Martino, pero muy complicado, porque es tal la tozudez de este señor que, en la rueda de prensa, se atrevió a decir que hacía un reconocimiento a Chile por lo hecho en toda la copa, pero que, referidos específicamente al partido de la final, el mismo mereció ganarlo Argentina; es posible que el “tata” haya estado mirando para otra parte, menos para la cancha; no hay derecho a tanta arrogancia y por eso es que están como están; por eso el continente celebra el campeonato de la roja chilena, mientras, desde la Pampa hasta la Patagonia, desde Mar del Plata hasta los Andes, los argentinos se dan golpes de pecho y se rasgan las vestiduras. 

 


 

viernes, 3 de julio de 2015

EL REGALO DE MORIR




Por James Cifuentes Maldonado


Siendo triste, debemos sentirnos orgullosos de lo que hemos logrado como sociedad; el ejercicio del derecho a morir dignamente, del cual ha hecho uso el pereirano Ovidio González, representa en nuestro país y en Latinoamérica, la más elevada muestra de desarrollo humano, civilización y avance jurídico. Es el inicio de un cambio de un chip cultural y de una idiosincrasia amarrada a los lastres que ha impuesto la religión católica, la cual, a la mejor manera de un dictador, ha venido engrupiendo en nuestras mentes la idea del pecado y la soberanía divina, hasta en los actos que corresponden a la esfera más íntima de los individuos, como, por ejemplo, la voluntad de irse de este mundo, cuando se está cansado y cuando la vida no ofrece posibilidades óptimas de relacionamiento y de disfrute, como sucede en los casos de enfermedades terminales acompañadas de dolor incesante.

Me despiertan la más grande admiración y respeto, el temple y la determinación, no solo del señor Ovidio, sino además la de su familia; una familia, unos hijos, capaces de pensar de manera tan generosa, desprovista de egoísmos, en este tipo de situaciones, merece todo el reconocimiento como personas avanzadas. Porque cuando alguien padece un martirio y un dolor, que hace preferible la muerte, los dolientes del paciente en realidad sufrimos por nosotros mismos y no tanto por el paciente; somos mezquinos al pensar que el ser que queremos nos dejará solos, nos da miedo su ausencia y somos cobardes para enfrentar el desapego, pero no pensamos en el alivio y el descanso que el enfermo terminal necesita.

Facilitar la muerte pacífica, como lo quiso el señor Ovidio González, es una obra piadosa que en la actualidad se practica normalmente en los animales y no entiende uno por qué no habría de aplicarse con los seres humanos, máxime cuando, para llegar a esa lamentable decisión, ha mediado la voluntad plena, directa y consciente del interesado. Ese es el cuestionamiento que le traslado yo a la Procuraduría, entidad que se ha empeñado en ir contra la corriente en el tratamiento de los temas que marcan la dinámica del mundo moderno, bajo premisas dogmáticas, retrógradas, ajenas a la esencia de los derechos y las libertades civiles, que invaden y violentan la conciencia de las personas, atentando contra el modelo de estado laico que elegimos democráticamente, donde justamente la constitución gravita alrededor de los derechos de los individuos, sin miramiento alguno a preceptos religiosos.

 Alguien propuso que Dios, representa un “amigo imaginario” para los adultos que han elegido esa concepción como base de su vida espiritual; pues bien, esa elección, que es legítima, para esas personas, no les da derecho a pretender que el resto pensemos igual.