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domingo, 29 de junio de 2014

Colombia encanta... y Costa Rica sorprende.

Por: James Cifuentes Maldonado.

 
 


Justo es reconocer el campañon que se ha hecho la selección de Costa Rica en el mundial; Colombia tiene un equipo que es una verdadera sinfonía y nos ha deleitado y nos ha permitido ver sus partidos sin mayores sufrimientos, por su enorme superioridad táctica, colectiva e individual, que se refleja en 4 victorias maravillosas, pero frente a rivales que no le han dado la talla. Por su lado Costa Rica igualmente está haciendo historia, ha llegado a cuartos de final, dejando en el camino nada más y nada menos que al grupo que llamaron de la muerte, Italia, Uruguay e Inglaterra, y hoy se sacó de encima a esa insípida pero incómoda Grecia.

Es más, si se quiere, tiene ahora Costa Rica el camino menos sinuoso porque no le toca vérselas con el anfitrión. Brasil será para Colombia la verdadera prueba, ahí sabremos la justa medida de la grandeza de los nuestros.

Felicitaciones para Costa Rica y su técnico colombiano, Jorge Luis Pinto, tan sabio en fútbol como mal humorado, no en vano es Santandereano; esperamos que pueda seguir sorprendiendo y que supere a Holanda, ya que le ha cogido el tiro a los históricos.


Para Colombia toda nuestra fe y el convencimiento de que podemos avanzar, porque tenemos el mejor equipo, al menos el mejor que yo he visto. Al mismo tiempo tengo que decir que este Brasil de ahora, es el más feo que he visto en los últimos mundiales; pelotazo a Neymar y pare de contar. 

Por lo anterior, desprovistos de toda euforia, aunque hay motivos para estar eufóricos, a la luz de los partidos vistos, al calor de los resultados y de los números conseguidos, Colombia es favorita el próximo viernes, así las casas de apuestas digan otra cosa. 

miércoles, 25 de junio de 2014

Que se preocupen los uruguayos...


Por: James Cifuentes Maldonado.


 
Cuando la espuma de la cerveza se sube hay que saborearla antes que se repose, por eso ahora que la pasión del futbol colombiano está en lo más alto, hay que hablar de futbol, con la comodidad y la tranquilidad que dan los buenos resultados. 

Pero no me refiero solo a esos tres maravillosos partidos que nuestra selección nos ha regalado en este mundial, que la han llevado a clasificarse a octavos de final con el peso y la categoría de los grandes, con una performance perfecta con 9 puntos de nueve posibles, con nueve goles que hablan por sí solos de su vocación ofensiva y con dos goles en contra, que bien analizados, indican que es un equipo equilibrado en su planteamiento, que hace y deja hacer, y eso para el espectáculo cuenta mucho; no, en realidad me refiero a todo un proceso que inició en la segunda parte de la eliminatoria  que mostró toda una metamorfosis sorprendente de la selección de la mano de ese señor técnico que es José Néstor Pekerman, porque, a todo señor todo honor.    

Pekerman, un maestro, un líder que ha sabido administrar un puñado de individualidades y de talentos naturales que Colombia siempre ha tenido, pero organizándolos alrededor de unas premisas de trabajo colectivo, de seriedad y de profesionalismo dentro y fuera de la cancha, que, si nos fijamos, fue exactamente lo que le faltó a Colombia en el mundial de Estados Unidos 1994, que pensándolo bien tenía muchas más estrellas que las que hay ahora, ponderando el momento obviamente.

La actual selección nos confirma que no basta con tener excelentes jugadores, que, insisto, Colombia siempre los ha tenido; para llegar a tener resultados consistentes y construir una marca futbolística hay que ir más allá del nacionalismo y del folclore que despierta un buen partido; y en este sentido todos los jugadores que han participado en el actual proceso han mostrado que saben manejar la presión y sobre todo no se han desconcentrado de sus objetivos, a pesar del gran barullo, las adulaciones y el triunfalismo, que generan los medios de comunicación, y es aquí donde se ve la mano del señor Pekerman, que se nota incluso en el discurso de los jugadores, cada vez que dan declaraciones a la opinión pública.  Que orgullo escuchar a James Rodríguez o a Cuadrado, con ese aplomo,  esa seriedad y esa seguridad que solo tienen los que saben para donde van y están conscientes del camino.

Sin demeritar el pasado, que pasado es, y sobre ese pasado hemos construido, es reconfortante poder decir que al fin contamos con un equipo de carácter y de jerarquía, con la combinación ideal de juventud y veteranía, que da la frescura  de pensar en el paso que sigue, el partido con Uruguay, sin las angustias y las incertidumbres extra futbolísticas que pesaban en otras épocas; no, ahora podemos estar tranquilos, sabemos lo que tenemos y sabemos quién es el rival, y  por ello el partido no se ha perdido antes de afrontarlo, al contrario, si nos apegamos a la dinámica de los resultados inmediatos, es innegable que Colombia,  como nunca antes,  es la gran favorita, favorita del corazón pero también favorita en el contexto de una realidad  que muestra a un país que ha fortalecido su ADN y su identidad futbolística, con un juego históricamente exquisito de buen trato al balón, aderezado ahora con jugadores más resueltos y más frontales en la búsqueda del arco contrario.  

Esto es lo que hay, esto es lo que tenemos y con esto es que vamos a enfrentar a Uruguay, adversario circunstancial que no es una incógnita porque lo conocemos bien, porque lleva 100 años jugando de la misma manera, con simpleza y con garra, y por lo tanto es un desafío más en la curva ascendente del futbol colombiano, que no empieza y no termina en Brasil 2014.    

Por todo lo anterior,… que se preocupen los uruguayos, que no le pongan bozal a Suarez, porque Colombia en este mundial tiene 23 titulares, que no se asustan con un mordisco.

 

 

 

martes, 17 de junio de 2014

EL LICOR NOS HACE EVENTUALMENTE DELINCUENTES


Por: James Cifuentes Maldonado.



Más allá de que hay teorías y definiciones muy elaboradas e incluso sofisticadas de lo que es DOLO y DOLO EVENTUAL, yo entiendo estas figuras, la primera como la actuación consciente y deliberada de una persona dirigida a causar un daño a través de la materialización de un delito, contra otra persona o contra sus bienes. En tanto que el dolo eventual al final se concreta cuando, conscientes de que una actuación nuestra puede derivar en un daño para otro, de todos modos actuamos, más que imprudentemente, haciendo caso omiso de que esa posibilidad se puede materializar por la suma de muchas circunstancias algunas de las cuales dependen de nosotros y otras que no y que aumentan la peligrosidad de lo que hacemos.  Un ejemplo del dolo puro y simple es tomar la decisión de matar a alguien motivado por algún oscuro interés; y el ejemplo del dolo eventual es el que se desencadena para cualquier persona que luego de tomarse unos tragos y sabedor de que en dicho estado ya no debe conducir de todos modos lo hace y en el recorrido hacia su casa arrolla y mata a una persona.

En el DOLO EVENTUAL aunque pareciera discutible el elemento de la conciencia previa o de la premeditación de la persona sobre la ilegalidad y peligrosidad de su acto, hay que anotar que dicha conciencia o premeditación no  se remonta al momento mismo en que ha ingerido licor o ha consumido cualquier sustancia que altere sus sentidos, y no lo es porque en esta sociedad moderna tan bombardeada por los medios de información y las redes sociales, es imposible que alguien no conozca la dimensión de la problemática de los conductores ebrios, luego,  en estos casos el DOLO EVENTUAL se puede empezar a configurar muy tempranamente, mucho tiempo antes de la tragedia, por ejemplo desde el momento mismo en que estando en nuestra casa en la mañana de un viernes cualquiera empezamos a planear lo que haremos  en la noche, existiendo la gran posibilidad  de que nuestra jornada termine en fiesta o en juerga, y aun así decidimos transportarnos en nuestro propio vehículo. Es desde ese momento entonces, y no después, que empezamos a ser culpables, o dicho de otra manera, desde ahí empezamos a echarnos la suerte como eventual delincuente. 

Yo he sido en múltiples ocasiones irresponsable por haber conducido con tragos e incluso totalmente embriagado, y cada vez que lo he hecho me he sentido muy mal y me he preguntado ¿cuándo será que no lo haré más?, ¿cuándo será que el ángel que me cuida de pronto se me baja del carro y sucede algo terrible? como por ejemplo despertar en un hospital o en un calabozo con la noticia de que maté a dos o tres personas. Y precisamente porque yo he tenido suerte y no me ha pasado nada es que invito a todos mis amigos, y a los que no lo son, a que imaginemos esa escena de la tragedia de una persona muerta o gravemente lesionada por culpa nuestra, persona que incluso puede ser un familiar nuestro; los invito a que nos pongamos en la situación que están viviendo tantas personas a las que ya esa tragedia les pasó, para que hagamos conciencia y paremos, ¡por favor paremos!; no hay motivo, razón ni excusa para que manejemos tan siquiera con un trago de licor encima.   Imaginemos que un momento de irresponsabilidad nuestro puede arruinar la vida de otras personas, de las que mueren y la de sus familiares que dependían de ella y se amaban entre sí; incluso arruina la vida del causante.  Porque en realidad son dos tragedias, la de las víctimas y la del borracho y su familia.  Cuando más es posible que el borracho sea pudiente y pague mil millones de indemnización y 5 años de casa por cárcel, lo cual es injusto frente a quien carece de esa posibilidad por no tener apellido ni plata, pero igual siempre será una tragedia. 

Hace un tiempo ya, escuché unas declaraciones del señor comandante de policía de Bogotá en las que decía que “el tema de los conductores ebrios es un problema de cultura”, y eso pareciera sonar a una frase desgastada y de cajón, pero no por trillada deja de ser verdad, porque en realidad es un problema que tenemos arraigado en nuestra sociedad, una sociedad bebedora y orgullosa de serlo, una sociedad a la que no le importa y al contrario presume de que el licor haga parte de todas las celebraciones e incluso de las ocasiones  tristes; una sociedad en la que los padres beben y se emborrachan en la sala de su casa frente a sus hijos sin ningún recato; una sociedad en la que en un pasado reciente beber en el carro quemando gasolina por toda la ciudad sin rumbo determinado era el programa de fin de semana, incluso sonando una canción parrandera que decía “¡aguardiente pal chofer!” y no era charlando,  al conductor era al primero que le daban el trago; una sociedad que en el último y en el primer día del año se embrutece en familia, con licor y al son de la pólvora y los voladores, … y después nos quejamos de que todo es un problema de cultura. La verdad es que el problema somos nosotros que hacemos la cultura.

lunes, 16 de junio de 2014

Mi Top 10 de los ganadores y perdedores de las Presidenciales, Colombia 2014.

Por: James Cifuentes Maldonado.




1. Ganó la paz, que aunque sigue siendo una mera expectativa, ha recibido un voto de confianza de una mayoría de colombianos que no renuncia a la esperanza legítima de vivir en un país reconciliado y mejor. Porque no hay mal que dure doscientos años, ni país que lo resista.
 
2. Ganó Juan Manuel Santos, el verdadero dueño de la Z del zorro, que como político de carrera, en los últimos 15 días reaccionó y sacó adelante una campaña plagada de mala leche, desde todos los bandos, porque al final los candidatos de la segunda vuelta se nivelaron por lo bajo, es decir, optaron por centrarse en la estrategia del desprestigio del rival, antes que propender por el debate de los programas y las ideas.  Pero se le abona al Presidente que logró sumar adeptos desde las orillas menos imaginadas.
 
3. Ganó Oscar Iván Zuluaga que se va a tener que tomar un buen tiempo para procesar, entender, asimilar y potenciar el valor del capital político que acaba de amasar. Si bien es cierto que Zuluaga, por estrategia, debió fundirse en los huesitos, las carnitas y los tres huevitos de Uribe para ganar reconocimiento, al punto que impostó la voz y los gestos para quedar en una caricatura odiosamente igualita, también es cierto que puso mucho de su propia cosecha, en lo relevante, y le mostró al país que es un hombre preparado, inteligente y que tiene más carisma del que pensábamos.    
 
Zuluaga desde el lugar que se ha forjado en la derecha, podrá consolidar su talla presidencial si logra desmarcarse de la sombra de su mentor y saca a flote su verdadero talante de un hombre honesto, civilizado, académico y demócrata.
 
En el Centro Democrático Uribe es dueño de los votos que en marzo pasado sacaron sus listas al Congreso, de nada más, porque de ahí en adelante son votos nuevos conquistados por Zuluaga, quien, por tanto, debe imponerse como jefe de su partido y seguir en la oposición y en el debate con nombre propio.
 
4. Ganó el país democrático, que además de lo sucedido con Zuluaga, ha logrado nuevas figuras y nuevos liderazgos que refrescan una escena que hace 5 años estaba dominada por un solo nombre.  Quedan en la fila dos mujeres con una estatura política inmensa como Martha Lucía Ramírez y Clara López, que salvaron los debates con sus posiciones reposadas y pensadas. Siguen vigentes German Vargas Lleras y Carlos Holmes Trujillo, escuderos fieles y consistentes, que sacaron la contienda de la conversación pesada entre Santos, Uribe y Zuluaga.
 
5. Ganó la izquierda colombiana que a pesar de sus diferencias con el gobierno y con el establecimiento, tuvo la sensatez y el coraje de tomar una posición acorde con las circunstancias políticas del país, para evitar un retroceso y la ralentización del proceso de paz.   Esta vez, como nunca antes, la izquierda ha sido protagonista del viraje en el rumbo del país.
 
6. Perdió Enrique Peñaloza, que no tuvo el criterio ni el valor de tomar partido, y, dejando en libertad a sus electores para la segunda vuelta, lejos de lograr un reconocimiento de ecuanimidad, quedó mal con todo el mundo.

Algo muy parecido le sucedió al senador Jorge Enrique Robledo, quien da la sensación de estar nadando contra la corriente, porque, sorprendentemente, siendo la figura más prominente y con más capacidad de debate de la izquierda Colombiana, le ha faltado visión estratégica y hasta humildad, que también es grandeza,  para identificar y admitir que es mejor estar hablando de paz con Santos que “pacificando” a lo Pablo Morillo con Zuluaga y Uribe.
 
7. Perdió Francisco Santos, como director de Campaña de Zuluaga, porque se dedicó a hacer presentable lo impresentable, con desafortunadas intervenciones en los medios sobre el escándalo del Hacker y otras defensas imposibles del gobierno Uribe.
 
Ignora uno que fue lo que le hizo cuando chiquito su primo Juan Manuel, porque no se entiende tanta visceralidad, tanto odio y tanta mala intención de parte de Pacho Santos cuando habla del Presidente, porque, aun si tuviera motivos que lo justificaran, no hay derecho a tanto golpe bajo, además que viola todo protocolo con la figura del Presidente.
 
8. Perdió Uribe con su discurso pendenciero, delirante y sus constantes declaraciones temerarias y sin fundamento, para tergiversar el estado de opinión.
 
El país democrático está entendiendo que la Derecha y la Izquierda, son simplemente vías, ambas igualmente legítimas, en la orientación política e ideológica del país; El país está entendiendo que no son admisibles los extremos, que no se justifica el nacionalismo o el patrioterismo de la ultra derecha que niega los avances e incendia los ánimos con enunciados tendenciosos, como tampoco se admite una ultra izquierda que no acepte que el mundo ha cambiado y que los países que no se suban a la dinámica global van a quedar rezagados, y mucho menos el país acepta que la lucha por redimir un Estado más justo se siga dando sobre la base de la violencia indiscriminada, matando civiles, reclutando niños  a la guerra, vendiendo coca y destruyendo la infraestructura.
 
Es una lástima que el señor Uribe haya decidido erosionar su reconocido prestigio, llevando a cabo una campaña desesperada, en su afán por el poder, echando mano a las estrategias más mezquinas y censurables.  Porque hay que tener en cuenta que cuando Uribe habla no hay duda que el país aún lo escucha, pero si el ex presidente, para generar desinformación y sacar ventajas políticas, se aparta de la verdad y juega al "todo se vale", pone en duda no solo su comportamiento actual sino que además deja en entredicho los medios a través de los cuales forjó toda su carrera y genera sombras sobre todo su pasado, dándole la razón a sus contradictores.
 
9. Ganó la sociedad de la información, porque a pesar de las perversidades que han hecho con las redes sociales y las comunicaciones instantáneas, plagadas de mensajes mentirosos o fuera de contexto, puestos sistemáticamente y estratégicamente para hacer daño, la gente del común, los ciudadanos anónimos hemos consolidado un espacio de debate y opinión, que nos compromete mucho más con el desarrollo de los temas de la nación.
 
10. Finalmente ha ganado el país entero, porque el excelente debut de la Selección Colombia en el mundial de Futbol se dio en la víspera de unas elecciones en sobresaliente calma, con un clima excepcional y el estimulado interés de unos electores más optimistas que salieron a votar en mayor cantidad y más temprano.  Agregando que la gran celeridad de la Registraduría en los resultados y la importante brecha entre las votaciones logradas por los candidatos (casi un millón de votos) dan confianza y despejan las dudas sembradas por anticipado y perversamente por el señor Alvaro Uribe.

viernes, 13 de junio de 2014

...Y me la jugué con Santos…

Por: James Cifuentes Maldonado.

 


Siempre he tenido una vocación humanista, porque la naturaleza me echó al mundo sin habilidades técnicas ni matemáticas, por desgracia pero a la vez por fortuna, porque eso me alejó del pragmatismo y la simpleza de las ciencias exactas, y por esa vocación me hice abogado, siendo el Derecho la menos exacta de las ciencias, pero, dada su naturaleza, la que más refleja o proyecta lo mejor y lo peor de los seres humanos; porque el Derecho para bien o para mal es una obra humana, y esa ha sido la razón de todas mis inquietudes.  

Por mi condición de profesional hecho a pulso, aprovechando al máximo las ventanitas de oportunidad que la vida me ha dado, considerando que provengo de un hogar de estrato 2, tirando a 1, en el cual nunca nada fue fácil, he podido desarrollar una gran sensibilidad sobre lo social y, por este conducto, sobre lo político….

…Todo este preámbulo existencial para decir que me gusta la política.

Me gusta la política, como me gusta el futbol, sin ser futbolista, porque en el sentido práctico nunca he ejercitado la política entendida esta como actividad proselitista o electorera.  En mi juventud trasegué por varias organizaciones cívicas y comunitarias pero me aparté de ellas porque descubrí dos cosas: Primera: Casi todas las causas, hasta las más nobles e inocentes,  esconden fines políticos de los cuales uno no es informado claramente y   segunda, porque tenía que trabajar, porque como dijo Jesucristo, “el que no trabaja no come”, bueno, no estoy seguro si Cristo dijo eso, porque la religión tampoco es mi gran fortaleza, pero no hay duda que es verdad.

Mis ideas son liberales, respeto las instituciones, la diversidad de opiniones,  y creo en las formas democráticas de hacer patria y de buscar un Estado progresista y más justo;  por estas razones no he acompañado, nunca, el proyecto político del Uribismo, reconociendo que el señor Uribe ha sido un revolucionario en la forma de hacer política, que le inyectó al país un nuevo dinamismo  con su “trabajar, trabajar y trabajar”,  y otras cosas buenas que Colombia le debe a ese insigne paisano. 

Porque para mí, no solo importan los fines y los resultados, para mí son esenciales también las formas de hacer las cosas, porque las formas, en oposición a los pragmáticos,  si son sustanciales, y denotan el mayor o menor respeto de un gobernante  hacia las instituciones y la dignidad de cada uno de los ciudadanos.

Cuando se creía terminada la era Uribe, en 2010, emergió como su heredero y continuador Juan Manuel Santos Calderón,  y por obvias razones no di mi voto para que  tan ilustre y aristocrático señor se hiciera presidente, pero Santos, de quien nunca se ha tenido clara su línea ideológica, solo que se mueve al vaivén de las circunstancias y las conveniencias, en su afán de cumplir el sueño infantil de Gobernar a Colombia, como lo soñó Uribe, ese señor efectivamente fue presidente.

Pero, ¡oh  sorpresa!, en el momento mismo en que le imponían la banda presidencial el 7 de agosto de 2010, el monarca Santos, porque siempre he pensado que es el hombre con la sangre más azul de Colombia, sufrió una rara transformación, comenzó a hablar de Paz y, luego de otras sobrevinientes discrepancias burocráticas con el patrón Uribe, se divorció de la “Seguridad Democrática” y  cambió el discurso de la mera fuerza  por el de los diálogos y el de la negociación como alternativa para acabar con el conflicto colombiano, y ahí si, como diría Cantinflas, ahí si fue que nos fuimos entendiendo.

Y es que, pensaría uno, son tan grandes las aspiraciones de Santos de trascender en la historia de Colombia, porque esas fueron las ínfulas que le dieron su encopetada familia y todos y cada uno de los gobiernos y presidentes, godos y liberales que lo ocuparon en sus administraciones en los últimos 30 años, como escribiente o como  ministro, que se la jugó por la paz,   porque sabía, que de lograrlo, tendríamos que hacerle un busto en cada una de las plazas de nuestros pueblos y ciudades y no sería para menos luego de 60 años de violencia y crueldad en esta guerra sin sentido que vivimos los colombianos.

Y lo que, a mi juicio, comenzó como un cañazo, como un intento más de cajón del gobierno de turno, ha tomado forma, al punto de que ahora, para gozo de muchos y fastidio de otros, la paz es un anhelo con fuerza e impulso propios y sobre todo con credibilidad.   La credibilidad  y la esperanza que depositamos los que  estamos convencidos de que no hay otro camino para la reconciliación nacional, porque Uribe y hasta el mismo Santos,  con sus 8 años de arremetida militar, nos demostraron,  fehacientemente, que si bien la guerrilla no es tan fuerte como para tomarse el poder por las armas, el Estado tampoco tiene los medios para neutralizar su alcance desestabilizador, por lo tanto, seguir en la política del fuego por el fuego no será más que continuar indefinidamente un círculo vicioso de violencia, donde la más perjudicada es la sociedad civil, con todas las consecuencias que ya conocemos de dolor, muerte, desplazamiento y atraso social y económico.

Entonces, es Santos  para mí, como un remedio de sabor raro que no termino por descifrar, pero del cual estoy seguro es más el beneficio que el perjuicio que me puede dar, porque a este país ya le han hecho todo el daño posible, y nada se pierde y, por el contrario, es inconmensurable e inimaginado lo que podemos ganar, permitiendo que “Juanma” prosiga su tarea y termine su intento como en el pasado lo hicieron otros, otros que tuvieron menos convicción y menos compromiso del que ha mostrado este señor, en contra de todas las predicciones.   

Sin duda la tarea no es fácil y tiene muchos enemigos, pero se justifica, porque hay todo un país y tres generaciones enteras que merecemos vivir en paz y saber cuán lejos puede llegar esta nación con toda su potencialidad, con todos sus talentos y calidades, sin el fantasma de la guerra.  


Por todo esto, es que me la he jugado con Santos, como lo han hecho muchos colombianos

JAMES CIFUENTES MALDONADO

jueves, 12 de junio de 2014

LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD.

Por: James Cifuentes Maldonado.

 

 
Los actuales diálogos de paz tienen una connotación coyuntural que los hace especiales. A la guerrilla no la está venciendo el Estado y su fuerza, la está doblegando el paso del tiempo, el desgaste y el cambio generacional; porque, en la medida en que haya nuevos colombianos más educados y con mayores oportunidades,  se agotarán los efectivos en sus filas, porque la juventud, con un mejor criterio, debe ser ajena a la violencia y más cercana a los medios civilizados de hacer patria. Por lo tanto, no están equivocados quienes dicen que esta puede ser la última oportunidad, ... para la guerrilla.

miércoles, 11 de junio de 2014

LA PAZ… UN VALOR INCOMPRENDIDO.


Por: James Cifuentes Maldonado 




No puede albergarse esperanza alguna sobre aquello en lo que no creemos o sobre aquello que dudamos pueda existir, al igual que no podemos extrañar algo sobre cuya necesidad y bondades no tenemos conciencia.

En estas complejas frases, a mi parecer, se debate actualmente la iniciativa de la paz en Colombia, cuyo proceso ha venido dando tumbos en el último mes, en la vertiginosidad y la improvisación de un debate electoral de cara a la presidencia marcado por dos extremos paradójicos: De un lado un candidato guerrerista que en marzo era prácticamente desconocido y que ha terminado punteando la carrera gracias a la propaganda negra, la estrategia del rumor y la desinformación, y porque además a ultima hora se montó en el discurso de la paz para captar los votos de los incautos.  Y de otro lado un candidato presidente que, aunque ya venía caído en su popularidad, se confió y pensó que con jugarse la carta de la paz era suficiente como garantía de su reelección, y por ello, en una reacción tardía, con el apoyo pleno de los liberales y el respaldo, con beneficio de inventario, de la izquierda ha nivelando la balanza en un auténtico empate técnico, promediando lo que dicen las últimas encuestas.

Poniéndome de primero en la lista, me atrevo a decir que los ciudadanos colombianos promedio no tenemos ni idea de las complejidades y las implicaciones de un proceso de paz en un conflicto de 60 años como el que padece esta nación,  y es esta, a mi juicio, la principal razón para que no haya un aprecio y un reconocimiento por los adelantos que ha tenido la iniciativa del actual gobierno, reconociendo que los diálogos actuales fueron producto de una movida inesperada y audaz de Juan Manuel Santos, considerando que como candidato llegó a la meta de la presidencia en 2010 cargando la posta de la denominada "seguridad democrática" que recibió de su antecesor, pero como presidente ejecutó un libreto diferente para sorpresa de todo el país,... para disgusto de unos y el beneplácito de otros.

El tema de la paz es un tema de especialistas, que pone sobre la mesa aspectos políticos y sociológicos bien complicados y por tanto ajenos al entendimiento popular como por ejemplo:

- EL CONFLICTO ARMADO.  ¿Hay o no hay conflicto interno?; de qué tamaño debe ser el movimiento insurrecto para poder decir que la sociedad está enfrentada. Escuché a un analista del tema afirmar que para que se reconociera la existencia del conflicto era necesario que medio país estuviera enfrentado a la otra mitad, lo que se conoce como guerra civil y es claro que en Colombia no hay propiamente una situación de esas dimensiones, aunque si se suman las victimas en toda la historia del conflicto cualquier guerra grande de las modernas puede resultar pequeña comparada con la nuestra.   Por decirlo de alguna manera tenemos una guerra atomizada y prolongada en el tiempo, que a la larga es peor porque mantiene la nación en vilo, no permite la tranquilidad interna y afecta la imagen y la percepción del país en el mundo que a la vez nos limita el desarrollo.   

Así, al decir de los escépticos de la paz, la guerrilla es un mero corpúsculo de terror que no puede tener estatus político ni de beligerancia.   Otros, que no se fijan en el tamaño, reconocen que ese grupo de la población, aunque pequeño, se ha mantenido en el tiempo y ha generado un poder desestabilizador que, al no poderse erradicar por la fuerza, debe ser convocado a la mesa a dialogar.   

Tal vez un elemento que permite completar la escena del conflicto en Colombia es la innegable presencia histórica de autodefensas y grupos paramilitares en casi todas las regiones del país con una perversidad y una capacidad de hacer daño incluso superiores a los de la guerrilla, agregando que muchos de esos grupos luego del sospechoso proceso de desmovilización que llevó a cabo Varito degeneraron en simples bandas criminales, pero la realidad es que ahí están y siguen dando guerra. 

- NEGOCIACIÓN EN CALIENTE: Es decir sin cese de hostilidades, conversando a manteles y con todo el protocolo en la Habana mientras en las montañas de Colombia siguen explotando las bombas y traqueando las ametralladoras.  Es una forma en apariencia irracional de adelantar un diálogo de paz, pero es una opción practicada que por lo menos hace que las partes a través de sus voceros se presenten y actúen en un contexto de realidad, sin la presión de la ruptura de la tregua.

- CONOCER LA VERDAD. Igualmente no es fácil entender la importancia que para la nación, en un proceso de esta naturaleza, tiene conocer la verdad; la desesperanza de las víctimas impide comprender la catarsis que podría traer el esclarecimiento de la verdad de 60 años de violencia, de un conflicto deformado en su causa y sus fines, que ha dejado una estela interminable de dolor, porque la verdad a medias a la que nos hemos y que ha superado nuestra capacidad de asombro es que “simplemente” hay miles de desaparecidos y miles de muertos en tumbas sin nombre, miles de viudas, miles de huérfanos, miles de lisiados y millones de desplazados que han debido dejarlo todo atrás y sumarse a los cordones de miseria de las grandes ciudades para preservar la vida, pidiendo limosna en los semáforos frente a la mirada a veces compasiva y a veces indiferente de quienes hemos visto la guerra solo a través de los noticieros.   Y si eso es así, ¿para qué sirve saber la verdad?

EL PERDON. Pensaría uno que saber la verdad es la base del perdón y la reconciliación, pero cómo se garantiza que eso suceda en una país dividido en cuatro frentes radicales, uno que pugna por el poder y un nuevo reparto de la tierra a través de la vía armada, otro que defiende el “statu quo” negando la existencia del conflicto, otro más moderado que cree en un país donde cabemos todos y finalmente un cuarto que no es ni chicha ni limonada, que está de espaldas al país.

Esos cuadrantes ideológicos del país son claramente verificables tienen nombre propio, e incluso se ven reflejados en las elecciones: La izquierda, la derecha, los social demócratas y los abstencionistas.   En este escenario sumamente polarizado, en el cual no hay un elemento definitivo de desequilibrio, no se vislumbra una posibilidad clara de reconciliación, porque ninguna de las partes está dispuesto a reconocer sus excesos y sus faltas y mucho menos a pedir perdón.

LA JUSTICIA TRANSICIONAL.    Se trata de una figura desarrollada internacionalmente que reconoce que la Paz no se hace con los instrumentos ya establecidos, es decir que se requieren condiciones extraordinarias que faciliten la materialización de la voluntad de las partes.  En este punto es trascendental la apertura y la disposición de la sociedad para aceptar las formas alternativas de aplicar justicia sin radicalismos, porque es probable que al final sintamos un sabor a impunidad, pero seguros que la paz como fin supremo del Estado justifica unas formas de castigo que pueden terminar siendo simbólicas, como simbólicos fueron los juicios de Núremberg, porque ahí no estuvieron todos los responsables de la masacre que significó la segunda guerra mundial.  Sin embargo, a partir de ahí Europa restañó sus heridas y siguió adelante.

Porque, hablando con franqueza no hay cadena perpetua ni capital que redima o purgue los delitos que se cometen en la guerra, por eso desde mi perspectiva, en un proceso de paz como el que nuestro país afronta, por sus características, el tema punitivo termina siendo un elemento deforma y de trámite, porque al fin al cabo, lo esencial que busca la justicia transicional es poder pasar la página, generar un corte en la historia que abra el país a una nueva realidad.  Si lo que se busca es saciar la sed de venganza de la sociedad, no hay justicia transicional suficiente ni que valga.

EL RESARCIMIENTO.  Por las mismas razones planteadas en el punto anterior, no es fácil entender de qué manera las víctimas pueden ser resarcidas razonablemente, y particularmente definir quién ha sido el victimario, si lo han sido los actores violentos o al final la culpa ha sido del Estado.  Como se dice coloquialmente la plata no lo es todo, ni recupera las vidas perdidas, pero calma los nervios. Por eso es que la fecha ya hay una estimación de 55 billones de pesos, cifra que no cabe en la cabeza de ningún ciudadano común, pero que definitivamente saldrá del erario público.   

Al margen de la fuente de donde salgan los recursos, para la sociedad sería muy saludable que al menos cada parte asuma la responsabilidad moral que le cabe por la forma en que ha desarrollado el conflicto, por ejemplo sería muy refrescante que la guerrilla además de la dejación de las armas, acepte que han violado los derechos humanos en su actuar como secuestradores, como extorsionadores, como narcotraficantes, como reclutadores de niños, como sembradores de minas antipersonales, como destructores de la infraestructura del país, por contar solo algunas abominaciones.  De su lado el Estado debe reconocer que han faltado esfuerzos para combatir el paramilitarismo, que ha habido delitos de estado por acción y por omisión de sus agentes y en general que ha habido abandono y olvido de grandes segmentos de la población de muchas regiones de la geografía nacional.

LA REINSERCIÓN. El objetivo de la paz es la reafirmación de los fines del Estado, porque a su vez el fin supremo del Estado es precisamente la existencia de una sociedad organizada en busca de la prosperidad y la seguridad, dentro de una convivencia armónica.   Por consiguiente, la existencia de grupos con plataformas políticas divergentes, pero que actúan al margen de la constitución y la ley, no permite el cumplimiento de esos fines, por lo tanto un proceso de Paz no está orientado únicamente a la dejación de las armas  y al restablecimiento del orden público, requiere además la garantía de que  los desmovilizados puedan reintegrarse a la sociedad en términos de no discriminación, de protección a sus vidas, de reincorporación al  sistema productivo y muy especialmente a las formas democráticas mediante las cuales esos reinsertados puedan desarrollar sus idearios y sus proyectos políticos.   Eso es lo que en últimas persigue un proceso de paz.  
Conclusión.

Las anteriores complejidades, el desconocimiento del origen y las causas del conflicto, sumadas al hecho de que la mayor parte de la población colombiana conoce y ha vivido el país como está y se ha acostumbrado al conflicto, me hacen pensar que la paz no es una necesidad sentida, porque la gente no la entiende, no sabe cómo se construye, no le importa o no le conviene, porque hemos perdido la capacidad de soñar un país mejor,  un país desarrollado con la calidad y el talento de nuestro pueblo, porque nos hemos acomodado a que la guerra la sufran unos en carne propia, mientras otros llevamos una vida relativamente normal viendo el acontecer del conflicto y sus terribles estadísticas por televisión en la tranquilidad inmoral y censurable que dan la seguridad democrática y los falsos positivos.     

El país se estancó en la búsqueda de la verdadera paz, porque nos conformamos con decir que el país volvió a estar bien porque se pudo volver a andar en carretera y porque pudimos volver a la finca, como si hubiera muchas carreteras y como si todos tuviéramos finca.  







miércoles, 4 de junio de 2014

QUIÉNES NEGOCIAN Y QUÉ ES LO QUE SE NEGOCIA EN UN PROCESO DE PAZ.




Por: James Cifuentes Maldonado.

 
 


El terrorismo es la forma más repudiable con la que la subversión se hace sentir para ganar notoriedad y posición política, porque su tamaño como organización, su desprestigio y su ínfima capacidad operativa y de convocatoria social no les da para acciones civilizadas.  
Pero el terrorismo tiene un inmenso costo para quienes lo practican porque cada vez más los deslegitima frente a su causa y las FARC lo saben y por eso se sentaron en la mesa de negociación.   Esto no significa que las FARC, a pesar de su desgaste, ya sentadas en la mesa, renuncien a la oportunidad histórica de transformar su lucha armada en participación política y democrática.   
Por lo anterior, la palabra rendición no está en la agenda y en esto los colombianos tenemos que ser muy realistas.  Aquí lo razonable, y que es difícil de asimilar por parte de los escépticos de la paz, es que deben propiciarse los espacios y mecanismos para la reinserción de los insurgentes, obviamente en este empeño debe asegurarse: la dejación de las armas, el establecimiento de la verdad sobre todas las situaciones no reveladas frente a las víctimas del conflicto y por supuesto, la solicitud de perdón a la sociedad, con una forma viable de resarcimiento y la aplicación de penas alternativas, que no pueden ser “ojo por ojo ni diente por diente”, que eliminen razonablemente la sensación de impunidad que atormenta a las víctimas y a la sociedad en general, porque en todo caso la negociación de la paz no puede ser la negociación de la venganza.
El proceso de paz, para que pueda adelantarse, así sea con terroristas, parte del supuesto o de la ficción de que las partes se asumen como interlocutores diferentes pero válidos que tienen algo para pedir y algo para dar, a pesar de que las convicciones de esas mismas partes fuera de la mesa o incluso las convicciones o sentimientos de la misma sociedad indiquen lo contrario, si no es así, no hay proceso y no hay negociación.   
Sentarse a la mesa necesariamente supone que hay que hacer reconocimientos; de parte de la guerrilla lo mínimo es admitir que la lucha armada y los medios ilegales de financiamiento deben parar, por anacrónicos, porque le hacen daño a la sociedad y no se justifican, y de su parte el Estado a través del Gobierno por lo menos debe admitir que hay una realidad social y unas instituciones que pueden ser mejores.
Lo más importante, y que ha sido el compromiso del actual gobierno es que, sea lo que sea que se negocie y que se acuerde en la mesa de la Habana en el actual proceso de Paz, deberá ser validado por el pueblo a través de la instancia democrática correspondiente. 


martes, 3 de junio de 2014

"¿Señora, prestaría usted sus hijos para la guerra?

Por: James Cifuentes Maldonado.

La pregunta es razonable, por el sin sentido que tiene la guerra en Colombia, un conflicto dilatado donde mueren los soldados y condecoran a los Generales, que luego los mandan a una embajada. El repudio de hoy de los militares a la pregunta que hace el Presidente Santos, que es válida, es una muestra más del oportunismo y la hipocresía de la campaña de OIZ.  

Hay que diferenciar, porque es obvio que los militares siempre estén orgullosos de empuñar las armas, para defender la patria, contra quien sea, ese es un código indiscutible, pero otra cosa es preguntarle al resto de la sociedad si está de acuerdo en que la guerra siga. Si yo hubiera sido el publicista hubiera hecho la pregunta así: "señora, si de usted dependiera, prestaría sus hijos para la guerra?. 

La respuesta a esa pregunta es obvia y es natural, nadie quiere que sus hijos perezcan en la guerra y menos en una que no va para ninguna parte.

Dejemos a los militares con su orgullo de combatientes, que es respetable, pero que no nos metan los dedos a la boca con ese arrebato de dignidad de ahora ante una pregunta que no iba dirigida a ellos, sino a todo un país de madres y de padres que quieren que sus hijos vayan a la universidad y no que sigan sirviendo de carne de cañón, para que los generales saquen pecho y el negocio de la guerra siga.

lunes, 2 de junio de 2014

EL INFAME HABLANDO DE CEREZAS Y DE INFAMIAS


Por: James Cifuentes Maldonado.





Pereira, 6 de junio de 2014. 

En esta campaña política hay que escuchar todas las posiciones y por eso he gastado 4 minutos de mi valioso tiempo para ver un video que circula por las redes sociales titulado:  la "Cereza de la infamia", con el cual se descalifica una publicidad política de la campaña del candidato presidente en la que se cuestiona el sacrificio que los padres y madres colombianos hacen al tener que dejar ir a sus hijos a la guerra, la pregunta que hace el presidente es ¿señora, prestaría usted sus hijos para la guerra?.

La pregunta que hace el presidente es razonable y es natural, porque, si de un padre o una madre dependiera, no permitiría que sus hijos fueran a la guerra y si la alternativa  para que ese complejo dilema no se siga presentando es la Paz, ese mismo padre o madre de familia optaría por la Paz, sin duda alguna. 

El referido video entonces ha resultado ser una manifestación tendenciosa, la cual tiene una verdad indiscutible pero también tiene una gran mentira, siguiendo el estilo de la extrema derecha de explotar los sentimientos de odio, confusión y desesperanza   de la población colombiana alrededor del conflicto,  para estimular más guerra y más anarquía como una forma de asegurar que todo siga igual, o lo que más sofisticadamente llaman el “statu quo”.  

La verdad que contiene el video, que brilla por su obviedad, es que cualesquiera que sean los orígenes de la guerra, es un orgullo defender la patria.  Para un soldado ese honor se cumple  por principio y con entusiasmo contra los enemigos externos de la nación, pero también, pero ya no con tanto gusto,  contra los enemigos internos, aunque en este última situación no se tengan claros los motivos y no sea del caso o no sea dable a los militares hacerse muchas preguntas o manifestar sus opiniones, por aquello de que su único rol es el de defender la institucionalidad del Estado, sin discutir y  sin intervenir en política, porque la política la hacen los políticos y las decisiones las toma el pueblo soberanamente a través del voto, al menos en teoría. 

Siguiendo con el contenido del video, es una infamia decir que quienes ven la guerra como innecesaria y quienes piensan en otras alternativas de paz sean comunistas narco-guerrilleros. A quienes fomentaron e hicieron semejante pieza audiovisual hay que decirles que cualquier extremo es pernicioso, porque es tan mala la extrema izquierda que se fue para el monte y lucha sin ideales, por intereses distintos y contrarios a los del pueblo, como es mala la extrema derecha acomodada que no reconoce que Colombia es un país mal repartido, con injusticias y con necesidades estructurales de cambio.

Este tipo de vídeos lo que consigue es polarizar más la nación, bajo el sofisma de que el sueño de La Paz es una causa pro comunista, y eso sí es una verdadera infamia, como infamia es reivindicar la decencia como patrimonio exclusivo de los que optan por la guerra y el ejercicio ciego y estéril de la fuerza. Porque en el video se dice que “ninguna persona decente dará su voto por Juan Manuel Santos”, mejor dicho que nadie que propenda por la paz es decente. 

A esta patraña hay que responder que, de ninguna manera somos indecentes, quienes nunca hemos vivido una patria en paz, y soñamos que esta oscura noche de violencia, que ya lleva 60 años sin resolverse con los fusiles, termine.  Aquí lo que hay de fondo es que la premisa urgente de que la guerra se acabe, con el presidente Santos o con cualquier otro líder que tenga el valor, la consistencia y el arrojo de  luchar por ello, en un escenario civilizado y realista sobre las causas del conflicto, como tiene que ser, porque por la vía militar no se ha logrado y no se logrará.

Porque el origen de la guerra es económico y político, y por esa misma vía se tiene que resolver, de lo contrario viviremos 60 años más de lo mismo.  Una nación desangrándose a través de los muertos que ponen los pobres, en ambos bandos, las fuerzas regulares y las irregulares, y lo peor, con los muertos que pone la población civil, mientras que otros más privilegiados, si la cosa está muy agitada, se dan una vueltica por Miami o por el Mediterráneo.

La "cereza de la infamia" es nacionalismo puro, tan perverso y retorcido como Hitler quién se lo Invento hace 75 años para vengarse de Europa y ponerla de rodillas, exterminando de  paso a los judíos y otras minorías, bajo el pretexto de la dignidad alemana; así y todo, se ofenden los uribistas cuando les llaman nazis o fascistas, apelativos que se han sabido ganar por su propaganda negra y por sus posiciones intransigentes.

La verdadera infamia es que este país siga sacrificando sus mejores hombres por la sed de venganza de un expresidente.

James Cifuentes Maldonado.


domingo, 1 de junio de 2014

Que no quede duda que se ganó a lo grande

Ciclismo


Por: James Cifuentes Maldonado.







Porque, como no faltan los aguafiestas y los que tienen la manía de poner en entredicho lo que Colombia gana, llamo la atención en el hecho de que Nairo Quintana, siendo hoy el mejor escalador del mundo, en mi criterio, curiosamente no fue el campeón de la montaña en el Giro de Italia.  

En mi experiencia como ciclista, puedo decir que eso significa que Nairo ha tenido claras sus prioridades en la carrera y ha corrido inteligentemente, apegado a un libreto previamente establecido por un equipo que trabajó para él,  y Nairo no  defraudó ese liderazgo y esas expectativas. 

Nairo superó un momento de crisis de salud y en adelante dosificó sus fuerzas e impuso su ley cada vez que fue necesario.   

Y QUE ES LO QUE SE HA GANADO

Ciclismo.



Por: James Cifuentes Maldonado.







Es un hecho que las disciplinas deportivas que más lustre y más reconocimiento le han dado a Colombia son el boxeo y el ciclismo, actividades cuyos protagonistas, en principio, surgen a codazos a base del sacrificio y el esfuerzo individual y son por tanto esos deportes los que más se han ajustado a las características y sueños de los colombianos más tenaces y más humildes, con algunas raras excepciones.

Cada deporte a nivel internacional tiene su elite, algunos son más organizados que otros, unos convocan más gente y otros menos, hay deportes de las minorías acomodadas y hay deportes para las masas, hay deportes tranquilos y hay deportes de alta exigencia física, hay deportes que son como máquinas de hacer plata y otros que sólo producen méritos y satisfacción.

Dejando al margen todas esas connotaciones económicas, sociales, físicas, y hasta políticas, lo importante es entender que en el caso particular del ciclismo hace ya mucho tiempo que los Colombianos se ganaron un lugar en lo más alto a nivel mundial, abriéndose paso entre las dificultades e incluso tapándole la boca a algunos enemigos.

El ciclismo es una de las actividades más intensas y más exigentes, en todos los órdenes: a nivel aficionado, a nivel profesional y a nivel olímpico, y en todos esos escenarios los escarabajos colombianos han figurado y se han ganado un prestigio que se ha sostenido en el tiempo desde los primeros éxitos de Cochise en Italia. Es decir que los logros conseguidos no han sido accidentes, admitiendo además que no sólo ello ha sido posible por el talento de los deportistas sino también al apoyo que han brindado los patrocinadores, aunque a veces más y a veces menos, según el momento, dependiendo de si el ciclismo está "de moda" al calor de los logros de nuevas figuras.

Por lo anterior, llamo la atención en cuanto que lo que han logrado ahora Nairo Quintana, Rigoberto Uran y todo el contingente colombiano en el Giro de Italia, no es poca cosa, es algo grandioso, que ha tomado dimensiones virales de reconocimiento gracias a la difusión que permiten los medios de comunicación modernos, lo que no era posible hace 40 años.

Imaginen qué pueden estar pensando los italianos y la organización del Giro, al mirar las clasificaciones finales de este año y observar a dos colombianos en el 1-2 de la general, un colombiano como mejor escalador, un colombiano que además de líder general fue el mejor joven, cuatro etapas ganadas por colombianos y un sin número de escapadas en todas las etapas en las cuales casi siempre hubo colombianos. Esto además es para poner a reflexionar a las grandes carreras y a los grandes equipos sobre la importancia de contar con corredores colombianos.

Este es un nuevo cuarto de hora, que hace justicia y consolida toda una historia de excelencia de Colombia como protagonista de un gran deporte mundial como el ciclismo; por lo tanto es importante que eso se sepa y se entienda y que no quede duda del inmenso significado que tiene, para que, como nunca, nos sintamos orgullosos de ser colombianos, de nuestras montañas y de nuestros escarabajos, que ahora también se tragan las lomas y los llanos europeos. Y eso es mucho decir.

Todo lo anterior para concluir diciendo que, no sólo de fútbol vive la humanidad y que en particular en Colombia, es mucho más lo que nos han dado las bielas que los guayos y los balones, así a la gente y a los medios se les olvide. Pero en fin "business son business” y ya  se viene el mundial.