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sábado, 23 de julio de 2016

La penúltima del Tour





Por James Cifuentes Maldonado

A simple vista, por la forma en que se mantuvo la clasificación en los tres primeros lugares, podría uno pensar que en la jornada de hoy no pasó nada, pero es una mera impresión porque pasaron muchas cosas, veamos:

Fuimos testigos de otra soberbia demostración de combatividad, gran fondo y resistencia de Jarlinson Pantano que se empeñó en animar todas las etapas de la tercera semana del Tour, como si la carrera apenas hubiera empezado; en la memoria quedará la imagen de ese flaco con permanente y engañoso rictus de fatiga dándose zaranda con Lanphilipe, Izagirre y el tiburón Nibali, quienes no pudieron doblegar el paso rendidor de grandes multiplicaciones que es capaz de mover el caleño; solamente una escaramuza de caída en el último descenso amedrentó a Pantano quien tomó mayores precauciones y dio un poco de luz al español Ion Izagirre del Movistar a quien le fue suficiente la ventaja de 19 segundos para ganar la etapa, el nuestro entró segundo pero quedó primero en el corazón y en la retina de la afición ciclística.

En el lote principal se vivió otra historia, nuevamente los del Sky estirando la formación con un paso redondo y arrollador que le pasó factura a Fabio Aru el gran damnificado de la fracción, tanto que al final salió del top 10. Con la carrera totalmente controlada, la expectativa se centraba en saber si los que estaban en la conversación en la lucha por los dos cajones faltantes del podio habrían de atacar en el último ascenso, pero no, el ataque nunca llegó, en parte porque el escuadrón del Sky impuso un ritmo endemoniado que no le dio licencias a nadie, solo Purito Rodríguez rompió el molde para hacer una última exhibición en las montañas del Tour antes de su retiro, pero solo fue eso, un acto de gallardía para la pantalla que además le permitió ubicarse séptimo en la general.

Otra de las razones para que se mantuviera el “statu quo” igualmente tuvo que ver con el hecho de que la carrera hoy no terminaba en ascenso ya que para llegar a la meta en Morzine era necesario sortear un descenso de 13 kilómetros, para colmo de males con lluvia, lo que no justificaba el riesgo, máxime con los traumas que dejaron las caídas de la etapa anterior; nadie quería probar el pavimento y todos bajaron pisando el freno más de lo normal.

Pero el principal motivo para que el match de hoy quedara en tablas consistió en que a nadie le quedaba nada en el tanque, Bardet, Quintana, Yates, Richie Port y Daniel Martin apretaron los dientes, entregaron sus últimos alientos y firmaron un tácito armisticio conformándose con que Froome no volviera a hacer gala de su fuerza desmedida y poder llegar con él a la meta.

Confirmando entonces que en este Tour se vivieron dos carreras distintas, la de Froome y la del resto, hay que dar mucho valor a lo conseguido por los colombianos, pero mañana sacaremos las conclusiones, cuando en los Campos Elíseos se baje la cortina de esta vibrante carrera.