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lunes, 8 de junio de 2015

POLÍTICAMENTE INCORRECTO




Por James Cifuentes Maldonado


Permanentemente la vida nos da lecciones sobre esa vaina de “quedar políticamente correctos”; y ¿Qué es eso tan raro?; intentaré explicarlo, a mi modo y como lo entiendo. En la referida expresión se identifican tres vocablos, así: 

1. “Quedar”: Este verbo refiere a una posición que expresa o asume una persona en relación con un determinado tema o asunto. 

2. “Políticamente”. Esta adjetivación, significa que, sobre un asunto en cuestión, puede existir una connotación o una calificación sobre la que hay un aparente consenso a nivel de los individuos, pero que no se reconoce públicamente; en su lugar, a las personas, cuando se les consulta en relación con ese asunto, expresan lo que, en teoría, los convencionalismos indican que debería decirse, para no herir susceptibilidades; es decir, que las personas no dicen lo que verdaderamente piensan. Recordemos que en la política y en la diplomacia se suelen plantear públicamente ideas apropiadas para fines loables, así en la práctica se haga todo lo contrario.

3. “Correcto”. Significa que la carga de falsedad, doblez o de hipocresía del componente político ya explicado, en relación con el asunto específico, está dirigida a quedar bien en un determinado escenario o contexto, cuando, a nivel individual o en otros escenarios o situaciones, lo “correcto” sea lo diametralmente opuesto; refiere pues a lo que es razonable o prudente decir para no generar controversias o para no quedar mal. 

Un ejemplo que se me ocurre para ilustrar el concepto de “quedar políticamente correcto” es cuando uno se encuentra una pareja de amigos que, con gran orgullo, nos presentan a su hijo recién nacido; nadie, absolutamente nadie, se atreverá a decir que el niñito o la niñita son feos, así se parezcan a un gremlin; en su lugar todos dirán, con aparente admiración, ¡que criatura tan divina! Es claro que, por su naturaleza y por su condición, todos los bebés son angelicales y tiernos, pero es igualmente claro que hay unos más bonitos que otros, y en algunos casos hay bebés que son francamente “normalitos”, pero nadie lo dirá, primero porque no es necesario y segundo porque ningún padre o madre está preparado para procesar esa verdad; porque los seres humanos miramos lo propio con los ojos del amor, que a veces, son los ojos del engaño. 

Caso J Balvin. A donde realmente quería llegar es que, hace poco, el señor J Balvin tuvo la osadía de sugerir que las bogotanas son feas; yo al respecto me callo, porque estimo que existen suficientes criterios y elementos de comparación para que, cada quien, haga su propio juicio; Lo que sí es claro es que, al famoso reggaetonero, se le fueron las luces y “quedó políticamente incorrecto”.