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domingo, 14 de febrero de 2016

Los creados y el creador (Versión del Titiritero en LA TARDE)





Por James Cifuentes Maldonado

Muchos resistimos porque explicamos la vida y la muerte en la voluntad de alguien que no vemos, para poder alimentar la conjetura, para ahogar el miedo de que no exista un más allá, ni haya un después al cabo de este viaje terrenal; a ese amigo imaginario, para efectos de este artículo, lo llamaré “El Creador”.

Nuestro origen lo atribuimos al “Creador”; todo lo bueno que nos pasa lo agradecemos a él; nuestros sueños y nuestras esperanzas las ponemos en el “Creador”, y, en contraste, nos apropiamos de la culpa, frente a todo lo malo que nos sucede, porque eso fue lo que nos enseñaron, o, si somos recursivos, responsabilizamos al inframundo, porque, en todo caso, la tragedia no puede ser obra del “Creador”, porque él solo sabe ser justo y magnánimo.

Los pueblos serán pacíficos siempre y cuando cada quien conciba a su “Creador” en la forma en que le parezca, pero manteniéndolo en su propia cabeza, confinado en su contemplación, para su exclusiva utilidad, para su propia paz, sin invadir la creencia de los otros. Habrá conflicto siempre que los individuos liberen y hagan pública su idea del “Creador” y pretendan compartirla, evangelizar con ella o, en el peor de los casos, imponerla.

El punto no es si el “Creador” existe o no existe, ni cual sea la imagen o la forma que de él tengamos; el problema es que, muchos avivatos se arrogan la embajada del “Creador” en esta tierra; hacen y deshacen, perdonan y condenan, en su nombre, ejecutan misiones que el “Creador” no les ha encomendado, ya que él es uno solo, no tiene apoderados, porque actúa por su cuenta.

Los oportunistas, los comerciantes de la fe, han distorsionando la esencia de la “Creación”, la Libertad, la Felicidad, y el Amor, porque en verdad para eso fuimos creados; han escrito e impartido su propia palabra, para su recaudo y beneficio, aprovechando que el “Creador” es sigiloso; porque el “Creador” no levanta su voz, solo se hace sentir a través del tiempo y de su obra, evidencia suficiente de su omnipotencia y de su voluntad.

El “Creador”, ficción sublime, cuya forma y poder transmuta de mente en mente, según la cosmogonía, las necesidades y los temores de cada quien; un tótem al que nos abrazamos para que nos vaya bien; es una especulación hecha realidad, en la que creemos por conveniencia, para que todo tenga sentido; es un eco de nuestros deseos que nos dice precisamente eso que queremos escuchar: que habrá una recompensa y que no somos pasajeros.

El vendaje: Encontrar a Dios será más fácil, si a uno le dan la dirección, de lo contrario, no quedará más que buscar por dentro de uno mismo.