Por
James Cifuentes Maldonado
Hace
un poco más de un año compartí, por este mismo medio, mi
entusiasmo por los planteamientos que hizo el Director de Planeación Nacional,
Simón Gaviria Muñoz, sobre la posibilidad de reubicar el Batallón San Mateo, alternativa
que hoy toma forma con la voluntad política expresada públicamente por el alcalde
electo, quien, en buena hora, da un muy positivo golpe de opinión sobre el
tema, para que los pereiranos nos pongamos a botar corriente, que es como se
incuban los grandes proyectos.
Es
oportunísimo que le demos una mirada a esa gran extensión de tierra, que ocupa
el corazón del área metropolitana, e imaginemos el mejor uso que pudiéramos
darle, de acuerdo con las premisas y los estándares de las ciudades modernas de
generar espacios de interacción y de inclusión social, siendo protuberante el déficit
que tenemos de zonas verdes. Estamos
llenos de cemento y de lotes de engorde cuyos propietarios esperan la
oportunidad de un cambio de uso del suelo o de un plan de renovación parcial,
para ganarse la plusvalía, o pendientes de qué nueva gran superficie o almacén viene
a asentarse en nuestra metrópoli, por la vocación comercial de la capital del
eje, como ya nos estamos acostumbrando a decirle a Pereira, epicentro de la ciudad
región.
Los
orígenes del batallón se remontan a 1933 cuando se dispuso la creación del
Grupo de Artillería N° 4 como unidad orgánica de la Cuarta Brigada, con
guarnición en la ciudad de Medellín; por esa época trasegó por varios lugares
de Antioquia, como una especie de unidad itinerante e incluso fue puesto en
receso hasta cuando vino a recalar a Pereira, como lo indica una reseña que
encontré en la página del Ejercito Nacional, que describe el suceso así: “Los primeros cuarteles que ocupó, en la
guarnición de Pereira, se localizaron en el edificio Eduardo Santos donde
funcionaba el seminario de la ciudad y permaneció allí hasta el año de 1955
cuando se trasladó a las modernas instalaciones de la finca Maraya. La cual fue
donada por la ciudadanía de Pereira al Ejército en el año de 1948, gracias a la
valiosísima intervención de los señores: doctor Bernardo Mejía M., doctor Roa
Martínez, Benjamín Ángel M., Manuel Uribe, Simón Velasco y José Carlos Ángel”.
Entiendo
que la donación de las tierras del San Mateo, tuvo un uso específico, el
batallón, pero también entiendo que los tiempos han cambiado y que tenemos que
evolucionar y adaptarnos a la nueva realidad. Por eso son inminentes y se
justifican todos los esfuerzos para que la ciudad se haga al terreno y
desarrolle allí nuestro propio “central park”, la gran zona activa con
la que Juan Pablo Gallo nos quiere poner a soñar.

