Por: James Cifuentes Maldonado.
En repetidas ocasiones he cuestionado la
pertinencia y los fines del relacionamiento social en Facebook, pero he llegado
a la conclusión de que el tema no depende de cuán grande es nuestra lista de
amigos, ni de si esos "amigos" contactan o no contactan con nosotros,
o si hacen o no hacen buenos aportes. El
valor de las cosas que se exponen en Facebook depende de los intereses, la
formación y la idiosincrasia de cada usuario, por esto es que la red social,
más que una red, es una colcha de retazos donde se dicen muchas verdades,
muchas mentiras y también verdades a medias, siendo esto último lo más
peligroso.
He comprendido que la lista de
"amigos" puede ser tan larga como el alcance o el eco que
nosotros queramos que tengan nuestros pensamientos, bajo el entendido que la
ausencia de un "me gusta" sobre nuestras
publicaciones no significa que nuestros mensajes no fueron valiosos o que no
fueron leídos o apreciados, porque hay
gente muy reservada o muy prevenida que no le gusta hacer clic en ninguna parte.
Imaginemos, en términos prácticos, que Facebook
es como una gran plaza virtual donde la gente socializa e interactúa en mayor o
menor intensidad, dependiendo del nivel de confianza. Por las dinámicas de la
vida, moderna, esa plaza virtual ha reemplazado los espacios tradicionales.
Desde esta perspectiva es un hecho que en las
redes sociales hay gente más cercana y más lejana, y es preciso entonces
entender que no se comparte igual con todos. La cuestión por lo tanto no es
estar o no estar en Facebook, ni cuantos "amigos tenemos" sino cuánto
exponemos nuestra imagen y nuestra vida, cuánto comprometemos nuestra intimidad
en cada publicación.
El muro de Facebook es una mera ventana que no
tenemos que cerrar, porque al fin de cuentas es un importante desarrollo y una
facilidad que nos ha dado la tecnología; lo que si tenemos que entender es que lo
trascendental de la vida no se da a través de esa ventana y fundamentalmente
que, lo que se diga o no se diga en esa ventana, no nos hace mejores ni peores
personas, porque las cosas que hacen meritoria nuestra existencia se viven en vivo y
en directo.
Ah... y recuerden lo que dijo Rubén ... "Se ven las caras, pero nunca el corazón"
Ah... y recuerden lo que dijo Rubén ... "Se ven las caras, pero nunca el corazón"


