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miércoles, 28 de mayo de 2014

EL LIBRO DE LAS CARAS.

Por: James Cifuentes Maldonado.


 






En repetidas ocasiones he cuestionado la pertinencia y los fines del relacionamiento social en Facebook, pero he llegado a la conclusión de que el tema no depende de cuán grande es nuestra lista de amigos, ni de si esos "amigos" contactan o no contactan con nosotros, o si hacen o no hacen buenos aportes.  El valor de las cosas que se exponen en Facebook depende de los intereses, la formación y la idiosincrasia de cada usuario, por esto es que la red social, más que una red, es una colcha de retazos donde se dicen muchas verdades, muchas mentiras y también verdades a medias, siendo esto último lo más peligroso.

He comprendido que la lista de "amigos" puede ser tan larga como el alcance o el eco que nosotros queramos que tengan nuestros pensamientos, bajo el entendido que la ausencia de un "me gusta" sobre nuestras publicaciones no significa que nuestros mensajes no fueron valiosos o que no fueron  leídos o apreciados, porque hay gente muy reservada o muy prevenida que no le gusta hacer clic en ninguna parte.

Imaginemos, en términos prácticos, que Facebook es como una gran plaza virtual donde la gente socializa e interactúa en mayor o menor intensidad, dependiendo del nivel de confianza. Por las dinámicas de la vida, moderna, esa plaza virtual ha reemplazado los espacios tradicionales.

Desde esta perspectiva es un hecho que en las redes sociales hay gente más cercana y más lejana, y es preciso entonces entender que no se comparte igual con todos. La cuestión por lo tanto no es estar o no estar en Facebook, ni cuantos "amigos tenemos" sino cuánto exponemos nuestra imagen y nuestra vida, cuánto comprometemos nuestra intimidad en cada publicación.

El muro de Facebook es una mera ventana que no tenemos que cerrar, porque al fin de cuentas es un importante desarrollo y una facilidad que nos ha dado la tecnología; lo que si tenemos que entender es que lo trascendental de la vida no se da a través de esa ventana y fundamentalmente que, lo que se diga o no se diga en esa ventana, no nos hace mejores ni peores personas, porque las cosas que hacen meritoria nuestra existencia se viven en vivo y en directo. 

Ah... y recuerden lo que dijo Rubén ... "Se ven las caras, pero nunca el corazón"

NOTICIA OPTIMISTA

Por: James Cifuentes Maldonado.




URGENTE, EXTRA, EXTRA,... el corresponsal del prestigioso Blog ...OPINOKE..., en la Casa de Nariño, Juan Manuel Zuluaga de Uribe, ha podido confirmar que definitivamente el técnico Néstor Pékerman si llevará a Falcao a Brasil.
Se ha podido establecer que, el cálculo optimista que tiene el estratega argentino, es que El Tigre juegue los últimos 10 minutos del partido de la final que, según sus cuentas, se jugaría contra la selección anfitriona, es decir que todo apunta a un segundo Maracanazo, gracias a un gol de Falcao en el último minuto. Sigan pendientes del desarrollo de esta importante noticia.

LA PATRIA SIN URIBE


Por: James Cifuentes Maldonado.
 
 
Álvaro Uribe, pasará a la historia, como un político que rompió muchos esquemas; pero el que resulta más llamativo, por lo cuestionable, es no haber querido tomar su sitio como EXPRESIDENTE, y seguir dando lora (guerra política) con sus tres huevitos.  En esto corre el riesgo de desdibujar su imagen de prócer nacionalista e incluso restarle lustre institucional a la figura de los expresidentes.

Históricamente los presidentes, luego de su gobierno, han dado un decoroso paso al costado, para que la vida nacional siga, y se dejan ver ya como EXPRESIDENTES precisamente cuando la nación a través del Gobierno los reclama, en su condición de asesores de primerísimo nivel, como faros y casi que casi que como oráculos, como era el caso de López Michelsen, y entiendo que de Lleras Restrepo.   Es tan así que, como expresidentes, han sido respetables incluso los más discutidos en el pasado reciente: Turbay con su Estatuto de Seguridad, Belisario con la toma del palacio de justicia, Gaviria con su Catedral, Samper con su elefante y Pastrana con su Caguán.  Es obvio que Uribe con sus chuzadas, con su AIS, con sus desmovilizaciones sospechosas de paramilitares, con sus falsos positivos, con sus golpes al régimen laboral, a la salud, y muchos otros lunares, no quiere dar ese paso al costado, para que la historia lo juzgue.

En este sentido es posible que Héctor Abad, tenga razón, Uribe no se quiere ir, porque tras de sí ha quedado todo un entramado de dudas y de sombras, que solo es posible tapar y controlar, teniendo el poder en sus manos. …¿hasta cuándo? Esperaría uno que si Oscar Iván Zuluaga, llega a ganar el próximo 15 de junio, se sepa desmarcar de ese capricho y de ese delirio y ejerza su papel con criterio propio e independencia, pero yo sé que eso es mucho pedir.