Por James Cifuentes Maldonado
¿Sabía
usted que existe un indicador dispuesto por la regulación colombiana que se
llama LMD, que significa Límite de
Mortalidad de Delfines? Ni idea, ¿cierto?; Pues bien, el tema tiene que ver
con la pesca de atún a través del método de cerco, en cuya práctica resultan
afectados los delfines que no pueden escapar de las inmensas redes arrastradas
por los barcos atuneros. Para que se
hagan a una idea de las dimensiones del asunto, les comento que mediante la
resolución 2220 de 2015 la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca dispuso
que, para los barcos de bandera nacional, que pescan atún en el pacífico, que
son 11, puede haber un límite de mortalidad total de 550 delfines para el año
2016, esto es 50 delfines por embarcación.
La
medida gubernamental, según su sustentación, está acorde con las políticas
internacionales tendientes a la preservación de la población de delfines y
razonada con las necesidades de abastecimiento de alimento para la
población. Por lo tanto, señor lector,
cuando usted destape una lata de atún, para disfrutarlo en su receta favorita, tenga
presente que muchos delfines han debido morir para satisfacer su hambre y su gusto,
lo cual es un enorme y significativo sacrificio, que nos recuerda qué los
humanos somos el principal depredador de la tierra.
Esto
también nos debe llevar a la reflexión sobre todas las acciones que los
gobiernos deben emprender para conciliar las necesidades de la población frente
a la existencia limitada de los recursos naturales, bajo el concepto poco entendido
de SOSTENIBILIDAD. Pero más que lo que el gobierno haga, que puede ser mucho o
muy poco, porque ello requiere voluntad y esa voluntad generalmente está atada
a intereses económicos, es muy importante la posición responsable de cada
ciudadano frente a su entorno.
Está
claro que no dejaremos de comer atún y está claro que el mayor impacto medio
ambiental lo generan las prácticas de las industrias en general, sin embargo
existen muchas acciones elementales que podemos tomar nosotros de cara a la
sostenibilidad, por ejemplo: Consumir menos energía eléctrica; seguir
insistiendo en la clasificación de las basuras para facilitar el reciclaje;
llevar una canasta para transportar el mercado y evitar el empacado en bolsas
plásticas; velar por el mantenimiento de los vehículos automotores y reducir
emisiones; racionalizar el uso del agua
y, para aquellos a los que les es propicio, utilizar más el transporte masivo o
simplemente caminar cada que haya oportunidad.
Vivimos
en un mundo cada vez más confortable, pero también más amenazado; sin cuestionarnos
cómo y de dónde es que siempre nos llegan los bienes y servicios que consumimos,
sin importarnos el precio ni las implicaciones; esperando que sean otros los
que se hagan las preguntas y encuentren las soluciones.
