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miércoles, 25 de junio de 2014

Que se preocupen los uruguayos...


Por: James Cifuentes Maldonado.


 
Cuando la espuma de la cerveza se sube hay que saborearla antes que se repose, por eso ahora que la pasión del futbol colombiano está en lo más alto, hay que hablar de futbol, con la comodidad y la tranquilidad que dan los buenos resultados. 

Pero no me refiero solo a esos tres maravillosos partidos que nuestra selección nos ha regalado en este mundial, que la han llevado a clasificarse a octavos de final con el peso y la categoría de los grandes, con una performance perfecta con 9 puntos de nueve posibles, con nueve goles que hablan por sí solos de su vocación ofensiva y con dos goles en contra, que bien analizados, indican que es un equipo equilibrado en su planteamiento, que hace y deja hacer, y eso para el espectáculo cuenta mucho; no, en realidad me refiero a todo un proceso que inició en la segunda parte de la eliminatoria  que mostró toda una metamorfosis sorprendente de la selección de la mano de ese señor técnico que es José Néstor Pekerman, porque, a todo señor todo honor.    

Pekerman, un maestro, un líder que ha sabido administrar un puñado de individualidades y de talentos naturales que Colombia siempre ha tenido, pero organizándolos alrededor de unas premisas de trabajo colectivo, de seriedad y de profesionalismo dentro y fuera de la cancha, que, si nos fijamos, fue exactamente lo que le faltó a Colombia en el mundial de Estados Unidos 1994, que pensándolo bien tenía muchas más estrellas que las que hay ahora, ponderando el momento obviamente.

La actual selección nos confirma que no basta con tener excelentes jugadores, que, insisto, Colombia siempre los ha tenido; para llegar a tener resultados consistentes y construir una marca futbolística hay que ir más allá del nacionalismo y del folclore que despierta un buen partido; y en este sentido todos los jugadores que han participado en el actual proceso han mostrado que saben manejar la presión y sobre todo no se han desconcentrado de sus objetivos, a pesar del gran barullo, las adulaciones y el triunfalismo, que generan los medios de comunicación, y es aquí donde se ve la mano del señor Pekerman, que se nota incluso en el discurso de los jugadores, cada vez que dan declaraciones a la opinión pública.  Que orgullo escuchar a James Rodríguez o a Cuadrado, con ese aplomo,  esa seriedad y esa seguridad que solo tienen los que saben para donde van y están conscientes del camino.

Sin demeritar el pasado, que pasado es, y sobre ese pasado hemos construido, es reconfortante poder decir que al fin contamos con un equipo de carácter y de jerarquía, con la combinación ideal de juventud y veteranía, que da la frescura  de pensar en el paso que sigue, el partido con Uruguay, sin las angustias y las incertidumbres extra futbolísticas que pesaban en otras épocas; no, ahora podemos estar tranquilos, sabemos lo que tenemos y sabemos quién es el rival, y  por ello el partido no se ha perdido antes de afrontarlo, al contrario, si nos apegamos a la dinámica de los resultados inmediatos, es innegable que Colombia,  como nunca antes,  es la gran favorita, favorita del corazón pero también favorita en el contexto de una realidad  que muestra a un país que ha fortalecido su ADN y su identidad futbolística, con un juego históricamente exquisito de buen trato al balón, aderezado ahora con jugadores más resueltos y más frontales en la búsqueda del arco contrario.  

Esto es lo que hay, esto es lo que tenemos y con esto es que vamos a enfrentar a Uruguay, adversario circunstancial que no es una incógnita porque lo conocemos bien, porque lleva 100 años jugando de la misma manera, con simpleza y con garra, y por lo tanto es un desafío más en la curva ascendente del futbol colombiano, que no empieza y no termina en Brasil 2014.    

Por todo lo anterior,… que se preocupen los uruguayos, que no le pongan bozal a Suarez, porque Colombia en este mundial tiene 23 titulares, que no se asustan con un mordisco.