Por James Cifuentes Maldonado.
Ideológicamente el mundo está dividido en
conservadores y liberales, y sus distintos matices, tendencias que no son
estáticas; el pensamiento evoluciona al ritmo del desarrollo de la técnica, de
la ciencia y de los avances sociológicos de la humanidad; luego, comparadas las
épocas, es notoria la brecha conceptual entre los unos y los otros. Los
conservadores de hace cien años son una exageración para los conservadores de
hoy y los liberales de antaño serían ultra godos frente a los que hoy dicen ser
de mente abierta.
La actitud conservadora entraña una resistencia a
las nuevas formas de hacer y de pensar, es una talanquera, que algunos llaman
prudencia, frente a los nuevos esquemas y todo lo que no encaje con los
aprendizajes ya establecidos o con las experiencias propias; en
resumen el conservadurismo le hace contención a todos aquellos conceptos que
nos parecen extraños, no convencionales o que van más allá de lo que nos
enseñaron que era la verdad y que constituían el supuesto orden de las
cosas.
El ámbito desde el cual se entiende más claramente
la evolución del pensamiento conservador tiene que ver con el ejercicio del poder,
con el deseo que naturalmente muchos tienen de que nada cambie que todo siga
igual para mantener el control, para sentirse seguros frente a las
incertidumbres que traen los cambios y los nuevos liderazgos; no me
refiero únicamente al gobierno de las naciones que es un asunto muy
complejo; basta con mirar la evolución que ha tenido el concepto de la familia
con todas las incidencias que han surgido de las nuevas visiones en las que se
concibe la unión de dos personas para construir un proyecto, no solamente para
conservar la especie sino para sentirse plenos como individuos y como pareja,
con hijos o aun sin ellos.
Hoy los niños, además de nacer con los ojos
abiertos, son considerados personas, que antiguamente no lo eran, y son
beneficiarios de todas las garantías y protecciones por parte del Estado; las
mujeres se desanclaron de las labores domésticas, estudian, trabajan, son
empresarias, expresan lo que piensan y deciden si se casan o no; los hombres
superaron el rol de meros proveedores del hogar, se están desmarcando de la
rudeza que les quedó de haber sido los guerreros, son más humanos y menos
machos; son sensibles, ríen, lloran, son gentiles con sus compañeras, acarician
y besan a sus hijos y juegan con ellos; dice mi abuela que hace 50 años
eso era exótico.
En la educación sexual hemos avanzado, puesto que
antes del tema no se hablaba, pero falta mucho. Hay que acabar de asimilar que
la sexualidad va más allá de la genitalidad y de la reproducción, que la
inclinación sexual no es una decisión sino una condición humana, que aquí no
hay normales ni anormales, que ser homosexual no es un defecto, que por el
contrario es un atributo sustentado en la diversidad, diversidad que debe ser
protegida por la ley y las instituciones; he ahí la cuestión.
