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martes, 2 de julio de 2019

MINICRÓNICA DE UNA FIESTA A SOLAS.




Por James Cifuentes Maldonado


Llegué a casa, a eso de las 11; puse a enfriar el vino, y mientras tanto saqué los instrumentos.

Con toda la mística instalé la parlantería y los demás fierros y cuando ya estuvieron listos, invoqué a Chico Buarque, quien apareció al instante y se aplicó en cantar sólo para mí.

Retiré el corcho de la botella y llené el fondo de la copa, para disfrutar la explosión de aromas que desprendía el preciado líquido al girar, luego hidraté mi garganta con él, dejé volar un pensamiento por mi hermana, a 8135 kilómetros de distancia, celebrando y lamentando, a la vez, otro cumpleaños de ella, ... sin ella.

Después vinieron otros artistas invitados a mi fiesta íntima, entre ellos, Silvio, Serrat, Triana, Facundo, Calamaro, Céspedes y los Quijano; también muchas voces que me cantaron en inglés y, aunque entendí por partes, sus sonidos, como los de Alan Parsons, se metieron en mi cabeza y corrieron por mis venas como el vino, del que di buena cuenta.

... Y así fue hasta las 5 de la mañana, cuando dejé que la calma se apoderara de mi casa, me fui a la cama y le ordené a mi cuerpo que descansara.