Por James Cifuentes Maldonado
Las redes sociales, de la mano de la tecnología, se han hecho parte de nuestros hábitos y vicios, y es tal su penetración que ya no distingue en tipos de población ni en brechas generacionales; de hecho se han convertido en una gran alternativa para que los mayores paleen su soledad, para que empleen el tiempo que les sobra o que les falta, como se quiera ver.
Las redes hacen parte de nuestra entorno, sea que hagamos uso de ellas o no, a tal punto que la elección del presidente de los Estados Unidos o la desintegración de la Unión Europea, han terminado siendo asuntos influenciados por lo que se dijo y no se dijo en Facebook; o como dice un amigo, no vamos muy lejos quedémonos acá, con la polarización del sí y el no en el proceso de paz, en el que millones de colombianos levantamos la mano y dijimos lo que nos dio la gana, con buenas o malas intenciones, fuera mentira o verdad.
La lista de "amigos" en la redes puede ser tan larga como el alcance o el eco que queramos que tengan nuestros pensamientos; bajo el entendiendo que la ausencia de un "like" no significa que nuestros mensajes no fueron leídos. Siempre, en algún rincón de esa manigua digital habrá alguien agazapado, celebrando o reprobando lo que publicamos; alabándonos o condenándonos en silencio, pero al fin y al cabo, haciéndose un juicio o un prejuicio sobre nosotros.
En términos prácticos Facebook, Twitter, Instagram y ahora ese monstruo llamado WhatsApp, son como inmensas plazas virtuales, a través de las cuales la gente se entretiene, se informa, se desinforma, polemiza o comparte, en mayor o menor medida, sus banalidades o incluso su intimidad, con gente entrañable o con desconocidos, y por las dinámicas de la modernidad, ese mundillo virtual ha terminado reemplazando los espacios tradicionales, que es la parte odiosa y peligrosa de toda esta revolución.
En la radio le han preguntado a un experto ¿entonces, las redes son buenas o malas?, y ha respondido: ni lo uno ni lo otro.
Las redes son una realidad, una herramienta de expresión y de comunicación que no podemos ignorar, pero que tenemos que racionalizar. En teoría, el uso de las redes sociales debería unirnos y hacernos mejores y no al contrario, eso es tan así que Facebook nos deja señalar con un pulgar arriba lo que nos gusta, lo que nos emociona, nos alegra o nos entristece, pero no hay pulgar abajo, porque esa no es la idea.
Como cantara Facundo, “Que sí que no, lo mismo me da, si el sí y el no, no alcanzan igual a mi libertad”.
Las redes hacen parte de nuestra entorno, sea que hagamos uso de ellas o no, a tal punto que la elección del presidente de los Estados Unidos o la desintegración de la Unión Europea, han terminado siendo asuntos influenciados por lo que se dijo y no se dijo en Facebook; o como dice un amigo, no vamos muy lejos quedémonos acá, con la polarización del sí y el no en el proceso de paz, en el que millones de colombianos levantamos la mano y dijimos lo que nos dio la gana, con buenas o malas intenciones, fuera mentira o verdad.
La lista de "amigos" en la redes puede ser tan larga como el alcance o el eco que queramos que tengan nuestros pensamientos; bajo el entendiendo que la ausencia de un "like" no significa que nuestros mensajes no fueron leídos. Siempre, en algún rincón de esa manigua digital habrá alguien agazapado, celebrando o reprobando lo que publicamos; alabándonos o condenándonos en silencio, pero al fin y al cabo, haciéndose un juicio o un prejuicio sobre nosotros.
En términos prácticos Facebook, Twitter, Instagram y ahora ese monstruo llamado WhatsApp, son como inmensas plazas virtuales, a través de las cuales la gente se entretiene, se informa, se desinforma, polemiza o comparte, en mayor o menor medida, sus banalidades o incluso su intimidad, con gente entrañable o con desconocidos, y por las dinámicas de la modernidad, ese mundillo virtual ha terminado reemplazando los espacios tradicionales, que es la parte odiosa y peligrosa de toda esta revolución.
En la radio le han preguntado a un experto ¿entonces, las redes son buenas o malas?, y ha respondido: ni lo uno ni lo otro.
Las redes son una realidad, una herramienta de expresión y de comunicación que no podemos ignorar, pero que tenemos que racionalizar. En teoría, el uso de las redes sociales debería unirnos y hacernos mejores y no al contrario, eso es tan así que Facebook nos deja señalar con un pulgar arriba lo que nos gusta, lo que nos emociona, nos alegra o nos entristece, pero no hay pulgar abajo, porque esa no es la idea.
Como cantara Facundo, “Que sí que no, lo mismo me da, si el sí y el no, no alcanzan igual a mi libertad”.