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sábado, 22 de julio de 2017

La cultura vs la civilización

La cultura vs la civilización
 
Publicado 11/01/2017
 http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/la-cultura-vs-la-civilizaci-n1701.html
 
 James Cifuentes

Suele pasar que cuando a algunas personas nos preguntan que si nos gusta el vallenato, respondemos “uno que otro”; pero también ocurre que en un paseo a la costa, con parranda incluida en la playa, nos contagiamos del espíritu costeño y nos gozamos hasta el amanecer y sin reparo la guachafita con la caja, el acordeón, la guacharaca y el “ayombero”, porque allá la cosa suena y sabe bien diferente.
Pues bien, supongo que algo similar puede suceder con la discutida tradición de la tauromaquia; mientras para algunos es la grandiosa fiesta de los toros, para otros solo es una función de barbarie en tres actos, el tercio de varas, el tercio de banderillas y el tercio de muerte. Entre expertos y críticos la polémica está servida, pero solo de un tiempo para acá, porque hace 40 años, cuando éramos más parroquia, más pueblo, nadie hubiera puesto en entredicho la tradición de las corridas.
El hecho es que, así como algunos somos reticentes con los vallenatos, pero pasamos de lo lindo cuando se interpreta en vivo, no es lo mismo hablar de toros en la sala de la casa que presenciar y sentir la faena de cuerpo presente, acomodado en las graderías y palcos de la plaza; y digo que no es lo mismo para bien y para mal.
Lo que pasa en el redondel es todo un ritual que involucra a los humanos y a los animales desde que estos últimos llegan a los corrales y son preparados para la lidia; y aquí es clave entender que a los toros no se les lleva al coso (a la plaza) simplemente para matarlos, el arte, de raíces griegas y romanas, arraigado en la cultura latina, entiéndase Francia, España, Portugal y sus colonias, consiste, aunque sea difícil entenderlo, en rendirle culto a la divinidad representada en la fuerza, la bravura, las astas y la nobleza de la fiera.
El torero, para los seguidores un valiente y un héroe y, para los detractores, un payaso imprudente, se bate a muerte con el toro; unos dirán que lo enaltece con los pases de la muleta y el capote, para llevarlo a morir dignamente, porque para eso fue criado. Otros seguirán pensado que por más floritura y sofisticación que se le ponga, el toreo no dejará de ser una carnicería, un burdo circo de dolor y sangre, para el deleite de los hombres, que resultan siendo más bestias que el animal. Mientras tanto, cada año, en la calle seguirá la controversia y en las plazas seguirá el carnaval, entre el glamour de los sombreros y las pavas, la euforia de la manzanilla, los pasodobles, los olé y los pañuelos blancos..

Cuánto gané, cuánto perdí

Cuánto gané, cuánto perdí
Publicado 04/01/2017
 http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/cu-nto-gan-cu-nto-perd-1701.html
 
 
 
James Cifuentes

Para determinar si el que pasó ha sido un buen o un mal año, existen muchas perspectivas, muchos puntos de vista, según la variable que queramos considerar.
Si lo miramos desde lo laboral, yo antes podía decir “Soy feliz, y además tengo un gran trabajo”, ahora simplemente digo: SOY FELIZ. El trabajo es una mera circunstancia, que sube y que baja; es algo en lo cual no deberíamos centrar nuestras vidas, especialmente cuando la empresa no es nuestra.


Tuve la fortuna de laborar 22 años en una importante compañía pereirana de telecomunicaciones, gran parte de ese tiempo liderando la oficina jurídica; esa entidad, por los avatares de la economía, se integró con una más grande, a su vez gobernada por una multinacional, que dispuso la fusión y previamente algunos recortes; la transición, hasta cuando estuve, fue un proceso administrativo largo, con miedos y angustias, del cual me quedó la satisfacción de haber participado, facilitando con entusiasmo todo lo que se me pidió profesionalmente, así ello condujera a mi marginamiento; como dice la canción, “nada personal”, así son los negocios.


Hoy no tengo el seguro de la sagrada quincena, se me llevaron el queso, el confort del horario previsible y otros beneficios, pero me quedaron unos días fascinantes que sé cómo empiezan pero no cómo terminan. Me regalaron tiempo, me inspiraron un nuevo orden para mis prioridades. Aunque hubo oportunidad, no tuve el valor de marcharme por mi propia iniciativa, como lo hizo Carlos Raúl Yepes, que se dio el lujo de renunciar a la presidencia de Bancolombia, pero ese caso, muy motivante por cierto, obedeció principalmente a cuestiones de salud.


Perdí un trabajo pero gané una familia unida, que es mi polo a tierra, que me fortalece y me anima a explorar nuevos caminos. Perdí un importante cargo pero gané un mayor margen para ser yo mismo, para acometer mis propias luchas y defender mis propios ideales, o por lo menos para reorientar el enfoque y aplicar mi experiencia y mis competencias en nuevos proyectos.


Perdí un empleo y muchos compañeros, pero gané la oportunidad de saber, entre tantos conocidos, cuáles y cuántos serán mis amigos; si finalmente me quedan dos, o tan solo uno, habré ganado demasiado; si no me queda ninguno, también habré ganado.
Hago estas anotaciones personales, como una catarsis de principio de año, porque en el mundo hay millones de historias iguales.
Con nostalgia he despedido el 2016 y con mucha esperanza he recibido el 2017. Felicidades para todos.

Mi gente linda

Mi gente linda
 
Publicado 21/12/2016
http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/mi-gente-linda1612.html

 
 
James Cifuentes M.

Cuando nos preguntan sobre qué es lo que más nos gusta de Colombia, solemos responder con el siguiente cliché: ¡lo que más me gusta de mi país es su gente!; y por supuesto, cómo no hablar bien de nosotros mismos, de la gente linda, espontánea, generosa, trabajadora, recursiva, creativa, guapachosa, y de gran corazón, que somos los colombianos.

 Así nos reconocemos, desde Leticia hasta la Guajira y de Arauca hasta el Chocó, al punto que somos capaces de identificar a un colombiano cuando habla, cuando ríe y cuando baila; incluso por televisión, de una sabemos que alguien al que están entrevistando es un paisano, no solo por su acento, sino por su nombre y por lo que dice, sobre todo si se llama Gabriel Jaime, John Jairo, Natalia, Leidy, Carlos Alberto, Jorge Mario, Luz Dary o Mariela y se apellida Cardona, López, González, Caicedo, Ramírez, Moreno, Pataquiva,  Castañeda o Bañol.


 En fin, solemos ser el alma de la fiesta, donde quiera que vayamos y muy especialmente somos nobles y muy solidarios, cuando las circunstancias así lo exigen, por ejemplo en las tragedias y desastres naturales.


 Pero, paradójicamente, nosotros, la “gente linda” no lo somos tanto en los momentos en los que es más fácil, cuando no nos cuesta nada, en los espacios donde más deberíamos serlo, en las calles y avenidas de las ciudades.


 En nuestra deshumanización urbana es habitual ver que los conductores lanzan sus carros contra los peatones, porque en sus mentes y en sus afanes no cabe que los de a pie tengan prelación y deban ser protegidos; no tienen esos cuidados simplemente porque las latas de los automotores que conducen suelen ser la prolongación de sus arrogancias y de sus egos, en una relación directamente proporcional a la marca y al tamaño del vehículo. 


 Es frustrante ver como las denominadas “cebras” son a diario inadvertidas; están ahí pintadas para que las motos y automóviles pasen raudos sobre ellas y para que los transeúntes se jueguen la vida encontrando el espacio por donde escurrirse y lograr pasar al otro lado, como podemos verlo todos los días en Pereira, por ejemplo en la carrera 13, entre Orbicentro y la Iglesia de San José.


 Mi “gente linda”, tengamos presente que existen países, unos más desarrollados e incluso otros a los que miramos por encima del hombro, donde la actitud es diferente; allí los conductores prácticamente se desnucan por detenerse cuando ven un peatón cruzando la calle, sin importar si transita por la cebra o no.

Feliz Navidad para todos.

Esta Navidad si es mía

Esta Navidad si es mía
Publicado 14/12/2016
http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/esta-navidad-si-es-m-a1612.html

 
 
James Cifuentes

Es curioso que siendo la Navidad una fiesta religiosa, el componente espiritual  en esta época termine siendo marginal, entre los regalos, la pachanga y la comilona.

Las religiones generalmente están sustentadas en principios de paz, amor, solidaridad, bondad, compasión y comportamiento recto; de hecho son muchos los casos de personas de vida desordenada, violenta y hasta delictuosa que terminan convertidos a una determinada creencia, como un vehículo, como un tótem, como un instrumento que les permite focalizarse en unas conductas y en unos preceptos que les facilitan cambiar y progresar.


Lo cuestionable de las religiones es su organización, su arquitectura, y las jerarquías universales que muy tiesas y muy majas decretan sus ritos a la feligresía, sin ninguna posibilidad de divergencia o discernimiento; lo reprobable de las religiones es que a uno le impongan cómo, cuándo y dónde hablar con Dios.


Indistintamente de la concepción que tengamos de Dios, todos nos reservamos el soberano derecho de pedir cuando estamos en las malas pero también tenemos el deber de no olvidar, de reconocer y de agradecer cuando nuestros días son dichosos; y para eso son precisamente estos tiempos de balances y de renovación de propósitos, con el año que se va y el que se asoma como una nueva oportunidad.


Por distantes o remisos que estemos del concepto de Dios y aun en los casos de personas que definitivamente creen que no existe, en los momentos de gran dificultad, cuando no hay nada que hacer frente al infortunio, cuando las soluciones y los remedios no dependen de nadie y mucho menos de nosotros, cuando nos sentimos perdidos y solos, siempre nos queda una esperanza, esa última mirada interior, ese silencio o esa oración, para que sea lo que tenga que ser.


De Dios nos acordamos y a Dios invocamos: cuando nuestros  hijos se enferman; cuando nuestro negocio quiebra; cuando nos quedamos sin trabajo; cuando vamos a la cárcel o cuando un ser querido muere; esas fatalidades per se no prueban nada, solo reafirman nuestra condición de seres inmensamente necesitados, frágiles y pasajeros.  Sea que creamos o no, es tiempo de Navidad, así lo dictan el calendario cristiano y la economía; dispongamos entonces los bolsillos pero mucho más los corazones, para el renacimiento de todas las ilusiones, para que se reencuentren las familias, para seamos capaces de construir un mundo mejor, para que hagamos de Colombia un país en paz, más justo y con noticias más amables, más humanas.

La mano de Dios que hundió al Pereira

La mano de Dios que hundió al Pereira
Publicado 30/11/2016
http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/la-mano-de-dios-que-hundi-al-pereira1611.html

 
James Cifuentes M.
Se requiere mucha resiliencia para ser hincha del Deportivo Pereira, para soportar una tras otra las frustraciones que nos han deparado las derrotas agónicas, en el último minuto adicionado del último partido; anteayer, cuando ganábamos y no era probable que nada más pasara, pasó, y nuevamente los Leones, antes de Turbo y ahora de Itagüí, volvieron a ser nuestro verdugo.  
Lo sucedido en el partido se lo dejo a los expertos; al final todo cuanto se diga serán meras anécdotas y las estadísticas indicarán que en 2016 el mejor equipo del Torneo Águila fue el Pereira, pero que no ascendió, por ese odioso sistema de cuadrangulares finales que la DIMAYOR debe reconsiderar urgentemente, por ilógico y por injusto.

 El pitazo final en Ditaires hizo que en Bogotá las rodillas de todos los jugadores de Tigres cayeran en tierra, y todos los brazos se elevaran al cielo en señal de agradecimiento; todas las declaraciones fueron unánimes en decir: “toda la honra es para Dios”, porque, según ellos, Dios fue el responsable del gol de Leones que puso a Tigres en la A y dejó al Pereira en la B.


 Por increíble que parezca muchas personas imaginan a Dios como un señor barbado sentado en su trono decidiendo quien gana y quien pierde en la vida y en el deporte; yo francamente no creo que ese señor despache favores ni atienda súplicas de los futbolistas colombianos; él simplemente se frota las manos, frunce el ceño y a veces sonríe, por las ocurrencias de los hombres; Dios es un mero espectador, porque en realidad los caprichos del destino los determinamos nosotros, con lo que hacemos y con lo que dejamos de hacer.


 Pedir y dar gracias a Dios es una técnica neurolingüística que ayuda a las personas a no abandonar sus metas, que parte del presupuesto de que la fe es una fuerza arrolladora que, además de alimentar el espíritu, convence al cerebro y elimina los miedos de hacer y de actuar, que son las barreras mentales que limitan a los seres humanos.


 Yo creo que el éxito se deriva fundamentalmente de la determinación, de la buena voluntad y del trabajo de las personas; lo demás, lo que hace que las cosas sucedan de una u otra manera, se lo debemos al azar y el azar y la anarquía constituyen la concepción de Dios que menos nos gusta, por eso preferimos quedarnos con la imagen del anciano paternal y ecuánime que da a cada quien lo que le corresponde, así en la práctica ello carezca de lógica y de justicia, como acaba de suceder para desgracia de los hinchas matecañas.

La importancia del deporte en la formación de las personas

La importancia del deporte en la formación de las personas
Publicado 23/11/2016
http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/la-importancia-del-deporte-en-la-formaci-n-de-las-personas1611.html

 
 
James Cifuentes Maldonado


Mi gusto por el fútbol siempre ha sido inversamente proporcional a mi talento con un balón; de muchacho, cuando picaban la recocha en el barrio, nadie me escogía y me regalaban para el equipo que hiciera el primer gol; me ponían de arquero, me paraban entre dos piedras y me dejaban ahí sembrado, mi única función era no moverme, con eso ya colaboraba mucho para que la pelota no entrara.

 Me superé después con la bicicleta, pedaleando me fue mejor, al punto que hice parte de la Liga Departamental de Ciclismo y tuve la oportunidad de correr en varios certámenes nacionales; pero esta práctica, además de condiciones requiere, ciertas coincidencias para salir adelante y muchas de ellas tienen que ver con el apoyo económico y eso era complicado en mi caso y en mi época, y mucho más para ciclistas pisteros (de velódromo) como lo era yo.


 Luego de 8 años porfiando me retiré, cuando un técnico, sin diplomacia alguna, me dijo que, a mis 21 años, yo ya estaba muy viejo, y tal vez ese señor tenía razón, porque a esa edad no había ganado nada significativo, aparte del gusto por competir y el honor de portar ese hermoso uniforme verde de Risaralda con sus 14 lucientes estrellas.


 De mi pasado como ciclista me quedan los valores deportivos, la tenacidad para superar el dolor, el cansancio y las dificultades, la disciplina de prepararme todos los días y la solidaridad de trabajar en equipo por un objetivo común y superior, no tanto por mi mérito personal sino por el reconocimiento de la tierra que representé, y todo eso, al final, en la formación de una persona, hace la diferencia entre el bien y el mal, entre el éxito y el fracaso, cualquiera que sea el camino que finalmente tome cuando ya no sea deportista.  


 Aunque no pude vivir del deporte y me tocó colgar la bicicleta, lo más importante es que me preparé para la vida, terminé mi bachillerato y posteriormente, saltando matones, me hice profesional, en un tiempo en el que ir a la universidad, más que un privilegio, era un sueño.


 A todos los padres de familia les recomiendo que, además de educación, inculquen en sus hijos el interés por el deporte, porque la práctica deportiva, al margen de si se logra el éxito o no, en términos de trofeos, medallas y dinero, es una experiencia que marca a las personas para siempre, con una huella que generalmente se traduce en principios e integridad, que ayudan a construir una sociedad mejor.


 Un mensaje igual envío a los gobernantes, para que fomenten la actividad deportiva e inviertan en infraestructura para la misma; tal vez  así, sacaríamos a los jóvenes de las esquinas donde nada bueno producen y los llevaríamos a las canchas, a los gimnasios, a las pistas o a las piscinas, para que, al menos, si no llegan a ser campeones y aunque no consigan fama y fortuna, sean mejores seres humanos, que es lo que realmente importa.

Lánguido debut del amado en cuadrangulares

Lánguido debut del amado en cuadrangulares


Publicado 26/10/2016
http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/l-nguido-debut-del-amado-en-cuadrangulares1610.html
James Cifuentes Maldonado

Todo estaba servido, el equipo completo a disposición del técnico, compañón de 70 puntos en el año y bastante aire en las camisetas rojiamarillas; la gente muy entusiasmada y la asistencia numerosa ocupando las graderías del estadio en un poco más de la mitad del aforo.

 La logística en el acceso fue aceptable y quienes subestimamos la ocasión y llegamos tarde solo nos perdimos 15 minutos del primer tiempo;  de hecho  nos tocó escuchar desde afuera el lamento de la hinchada local cuando los visitantes encajaron  el primer gol a los seis minutos. 


 Todo era jolgorio, como si no lleváramos 5 años en la categoría B del futbol colombiano y como si ya hubiéramos retornado a la A, hasta que llegó ese gol tempranero de Lloreda que nos recordó que no hemos ganado nada, que Leones Futbol Club es un equipo complicado que le ha tomado la medida al Pereira, al punto que nos aguó la fiesta en 2015, negándonos la  promoción en el penúltimo partido.   Un gol que nos aterrizó y nos dejó claro que 70 puntos en el “todos contra todos” serán inútiles, si en los cuadrangulares finales nos arrugamos; así podía leerse en la gradería sur donde los incansables “Lobos” vivieron el partido con la misma intensidad de siempre, aunque el equipo no estuviera a la altura.


 Fue un juego extraño, dominado por los nervios y las imprecisiones, pero aún así tuvimos una primera parte vibrante, con un Deportivo Pereira punzante, volcado al ataque en procura de igualar el marcador, lográndolo en el minuto 47, pudiéndose ir al descanso sin tanta angustia. 


 En la segunda mitad pasó de todo; prematuramente y por una jugada tonta en defensa nos clavan el segundo gol;  el Pereira con más coraje que talento  iguala las acciones en un cobro de tiro de esquina y casi que al mismo tiempo, aun en los ecos de la celebración, Suescún desde el centro del campo cuelga a Mauricio Mafla para un tercer gol  que  por  fortuna no fue validado, por un tecnicismo cuyo análisis le dejo a los expertos.


 Empatado se acabó el partido; no valieron los canticos desde la tribuna ni los 5 minutos de alargue que dictaminó el árbitro; el Pereira salvó los trastos y los Leones se llevaron un punto de oro y nos quitaron 2 que nos pueden salir caros.


 El único ganador de la noche fue Juan Pablo Gallo a quien el locutor del estadio, en repetidas veces, le atribuyó los éxitos del onceno matecaña; al parecer Gallo está derecho, es el segundo mejor alcalde del país, aunque todavía no entendamos plenamente quién va a hacer lo que hacía el desaparecido Instituto de Cultura, qué será de los proyectos del Infipereira; cómo se tapará el hueco de la plusvalía no cobrada en el San Mateo; cómo recuperaremos el espacio público, ni cuándo se integrará el transporte metropolitano.


 Hoy entiendo a muchos hinchas matecañas desterrados del Hernán Ra
mírez  Villegas, que volverán solo cuando la horrible noche del descenso haya terminado.

Bálsamo, el Nobel para los hacedores de canciones

Bálsamo, el Nobel para los hacedores de canciones

Publicado 19/10/2016
http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/b-lsamo-el-nobel-para-los-hacedores-de-canciones1610.html


James Cifuentes Maldonado

Nos hemos acostumbrado a que el arte, en lo literario, consiste en extensos tratados, con profusos y complejos planteamientos ideológicos, fascinantes novelas o relatos inacabables, pero la decisión que inusitadamente ha tomado la Academia Sueca, al otorgar el premio Nobel de Literatura a un cantautor, el estadounidense conocido como Bob Dylan, nos puso a reconsiderar; nos ha propuesto que las canciones son poesía, una expresión popular, en esas piezas sonoras que traen el mensaje directo y preciso, que nos lanzan las ideas puras, sin adornos y sin envolturas; porque eso es lo que uno encuentra en algunas letras, especialmente en las de corte social y aun en aquellas que se dedican a recrear el mundo en su cotidianidad, en todos los géneros musicales.

 Dylan, a la hora de rayar estas notas, no se había reportado con la organización del premio, en un aparente desplante que acrecienta la polémica en cuanto si semejante distinción, como el Nobel, aplica para los bohemios y los peludos que “simplemente” componen canciones y las cantan, partiendo de la base de que existirían otros personajes, esos sí escritores de oficio, con más méritos para ganarlo, aunque la historia ha demostrado que no basta con ser bueno, y si no recordemos que Jorge Luis Borges se murió sin poder llevar ese trofeo a su repisa.

 Muy seguramente, desde la perspectiva literaria que ahora nos señalan, todos los que han seguido la noticia harán su propio listado de compositores que deberían haber recibido el Nobel;  yo tengo los míos, desde Carlos Gardel, pasando por Armando Manzanero, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez, Rubén Blades, Juan Gabriel, Joe Arroyo y hasta Darío Gómez; pero hay uno en particular que es candidatazo por todo lo que ha escrito y cantado; porque combina todas las facetas de quien se dirige a la gente en todas sus dimensiones: la gente agobiada, la gente contenta, la gente creyente, la gente escéptica, la gente viva y la gente desahuciada, pero que en especial, con su Bossa Nova, le canta a la sociedad y a los enamorados; estoy hablando de Chico Buarque.

 Llevaba toda mi vida oyendo hablar de Buarque, de su inspiración fenomenal, pero sin explorarlo, y me lo topé una noche cualquiera, saboreando un vino tinto, por la gentil sugerencia de un amigo, Fernando Ocampo Contreras, quien sin rodeos y dejando mucho de lo mejor para después, me presentó la obra cumbre, para mi gusto, de ese brasileño de voz nasal, de notas alargadas y mensajes encriptados, que con sus canciones dice mucho más de lo que aparentemente se oye.

Esa noche conocí a Geni y el Zepelín; quedé cautivo de la prostituta a la que le gusta amar los bichos, de la heroína que salvó al pueblo y que el mismo pueblo desechó cuando estuvo a salvo, así como el gobernante desprecia al elector cuando ya tiene el mando.  
 “Geni y el Zepelín”, es a Chico Buarque, lo que “Cien años de soledad” es a Gabriel García Márquez, pero más breve.