La importancia del deporte en la formación de las personas
Publicado 23/11/2016
http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/la-importancia-del-deporte-en-la-formaci-n-de-las-personas1611.html
James Cifuentes Maldonado
Mi gusto por el fútbol siempre ha sido inversamente proporcional a mi talento con un balón; de muchacho, cuando picaban la recocha en el barrio, nadie me escogía y me regalaban para el equipo que hiciera el primer gol; me ponían de arquero, me paraban entre dos piedras y me dejaban ahí sembrado, mi única función era no moverme, con eso ya colaboraba mucho para que la pelota no entrara.
Me superé después con la bicicleta, pedaleando me fue mejor, al punto que hice parte de la Liga Departamental de Ciclismo y tuve la oportunidad de correr en varios certámenes nacionales; pero esta práctica, además de condiciones requiere, ciertas coincidencias para salir adelante y muchas de ellas tienen que ver con el apoyo económico y eso era complicado en mi caso y en mi época, y mucho más para ciclistas pisteros (de velódromo) como lo era yo.
Luego de 8 años porfiando me retiré, cuando un técnico, sin diplomacia alguna, me dijo que, a mis 21 años, yo ya estaba muy viejo, y tal vez ese señor tenía razón, porque a esa edad no había ganado nada significativo, aparte del gusto por competir y el honor de portar ese hermoso uniforme verde de Risaralda con sus 14 lucientes estrellas.
De mi pasado como ciclista me quedan los valores deportivos, la tenacidad para superar el dolor, el cansancio y las dificultades, la disciplina de prepararme todos los días y la solidaridad de trabajar en equipo por un objetivo común y superior, no tanto por mi mérito personal sino por el reconocimiento de la tierra que representé, y todo eso, al final, en la formación de una persona, hace la diferencia entre el bien y el mal, entre el éxito y el fracaso, cualquiera que sea el camino que finalmente tome cuando ya no sea deportista.
Aunque no pude vivir del deporte y me tocó colgar la bicicleta, lo más importante es que me preparé para la vida, terminé mi bachillerato y posteriormente, saltando matones, me hice profesional, en un tiempo en el que ir a la universidad, más que un privilegio, era un sueño.
A todos los padres de familia les recomiendo que, además de educación, inculquen en sus hijos el interés por el deporte, porque la práctica deportiva, al margen de si se logra el éxito o no, en términos de trofeos, medallas y dinero, es una experiencia que marca a las personas para siempre, con una huella que generalmente se traduce en principios e integridad, que ayudan a construir una sociedad mejor.
Un mensaje igual envío a los gobernantes, para que fomenten la actividad deportiva e inviertan en infraestructura para la misma; tal vez así, sacaríamos a los jóvenes de las esquinas donde nada bueno producen y los llevaríamos a las canchas, a los gimnasios, a las pistas o a las piscinas, para que, al menos, si no llegan a ser campeones y aunque no consigan fama y fortuna, sean mejores seres humanos, que es lo que realmente importa.
Mi gusto por el fútbol siempre ha sido inversamente proporcional a mi talento con un balón; de muchacho, cuando picaban la recocha en el barrio, nadie me escogía y me regalaban para el equipo que hiciera el primer gol; me ponían de arquero, me paraban entre dos piedras y me dejaban ahí sembrado, mi única función era no moverme, con eso ya colaboraba mucho para que la pelota no entrara.
Me superé después con la bicicleta, pedaleando me fue mejor, al punto que hice parte de la Liga Departamental de Ciclismo y tuve la oportunidad de correr en varios certámenes nacionales; pero esta práctica, además de condiciones requiere, ciertas coincidencias para salir adelante y muchas de ellas tienen que ver con el apoyo económico y eso era complicado en mi caso y en mi época, y mucho más para ciclistas pisteros (de velódromo) como lo era yo.
Luego de 8 años porfiando me retiré, cuando un técnico, sin diplomacia alguna, me dijo que, a mis 21 años, yo ya estaba muy viejo, y tal vez ese señor tenía razón, porque a esa edad no había ganado nada significativo, aparte del gusto por competir y el honor de portar ese hermoso uniforme verde de Risaralda con sus 14 lucientes estrellas.
De mi pasado como ciclista me quedan los valores deportivos, la tenacidad para superar el dolor, el cansancio y las dificultades, la disciplina de prepararme todos los días y la solidaridad de trabajar en equipo por un objetivo común y superior, no tanto por mi mérito personal sino por el reconocimiento de la tierra que representé, y todo eso, al final, en la formación de una persona, hace la diferencia entre el bien y el mal, entre el éxito y el fracaso, cualquiera que sea el camino que finalmente tome cuando ya no sea deportista.
Aunque no pude vivir del deporte y me tocó colgar la bicicleta, lo más importante es que me preparé para la vida, terminé mi bachillerato y posteriormente, saltando matones, me hice profesional, en un tiempo en el que ir a la universidad, más que un privilegio, era un sueño.
A todos los padres de familia les recomiendo que, además de educación, inculquen en sus hijos el interés por el deporte, porque la práctica deportiva, al margen de si se logra el éxito o no, en términos de trofeos, medallas y dinero, es una experiencia que marca a las personas para siempre, con una huella que generalmente se traduce en principios e integridad, que ayudan a construir una sociedad mejor.
Un mensaje igual envío a los gobernantes, para que fomenten la actividad deportiva e inviertan en infraestructura para la misma; tal vez así, sacaríamos a los jóvenes de las esquinas donde nada bueno producen y los llevaríamos a las canchas, a los gimnasios, a las pistas o a las piscinas, para que, al menos, si no llegan a ser campeones y aunque no consigan fama y fortuna, sean mejores seres humanos, que es lo que realmente importa.

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