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miércoles, 29 de abril de 2015

EL PODER DEL VOTO DE OPINIÓN.



Por James Cifuentes Maldonado


Los partidos y movimientos tradicionales, que supuestamente representan las mayorías, se mantienen en el poder y se engordan por la apatía de quienes no votan, en un círculo vicioso en el cual los ciudadanos concluyen que no hay más opciones, que los dirigentes establecidos son malos, pero no hay más. 

Frente a esta adversidad tomó fuerza el concepto del “voto de opinión” como esa manifestación de unas personas que, dotadas de algún criterio, se rebelan contra los paradigmas políticos, porque se sienten atraídos o motivados por algo en particular de un candidato, algo que les hace pensar que elegirlo daría lugar a un resultado diferente.

Considerando que en Colombia el abstencionismo históricamente ha sido superior al 50%, es perfectamente viable que cualquier candidato, sin maquinaria, a nivel local, regional o nacional, que conquiste el favor de la opinión, pudiera dar la sorpresa, como en efecto ya ha sucedido en Medellín y en Bogotá con Sergio Fajardo y Antanas Mokus, quienes rompieron los esquemas y se saltaron las “empresas” políticas establecidas. Ahora, también puede ser que quienes opinan y buscan alternativas diferentes, al no estar cohesionados por una organización, desconfíen de su poder y den la causa por perdida frente a los partidos y candidatos tradicionales, de tal manera que faciliten la continuidad de los mismos con las mismas.

Quienes se forman una opinión frente a una persona o frente a una propuesta política, necesariamente deben darse al deber de averiguar quién es el candidato, cuál es su pasado y en qué consisten sus planteamientos; aunque se diga que todos tenemos esta posibilidad, sin importar el estrato y la educación, la realidad es que el voto en Colombia, en su mayoría, no es un voto informado ni consciente, es un voto amarrado por el clientelismo o los intereses burocráticos, o, en el peor de los casos es un voto producto del engaño o de la coacción, y de esta manera no es un voto libre orientado a la mejor propuesta o por el candidato con la mejor preparación o la mejor reputación, sino que es un voto incondicional (ciego), dirigido a satisfacer un interés particular.

En el proceso para elegir un nuevo alcalde de Pereira, es nuestro deber, hacer las sumas y las restas para decidir, con conocimiento y con responsabilidad, lo que más le conviene a la ciudad, por todo lo que tiene y por todo lo que le falta; hay que ir a las urnas con convicción y autonomía para legitimar la opinión, porque opinar sin tomar posición y sin votar es un ejercicio estéril; porque, en teoría, lo que es bueno para el colectivo, debe serlo para los individuos; esa es la esencia de la democracia.




viernes, 17 de abril de 2015

CARTA A UN AMIGO URIBISTA.



Por James Cifuentes Maldonado

(Originada de una conversación en redes sociales)


Estimadísimo Fernando, la mayor parte de tus apreciaciones son razonables y comparto ese inventario de ejecutorias que has hecho sobre el gobierno de Uribe. En efecto Alvaro Uribe Vélez, fue un presidente diferente, se hizo sentir y sacó a este país de ese marasmo en el que quedamos luego del frente nacional, pasando después por gobiernos tan agrestes como el de Turbay, tan poético y tan trágico como el de Belisario, tan aperturista y globalizador como el de Gaviria, tan confuso como el de Samper y tan perdido como el de Andrés Pastrana. En todos esos años la insurgencia creció alentada por el abandono Estatal en las regiones lejanas y en las no tan lejanas, pero aisladas por la falta de acceso e infraestructura.

Aunque no voté por Uribe, sentí de manera positiva y con entusiasmo su talante enérgico que sacudió la nación y nos brindó una nueva percepción de seguridad basada en la autoridad y en el despliegue de la fuerza. Sentí la presencia y el compromiso del gobernante en cada uno de sus consejos comunales como una forma de recordarnos que el Gobierno no solamente se hace en el Consejo de Ministros sino también con el pueblo en vivo y en directo y aunque eso tenía mucho de top show, sentí que eso era bueno.

Con Uribe se incubaron los famosos tres huevitos: - la seguridad desde la democracia, - la confianza inversionista desde la responsabilidad social y la cohesión social desde las libertades, y aunque reconozco que esos postulados programáticos pusieron al país en otra dinámica, encuentro que, en parte, se concretaron, y le han sido especialmente útiles al gobierno de Santos, pero hay que decir también que en parte fueron solamente retóricos.

La seguridad que se impuso, se adornó con el sentido democrático es decir con la intención de que fuera para todos pero no fue así, porque hubo seguridad para unos, a costa de la seguridad de otros y prueba de ello son los falsos positivos; La confianza inversionista fue una consecuencia de un país aparentemente más seguro y fue el huevito que reventó más rápido y alcanzó a emplumar, pero no brilló propiamente por la responsabilidad social, porque el interés social no fue propiamente la esencia de Agro Ingreso Seguro; La cohesión social se dio alrededor de un país desesperanzado, cansado de décadas de violencia y dispuesto a alcanzar el fin (la paz) sin importar los medios y eso no armonizó mucho con las libertades sociales, y si no, miremos donde vamos con el tema de las interceptaciones ilegales, donde todos sus protagonistas cayeron en desgracia, y la única pieza suelta y que no ha asumido su responsabilidad es el propio expresidente Uribe.

Siempre me ha llamado la atención la forma artificiosa con la que Uribe pone la palabra democracia en medio de todas sus ideas e iniciativas, sin embargo la estrategia para lograr su reelección no brilló justamente por ser transparente y limpia, y lo que no es transparente y limpio no puede ser democrático. Por fortuna el tiempo y la justicia han puesto las cosas en su lugar, a pesar de que no me alegro de la tragedia que deben estar están pasando Sabas Pretelt, Bernardo Moreno y Alberto Velasquez, fieles emisarios de Uribe condenados sin atenuantes por el escándalo de la “Yidis política”; ¿y a todas estas, Uribe qué?... Bien gracias…, gozando de buena salud, porque su famoso “teflón” es increíblemente inagotable.

En fin yo aprecio muchas cosas de Uribe y no discuto que sus 8 años de gobierno ocuparán un lugar relevante en la historia de Colombia y será recordado, para bien y para mal, por mucho tiempo y los ríos de tinta que corren hoy entre sus fanáticos y sus detractores seguirán creciendo.

Estoy de acuerdo contigo Fernando, en que Uribe en su gobierno no fue un payaso, todo lo contrario, fue un señor bien caracterizado por lo serio y por lo frentero, al punto de rayar en la grosería, pero su estilo procaz funcionaba; recuerdo por ejemplo dos momentos, uno simpático que fue la discusión telefónica con “la mechuda” y la famosa sentencia de que “te voy a pegar en la cara marica” y otro en el que alcancé a sentir amor de patria por la posición digna y categórica que asumió Uribe en esa encerrona que le pretendieron hacer los presidentes Chávez, Morales y Correa en una cumbre de UNASUR en Bariloche Argentina, ese día me contagié de la admiración por la “verraquera” de mi presidente paisa, defendiendo la relación de Colombia con los Estados Unidos.

En esa época Uribe no era un payaso, Uribe se volvió un payaso después, justo cuando no debía serlo ya que la dignidad de su investidura como Expresidente le exigía más altura y más gallardía. Pero Uribe eligió un estilo de oposición agresiva, intolerante, sin espacio para la construcción y pelando el cobre por no tener el poder. Pero eso no es lo peor porque al fin y al cabo esa es la consecuencia natural de su talante, eso mostraba desde chiquito.

Lo más grave y lo que repruebo de Uribe es que haya caído tan bajo, en su afán de atravesarse en todo lo que no sea de su gusto, y que en ese afán y en esa paranoia se haya dedicado a la simple maledicencia y la pataleta como lo ha venido haciendo, como en el asunto de la financiación de la campaña de Juan Manuel Santos, como en el incidente con el profesor de la Libre y más recientemente con la afirmación infame, o por lo menos a priori, de que el presidente y la fuerza aérea de Colombia se negaron deliberadamente a prestar asistencia a los militares atacados en Buenos Aires Cauca; eso es algo francamente incendiario y que raya en la esquizofrenia, pero lo paradójico es que, por ese tipo de declaraciones, es que Uribe es querido por la mitad de este país; esa mitad de colombianos que no opinan con la razón sino con la emoción y con las vísceras.

…Por lo demás, Alvaro Uribe me parece un “man” chévere.

jueves, 16 de abril de 2015

LA EDUCACION PARA LA PAZ



Por James Cifuentes Maldonado


La Paz se construye de mil maneras; la más simple pero más dolorosa, por sus costos y sus secuelas, es la guerra. Pero además La Paz se cultiva y se abona con la actitud de todos nosotros, en nuestra cotidianidad y fundamentalmente con la educación temprana; el problema es que la mayoría de nosotros, que no fuimos educados para la paz, no somos conscientes de ello, porque hemos vivido un país de sobresaltos, en una sucesión de oleadas de violencia y calmas chichas, y nos hemos acostumbrado a eso, especialmente los que no hemos sufrido el conflicto en forma directa, porque hemos tenido la fortuna de vivir en la calma relativa de una ciudad como Pereira.

Los adultos de hoy no creemos ser parte del problema y por lo tanto no nos sentimos responsables de la solución; a pesar de esta indiferencia, nos sentimos con la autoridad moral de descalificar el proceso de paz, para que siga la guerra. 

Imaginemos, que todos los niños pudieran ser bien educados en su casa y en la escuela y que producto de ello se apropiaran de un solo valor, entre tantos que componen la grandeza humana, y que ese solo valor fuera la honestidad, sabiendo que el diccionario dice que honesto se asimila a quien es decente, decoroso, razonable, justo, probo, recto y honrado; si así fuera, daríamos un gran paso, para una sociedad más armónica.

En verdad, sobre las causas de la guerra y su realidad es muy poco lo que sabemos y queremos saber; es muy poco y muy fragmentario lo que nos cuentan; es muy poco lo que estamos dispuestos a admitir y, lo más grave, son muy pocos los compromisos que estamos dispuestos a asumir.

Hechos de sangre como el sucedido en Buenos Aires, Cauca, en pleno proceso de paz y de supuesta tregua unilateral de la guerrilla, son tristes y deplorables, tanto por el sacrificio de nuestros soldados, como por el daño que le ocasiona a las negociaciones; pero no podemos olvidar que a pesar del impacto de ese suceso, no todos los muertos y las víctimas de esta guerra salen en los noticieros o en los periódicos de cobertura nacional, porque ahí hay un gran espectáculo mediático y los medios tienen dueños, y esos dueños tienen intereses. 





miércoles, 15 de abril de 2015

QUERÍA ESCRIBIR SOBRE LA PAZ.


Por James Cifuentes Maldonado.

Hoy quería escribir sobre la paz, la paz de Colombia; hace tiempo que vengo con ese impulso contenido; un deseo literario aplazado, primero porque es un tema trillado por los medios de comunicación, abordado por las mejores plumas de este país e incluso por expertos de otros confines del planeta, donde parece que nos conocen más de lo que nos conocemos a nosotros mismos; por lo tanto, ¿qué aporte podría hacer yo? ¿Qué podría decir yo sobre la paz que no se haya dicho antes con más autoridad y con más certeza?

Hoy quería escribir sobre la paz, porque he sido un firme convencido de que es posible; porque desde mi orilla y desde mis posibilidades he dado la lucha ideológica por defenderla, no tanto como una iniciativa del actual gobierno, al cual le doy el mérito de haberse embarcado con determinación en su búsqueda, sino como un ideal de nuestro destino como pueblo, porque ya hemos sufrido demasiado, porque la merecemos, porque la necesitamos. 

He querido hablar de paz porque no entiendo cómo puede haber personas que no la quieran o que la vean posible solamente por el fuego de los cañones y el poder destructivo de la metralla, no entendiendo que la paz que se consigue por la fuerza, por el sometimiento y con indignidad, no es una verdadera paz, cuando más será una tregua, mientras que la parte doblegada se recupera y vuelve al campo de batalla, perpetuando la espiral de violencia.

Quería escribir sobre la paz, inspirado por la reciente cumbre Americana en Panamá, en la cual los presidentes de Estados Unidos y de Cuba, nos han demostrado que las posturas internacionales no son absolutas ni inamovibles, porque los tiempos cambian y la realidad obliga a ponernos a tono con el presente. Quería hablar de paz porque precisamente hoy Barack Obama nos ha sorprendido con el anuncio de que su gobierno tiene la voluntad de excluir a Cuba, su contradictor acérrimo en los últimos 52 años, de la lista de países que apoyan el terrorismo; quería hablar de paz, porque este hecho, además de interesar a los cubanos, encierra un inmenso significado y unas tremendas implicaciones para el resto de las naciones. 

Quería escribir sobre la paz, pensado en el siguiente silogismo: si el gobierno de los Estados Unidos consideraba a Cuba una nación patrocinadora del terrorismo; si Cuba ha sido un régimen amigo y auspiciadora de las FARC, y los Estados Unidos han cambiado de parecer respecto a Cuba, necesariamente la posición de Washington respecto de la las FARC y sobre el conflicto en Colombia, así sea de manera indirecta, sufre una variación, o por lo menos el proceso de paz entre el gobierno colombiano y ese movimiento insurgente sufre una especie de legitimación por parte de los gringos.

Hoy quería escribir sobre la paz, al imaginarme una Cuba sin bloqueo económico, viable y próspera, interactuando a plenitud con el resto del continente y con el mundo; quería hablar de paz pensando necesariamente que si la geopolítica en América mueve sus mojones y la revolución cubana evoluciona, Colombia igualmente tiene que hacerlo, porque, terminados los rezagos de la guerra fría, nuestro conflicto se reduce a una especie única, rara, quedando agotados y caducos los discursos de las partes enfrentadas. 

En el nuevo contexto americano la búsqueda del poder por las armas pierde sentido y espacio, así como se elimina cualquier justificación para la financiación de la guerra basada en el secuestro y el narcotráfico, es decir que la “combinación de todas las formas de lucha” deben darle paso a las formas civilizadas y sobre todo a la participación política; del mismo modo, el modelo de defensa del Estado basado en la fuerza y el exterminio de los desposeídos y de quienes piensan diferente, debe erradicarse para darle paso una sociedad más incluyente y más justa, reconociendo que la tierra y la riqueza están mal repartidas; admitiendo que Colombia no puede seguir siendo un país feudal, acabando con los monopolios de tierras inoficiosas. 

En fin hoy quería escribir sobre la paz, pero no voy a hacerlo, porque todos aquellos que no comparten mi optimismo me enrostrarían los 11 militares muertos y los 18 heridos del ataque guerrillero en Buenos Aires, Cauca, sobre lo cual no tengo palabras que no sean de tristeza y de rechazo, sin embargo, teníamos que estar conscientes de las implicaciones y las consecuencias de negociar en medio de la guerra, sabiendo que en la medida en que el proceso progresara, serían inevitables estas situaciones entre las partes, para fortalecer sus posiciones como una forma postrera y absurda de precipitar el anhelado cese al fuego bilateral, porque ningún cese unilateral es sostenible, porque no es sincero. 

Es perentorio entender que en las vísperas de la paz, se recrudece la guerra, así como cuando va a amanecer, se pone más negra la noche. 





SE ME PERDIÓ EL TELÉFONO, Una historia con final feliz.



Por James Cifuentes Maldonado


Asciendo al avión que hoy me llevaría a la ciudad de Medellín, una nave pequeña pero moderna de la empresa ADA; al abordar, el mismísimo piloto me indica que no hay asignación de sillas, es decir que me puedo sentar donde me plazca; elijo la fila al lado izquierdo, porque así aseguro que desde la altura en el despegue podré darle una mirada a mi casa de techo amarillo que se destaca en el verde del entorno del Pueblito Cafetero. Ya acomodado en mi lugar, veo que la auxiliar de vuelo revisa uno a uno los compartimentos donde se guardan los equipajes de mano, y seguidamente pregunta a cada uno de los pasajeros, si en el bolsillo del respaldo de la silla del frente, puede haber quedado un celular que se ha reportado como olvidado por un viajero del vuelo anterior.

Los pasajeros buscamos afanosamente y con diligencia el aparato, como si fuera nuestro, pero la búsqueda es infructuosa, el preciado artículo no aparece y se nota el rictus de angustia de la auxiliar, porque justamente el vuelo no sale, en espera de encontrarlo, y llevamos ya tres minutos parqueados listos para el carreteo; por si las moscas, volvemos y damos otra revisada y … ¡BINGO¡ …el celular aparece, lo ha encontrado una pasajera que está sentada al lado de mi silla; el aparato estaba oculto entre la separación de los dos asientos de cuero; la reacción es general, de alegría, incluso varios pasajeros alcanzan a aplaudir, unos con determinación y otros tímidamente como si dudaran de si hay motivo o no para el alborozo; el hecho es que todos estamos contentos; la auxiliar toma el celular y lo lleva presurosa a la cabina y lo entrega al piloto quien a su vez se lo pasa por la ventanilla a un miembro del personal de tierra, quien inmediatamente corre a entregarlo a su dueña, y digo la dueña porque el aparato es de color rosado y además porque al final del corredor de la pista hay una dama con los ojos desorbitados esperando la noticia sobre si su apreciado elemento apareció o no apareció. No alcanzamos a ser testigos del momento en que la despistada dama recibe su teléfono pero suponemos que ha sido de júbilo, porque nos imaginamos que pudo haber sido a nosotros a los que se nos hubiera perdido y eso indudablemente, hoy por hoy, sería toda una tragedia.

Esta historia es en apariencia fútil, banal y frívola, pero en realidad es de lo más trascendental, de acuerdo con las prioridades del mundo moderno en el cual el teléfono móvil no es un artículo de primera necesidad, es más que eso, es una especie de apéndice del cuerpo, soldado a nuestras manos, al punto que ya no imaginamos la vida sin nuestro teléfono y, si lo perdemos de vista, es como si quedáramos desnudos y además aislados del universo, totalmente incomunicados; es un horror; por eso, perder el teléfono y recuperarlo, aunque no pareciera justificado, actualmente en nuestros nuevos estándares y valores, es todo un motivo de felicidad.

¿Alguna vez han notado ustedes, la expresión del rostro de una persona que, metiendo la mano a su bolsillo o su cartera, no encuentra el celular? Los gestos son desencajados y desesperados, como si se le hubiera perdido un hijo; pareciera una exageración, pero así es; perder el teléfono móvil es una fatalidad, no sólo por el costo de la reposición, sino porque, el tiempo en que nos quedamos sin ese bendito aparato, es verdaderamente aciago, como si quedáramos fuera de circulación.

Hoy por hoy, el uso del teléfono móvil va más allá de nuestras necesidades domésticas o de trabajo, es nuestra conexión permanente con la sociedad, es la ventana que nos mantiene vigentes, que supuestamente nos mantiene al tanto de lo que pasa, pero al mismo tiempo, paradójicamente, nos mantiene tan ocupados o tan alertas, que se ha convertido en el mayor distractor y en un elemento absolutamente perturbador, que ha hecho que las personas estemos dejando de vivir la vida en vivo y en directo.



martes, 14 de abril de 2015

LA PERVERSIDAD DE LOS BANCOS



Amigos todos, si ustedes tienen una deuda hipotecaria, nunca, por nada del mundo, se les ocurra caer en la trampa de ceder la obligación y la garantía a otro banco (lo que llaman compra de cartera), por la golosina de obtener una rebaja de intereses; deben saber que ese beneficio no es nada, comparado con los trabajos que luego usted tendrá que pasar para lograr que le levanten el gravamen cuando usted pague o manifieste que va a pagar. 

La situación es muy sencilla, uno autoriza la cesión de cartera e inmediatamente el banco que compra esa cartera le paga al otro banco, aun sin que este último le haya remitido la garantía debidamente cedida, lo que es supremamente extraño; luego cuando uno paga o pretende pagar, ninguno de los dos bancos  actúa para liberarlo a uno del gravamen, y se niegan sistemática y abusivamente, bajo diferentes pretextos; El banco que compró la cartera dice que no ha recibido la cesión y el que entregó la cartera dice que ya entregó los papeles y ese punto muerto no lo resuelve nadie; esto se vuelve peor que un trámite en Colpensiones.    

Todos deben saber y tener muy claro que los bancos invierten todos sus esfuerzos en prestar dinero y generar los gravámenes, por ejemplo las hipotecas, pero cuando es necesario hacer las liberaciones, ya sea porque uno paga o está dispuesto a pagar, la velocidad y la calidad de la gestión comercial cae a niveles de cero (0) respuesta y cero (0) acompañamiento, de tal manera que el cliente que antes era tan atractivo para prestarle se vuelve un ser indeseable al que nadie le pasa al teléfono y no lo atiende ni el vigilante de la entidad, todo porque uno quiere cancelar el crédito. 

Si ustedes no han creído antes en teorías conspirativas, les doy con esto un muy buen ejemplo de que esos complots en contra de los usuarios si existen y particularmente se da en el sector financiero, porque no de otra forma se explica que un banco le pague a otro en una operación de compra de cartera, aun sin recibir la garantía debidamente cedida; la razón para que eso pase es porque los bancos entre ellos confían y se amangualan para que la colocación de préstamos fluya aunque después, cuando se requieran los paz y salvos y el levantamiento de los gravámenes, el cliente tenga que vivir un infierno como el que yo estoy pasando actualmente con AV VILLAS y con el Banco BBVA.   

Los sinvergüenzas de AV Villas y de BBVA, como todos los bancos, tienen un ejército de asesores adiestrados solamente para enganchar clientes, pero luego para la posventa y para resolver la infinidad de problemas de esos clientes, disponen de los mínimos recursos, para eso no hay entrenamiento y la respuesta, como en mi caso, es la misma, “señor le toca esperar porque su situación está siendo revisada en Bogotá” y nadie sabe, porque es todo un misterio, saber quién diablos tiene el caso de uno; Con los bancos, cuando hay problemas ya no hay diligencia y sobre todo, ya no hay asesor ni gerente de sucursal que valga ni que le salga a uno.