Por James Cifuentes Maldonado
La Paz se construye de mil maneras; la más simple pero más dolorosa, por sus costos y sus secuelas, es la guerra. Pero además La Paz se cultiva y se abona con la actitud de todos nosotros, en nuestra cotidianidad y fundamentalmente con la educación temprana; el problema es que la mayoría de nosotros, que no fuimos educados para la paz, no somos conscientes de ello, porque hemos vivido un país de sobresaltos, en una sucesión de oleadas de violencia y calmas chichas, y nos hemos acostumbrado a eso, especialmente los que no hemos sufrido el conflicto en forma directa, porque hemos tenido la fortuna de vivir en la calma relativa de una ciudad como Pereira.
Los adultos de hoy no creemos ser parte del problema y por lo tanto no nos sentimos responsables de la solución; a pesar de esta indiferencia, nos sentimos con la autoridad moral de descalificar el proceso de paz, para que siga la guerra.
Imaginemos, que todos los niños pudieran ser bien educados en su casa y en la escuela y que producto de ello se apropiaran de un solo valor, entre tantos que componen la grandeza humana, y que ese solo valor fuera la honestidad, sabiendo que el diccionario dice que honesto se asimila a quien es decente, decoroso, razonable, justo, probo, recto y honrado; si así fuera, daríamos un gran paso, para una sociedad más armónica.
En verdad, sobre las causas de la guerra y su realidad es muy poco lo que sabemos y queremos saber; es muy poco y muy fragmentario lo que nos cuentan; es muy poco lo que estamos dispuestos a admitir y, lo más grave, son muy pocos los compromisos que estamos dispuestos a asumir.
Hechos de sangre como el sucedido en Buenos Aires, Cauca, en pleno proceso de paz y de supuesta tregua unilateral de la guerrilla, son tristes y deplorables, tanto por el sacrificio de nuestros soldados, como por el daño que le ocasiona a las negociaciones; pero no podemos olvidar que a pesar del impacto de ese suceso, no todos los muertos y las víctimas de esta guerra salen en los noticieros o en los periódicos de cobertura nacional, porque ahí hay un gran espectáculo mediático y los medios tienen dueños, y esos dueños tienen intereses.

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