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miércoles, 29 de octubre de 2014

AQUEL QUE ESPERA



Esperar: Es la búsqueda incesante y eterna del reconocimiento, que muchas veces nos lleva a la gran felicidad o al inmenso dolor, a la gran satisfacción o a la triste decepción.

- Esperar un hijo: Nos aventuramos en ello, con ilusión,  antes del nacimiento y luego toda la vida, para probarnos que podemos hacerlo, para vernos en el papel de ser madres y padres y para vernos reflejados en nuestros retoños y reconocernos en su amor. Pero los hijos no vienen para que esperemos de ellos sino para que esperen de nosotros, darles lo que se puede en lo material y en la formación y luego, dejarlos ir.

- En otros casos:

Esperar un ascenso en el trabajo, una nota de universidad o de colegio, un te quiero, un te amo, un agradecimiento, un gesto coherente con el nuestro en la calle, esperar justicia o una buena compensación.

Creo que, lo que en el fondo nos quiere decir Pablo Neruda, es que  nos blindaremos del riesgo de sufrir, si en todo aquello cuanto hacemos, ponemos todo nuestro gusto, nuestro talento y nuestro mejor esfuerzo; de alguna forma, todo nuestro interés pero también nuestro desinterés; todo esto, antes que concentrarnos en la expectativa del retorno o la contraprestación, porque el reconocimiento no está garantizado, porque el reconocimiento es una consecuencia, porque el reconocimiento no es una condición. 


Porque la espera desmedida del reconocimiento en cualquiera de sus formas, puede llegar a ser un vicio; pero ello no significa que debamos renunciar a recrearnos desprevenidamente en lo insospechado, porque la sana y la liviana espera, son el motor de la vida. 


James Cifuentes Maldonado