Por solicitud de una amiga, explico mi relación con el Indio y el Pato y la razón de que sean la imagen y el medio de mi experimento literario; por qué ahora son los protagonistas de mi blog.
El Indio y el Pato, representan la dualidad
que convive en todos los seres humanos,
la dicotomía en la que nos debatimos permanentemente para que el mérito
de la vida no sea simplemente existir o sobrevivir sin sabor o sobresalto. Para
mi gusto, Indio y Pato, simbolizan los dos mundos en los que nos movemos para que
las cosas tengan sentido. El arriba y el abajo necesarios para completar la
perspectiva de todo lo que tenemos que ver.
Somos noche y somos día, somos
tormenta y somos calma, somos bondad y
somos maldad, porque en nosotros habita Dios en su eterna lucha con el Demonio.
Con los estímulos apropiados somos hielo y somos fuego, somos paz y somos
guerra; somos corazón romance y poesía o somos meros animales y solo hormonas;
somos sal y somos dulce y en ocasiones solo amargo; somos preguntas y somos respuestas, somos acciones y
reacciones. Somos cualquier cosa que el mundo quiera que seamos y,....de vez en
cuando....somos lo que en verdad queremos.
El Indio representa la sabiduría
reposada y simple de lo natural, la espontaneidad de las ideas libres y sin
aderezos ni conservantes. Pero este no es cualquier Indio, tiene la mesura, la
mística y la calma de un chamán que cura el alma y resuelve las curiosidades
del Pato. Por su parte el Pato representa
la impertinencia, la celebridad, el chiste flojo, la alegría del cascarrabias y
el carácter de quien no se conforma con el orden establecido. El pato
es la fuerza pero también la nobleza que muy pocos le reconocen.
Esos son pues, el Indio y el Pato, que
en sus coloquios conversan lo que yo pienso. Pudieron haber sido un monje y un burro, o un ángel y un arlequín, pero da igual, el concepto es el mismo.
