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sábado, 26 de julio de 2014

ACÚSOME PADRE QUE FUI AL ESTADIO.... A VER A LAS ÁGUILAS.




Por: James Cifuentes Maldonado

Y luego de tanta expectativa y tanta lora, se llegó el día en que la ciudad de Pereira habría de  materializar su recepción a las aves majestuosas de Itagüí, las reinas de los riscos del fútbol Colombiano, Las Águilas Doradas, que llegaron a instalarse en la Perla del Otún, porque en su ciudad natal el señor alcalde les quitó el afecto y las expulsó del nido.

Pero para que llegaran las aves en cuestión, primero fueron necesarios varios meses de incubación, una espera planificada como para medir el ambiente en la plaza,  y esa espera se prolongó un poco más de lo pensado, entre especulaciones y rumores, al punto que ya la temperatura en el ambiente del fútbol había bajado y el anuncio de la DIMAYOR sobre la aprobación del cambio de sede tomó por sorpresa tanto a los aficionados como a la prensa especializada, e incluso a la alcaldía de Pereira, a juzgar por la improvisación.  

En anterior publicación ya di mi opinión sobre  la presencia de un nuevo equipo en la ciudad, opinión que ratifico hoy de manera favorable bajo la premisa de que Pereira puede y merece tener un buen espectáculo; si ha podido Tunja con Patriotas y Chicó, porque no vamos a poder nosotros con un equipo en la A y otro en la B.  

La discusión y el debate  sobre  cómo alojar en nuestra  ciudad y sobre todo en nuestros corazones un nuevo equipo, un nuevo proceso  y una nueva  insignia deportiva venida de otros lares, está basada sobre un falso dilema, porque, si lo pensamos con reposo y con sinceridad,  la gran mayoría de quienes habitamos la “Villa de Robledo”, “Cartago  Viejo” o sea Pereira, tenemos raíces y orígenes en otra parte del país  y llegamos a esta tierra huyendo de algo y persiguiendo un sueño.

Así como los primeros colonos huían de la violencia y buscaban la riqueza, las Águilas ahora huyen de la incomprensión administrativa en su patria chica y sueñan  con crecer y triunfar en la ciudad que se hace llamar sin puertas, en un estadio grande y emblemático como el Monumental Hernán Ramírez Villegas, porque Itagüí es importante, como es importante Envigado, pero en el valle del Aburrá los amores ya están divididos entre el Deportivo Independiente Medellín y por supuesto el Nacional, de tal manera que los demás equipos antioqueños que se han tomado el fútbol profesional colombiano son muestras de la excelente organización y el emprenderismo de los paisas, pero están lejos del arraigo y la pasión que ya están enraizados en los antioqueños con el poderoso DIM y el rey de copas verdolaga.

Pero bueno, otra vez esto se me volvió novela,  como me suele pasar, volvamos al comienzo, ubiquémonos en el miércoles 23 de julio de 2014, con el partido Águilas Doradas VS Nacional, en el estadio Hernán Ramírez Villegas. La pregunta del millón, cuantos irían al despegue de las Águilas. Tomé mi teléfono y llamé a mis habituales compañeros de parche futbolero y en un consenso,  desconcertante para mí,  todos me dijeron que no estaban interesados, que no les causaba emoción; yo los entendí pero no les creí del todo, porque en fondo identifiqué un sentimiento oculto de culpa y un temor de incurrir en deslealtad por traicionar la historia matecaña,…ellos no querían ser infieles.

Sin embargo, pasando por encima de ese raro sentimiento, que también me embargaba,  salí tarde de mi trabajo y compré la boleta en el lugar de siempre, donde suelo comprarla para ver a mi amado Deportivo Pereira, y llegué al Estadio cuando ya habían transcurrido 20 minutos de partido  y ya las Águilas habían metido el primer gol, que al final resultó ser el único que harían frente a tres soberbias anotaciones de Atlético Nacional, un equipo supuestamente alterno que parecía clonado, porque mientras el plantel principal le daba guerra al encopetado Mónaco en Miami, aquí en Pereira  los jugadores del Plan B de Nacional, orientados por el profe Osorio, daban una lección de fútbol efectivo y práctico a las Águilas, venciéndolas 3 a 1.  

Y a propósito de Osorio, yo creo que ese señor, como risaraldense y como protagonista y como gomoso del fútbol en Pereira, se aseguró de no perderse el acontecimiento y prefirió venir a Pereira a enfrentar a las Águilas y mandó a su asistente, Pompilio Páez,  para Miami, pobre Pompilio.

Yendo ahora si al punto, me sentí extraño en mi propia casa, en un estadio con aproximadamente seis mil espectadores de los cuales 5900 eran hinchas de Nacional, que no pararon de gritar y cantar durante todo el partido,… que susto;  Y yo ahí, sentado juiciosito,  como colado en una fiesta ajena, guardando bajo perfil, con temor de que alguien me reconociera y me dijera, ¿luego usted no es hincha del Pereira?

En verdad no disfruté  mucho el partido, primero porque llegué tarde, segundo porque, por las carreras no llevé el radio, y un partido sin radio es como ver a una pareja bailar sin música y tercero, porque en esas circunstancias, el partido no me supo a nada; para ser sincero, ver a las Águilas Doradas,  en esta primera vez, así las hubieran bautizado con el apellido "de Pereira" y el uniforme resultara muy parecido al matecaña, fue como bailar reggaetón con una tía solterona,  cero perreo, cero pasión.

Como me reclamaba la conciencia, al día siguiente, fui a la iglesia, pero estaba cerrada, por lo tanto busqué a un amigo que me sirviera de espontáneo confesor y le conté esta misma crónica que hoy comparto con mis lectores,  como una forma de expiar la culpa y poder seguir adelante. Lo bueno es que mi amigo, contrario a lo que yo esperaba,  me reprochó que no lo hubiera  invitado al estadio, comprendió mis motivos y me relevó de la penitencia.

Pero esta historia apenas empieza, porque, a decir verdad,  la relación de las Águilas con la ciudad de Pereira es como un matrimonio por conveniencia, en el cual, como sucede en las monarquías, si las cosas se dan y la alianza fructifica, el amor y los hijos vendrán después.

De mi parte, como pereirano y como hincha del fútbol, acepté la invitación y cumplí la cita para asistir a un evento que puede resultar histórico, si las cosas salen como el señor Alcalde quiere, esto es,  que las Águilas se asienten, se adapten, triunfen y se queden en Pereira, ojalá para dar origen al que sería el mejor de los clásicos, Deportivo Pereira VS Águilas, y vivamos a futuro una desprevenida y sana fiesta deportiva. Y digo estas palabras muy consciente que todo puede quedar en ilusión, primero porque lo de las Águilas por el momento no deja de ser un experimento y lo del Pereira ya es la crónica dilatada de una muerte anunciada; en esto último ruego a Dios que me equivoque.


Es posible que ni usted ni yo señor lector, ya entrados en años, nos enamoremos de las Águilas, pero es probable que si se enamoren de esta nueva y fresca opción sus hijos y los míos, porque ellos no cargan el peso de todo ese pasado de promesas, de ilusiones y de dolor que nos ha dejado el Deportivo Pereira, lo que, irónicamente, nos hace amar mucho más a la "furia matecaña" así como el padre ama a su hijo más fracasado y más calavera. Ruego con todas mis fuerzas, con valor y con realismo, para que, sobre  este paciente terminal, suceda un milagro o se muera de une vez, para enterrarlo dignamente y darle un lugar especial en la memoria, donde se guardan y pasan a mejor vida  los seres más queridos. 

A ultima hora, al cierre de esta nota supe que las Águilas le ganaron al Huila 3 por 1, en Neiva, y no sé por qué, pero me ericé.