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miércoles, 10 de junio de 2015

El 8 NEGRO.



Por James Cifuentes Maldonado.




Dejando hoy que opine mi lado pesimista, creo que los males de la humanidad, en países como el nuestro, pasan por varios nudos ciegos, según la siguiente lista que propongo.
 
1. EL GOBIERNO Y LAS GRANDES DECISIONES. Algunas son impopulares para la masa, y otras, inconvenientes para los ejes del poder.
2. LAS LEYES. Quienes las hacen son la mayoría de las veces ignorantes en las materias y temas que legislan y, cuando son expertos, hacen de la norma un vestido a la medida de sus intereses particulares.
3. LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN. Difícil desarrollarlos sin capital, y el dinero es la contra de la verdad, la imparcialidad y la independencia; es el diablo cuidando las hostias.
4. LA JUSTICIA. Si no hay posibilidad real de que se imparta igual para todos, no cumple su efecto disuasivo, porque no todos los condenados son culpables, porque los delincuentes están en las calles y porque los jueces se desprestigiaron y perdieron su majestad.
5. LOS IMPUESTOS. Mientras se paguen por mera obligación y no por la convicción y la confianza de verlos revertidos en calidad de vida, obras y desarrollo, habrá quien se los robe con descaro y habrá quien los evada con gusto.
6. LA POLÍTICA. Funesta si se concibe como una oportunidad para quienes saben enarbolar la causa común para su propio beneficio y no como una vocación de servir y hablar por los que no tienen voz.
7. EL SISTEMA. La democracia es perversa porque se hace con dinero y, al final, los gobiernos son elegidos por los que no votan. El comunismo es dañino porque no hay vacuna que evite que el gobernante se aburguese y se corrompa y además, en donde nada nos cuesta volvámoslo fiesta. La monarquía hace siglos pasó de moda y la dictadura pinta el progreso de unos con la sangre y el sacrificio de otros.
8. LA RELIGIÓN. Amasa, sin razón ni sazón, todos los anteriores ingredientes, para que la política, el poder, la riqueza, la miseria, la vida y la muerte, se expliquen y se hagan en el nombre de Dios. Bajo la esperanza de la eternidad que no sabemos si existe, y, si existiera, podría ser la continuación de nuestros males.
La insurgencia y las revoluciones no alivian este perverso escenario, porque los “revolucionarios”, tarde o temprano, entran en el mismo círculo vicioso.  Pero no podemos claudicar, hay que seguir trabajando para construir un mundo mejor; educar a nuestros hijos y confiar en los instintos y en los arrestos de la nobleza humana, en este mundo donde las armas ya no se empuñan por el pueblo y los cañones ya no se disparan por su honor ni por su libertad.