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jueves, 11 de agosto de 2016

Yo no soy, pero...





Cuando decimos: "no soy homofóbico, pero... ", "no soy racista pero..." "no soy xenófobo pero..."; tácitamente se está poniendo en entredicho la sinceridad de la afirmación. Lo que marca la apertura o la posición ideológica de las personas no es lo que dicen sino lo que hacen.

Aquí nadie está proponiendo que volvamos homosexuales a nuestros hijos, que de hecho tengo dos en pleno crecimiento y de cuya orientación aun no puedo hablar, el tiempo lo dirá; a la las personas no las vuelven gays o lesbianas en el colegio, esa es una condición natural y es increíble que en pleno siglo 21 eso no se entienda.

La apología de la homosexualidad no es la política del gobierno y mucho menos de la ministra de educación; lo que está de por medio es el cumplimiento de un derecho fundamental interpretado por la Corte Constitucional al sentenciar que ninguna persona puede ser objeto de discriminación en razón de su condición sexual, sus creencias o su posición en la sociedad; No comparto la dictadura de las minorías pero tampoco estoy de acuerdo con que el poder que se concentra en organismos como la Procuraduría General de la Nación se utilice para excluir, para tergiversar y prejuzgar, cuando debería ser todo lo contrario, para proteger a quienes tienen menos garantías por no encajar dentro de los convencionalismos de la sociedad.

LA CAVERNA EN TIEMPOS DE LA TECNOLOGÍA.






Por James Cifuentes Maldonado

"Si no están prevenidos con los medios de comunicación, les harán amar al opresor y odiar al oprimido”.

La frase atribuida al activista de los derechos civiles en Estados Unidos, Malcolm X, le pone a uno la piel de gallina porque es la terrible realidad que nos ha tocado vivir en los últimos años cuando los medios de comunicación han tenido su mayor auge y su penetración se ha potenciado a través de las cajas de resonancia que son las redes sociales, útiles para confundir y despistar a una opinión pública facilista y perezosa, que se conforma con lo primero que escucha o con lo primero que lee.

Esto a propósito del alboroto que se ha armado con el asunto de los manuales de convivencia con contenido sexual que supuestamente publicó el Ministerio de Educación y que ha levantado la ira santa de los sectores más fundamentalistas de la sociedad, azuzados como ya se ha vuelto costumbre por los pronunciamientos tendenciosos, unos abiertos y otros soterrados, de la Procuraduría, entidad del Estado que no pierde oportunidad para enrarecer el ambiente político simplemente porque no comparte las posturas del actual gobierno especialmente frente a las negociaciones con la guerrilla y en relación con los derechos de las minorías y particularmente de la comunidad LGBTI.

Es una paradoja, que ahora cuando más existen recursos tecnológicos y muchas más fuentes disponibles de información, esos recursos no estén siendo útiles para sustentar el criterio de las personas y por el contrario el oscurantismo se esté multiplicando exponencialmente y llevando a la humanidad a niveles alarmantes de intolerancia.

La cultura de la descalificación a priori y del no dejar hacer a través de la crítica destructiva, la mayor de las veces sin fundamento, nos está haciendo mucho daño. En vez de avanzar hacia la verdad y a la luz estamos retrocediendo a la caverna. Hoy, desde la trinchera de las redes la gente está siempre lista para reaccionar y movilizarse, así no tenga claros los motivos, así no sepa para qué.

La fiebre no está en las sábanas






Por James Cifuentes Maldonado


A los 2000 parroquianos que se concentraron ayer en la Plaza de Bolivar de Pereira, indignados por la llamada orientación de género en la educación sexual de los menores, y a los muchos que han levantado su voz de protesta en las redes sociales les hago las siguientes preguntas:

1.    ¿Cuantos padres conocen las estadísticas sobre embarazos precoces en Colombia y los riesgos de esa problemática?
2.    ¿Cuántos de los indignados van a las reuniones de padres en los colegios de sus hijos?
3.    ¿Cuántos están comprometidos con las actividades de formación y extracurriculares que promueven las instituciones educativas?
4.    ¿Cuántos estimulan hábitos de lectura  en sus hijos?
5.    ¿Cuántos saben quiénes son los amigos de sus hijos? ¿Cómo se llaman y donde viven?
6.    ¿Cuántos saben cuáles son los gustos de sus hijos y comparten algunos de ellos y cuestionan sanamente los que les parecen inconvenientes?
7.    ¿Cuántos de los indignados, preocupadísimos por la formación en valores de sus hijos, hablan efectivamente de valores con ellos y disertan sobre lo que está bien y lo que está mal?
8.    ¿Cuántos de los padres indignaos se han preparado para hablar de sexualidad con sus hijos? ¿Cuántos de los pudorosos papás entienden que no es lo mismo hablar de sexualidad que hablar de sexo?
9.    ¿Cuántos de esos padres que actualmente se están rasgando las vestiduras por la defensa de “la moral y las buenas costumbres” dan buen ejemplo a sus hijos y a la sociedad?
10. ¿Cuántos padres saben si sus hijos están siendo objeto de matoneo o si son ellos los matoneadores?
11. ¿Cuántos son los desocupados que aprovechan estas polémicas para salir a marchar pero nunca se involucran ni acompañan la educación de sus hijos y esperan que los profesores hagan solos el trabajo?
12. ¿Cuántos de los padres consagrados que hoy están en pie de lucha, entienden que los colegios, públicos y privados, son unas pequeñas selvas, donde no siempre los docentes y los directivos están pendientes y que sin nuestro seguimiento nuestros hijos estarían literalmente perdidos?

Son 12 sencillas preguntas, pero hay muchas más; eso depende de lo interesados y comprometidos que estemos, no solamente de labios para afuera.   

Puede que en materia de educación el paciente esté grave y haya mucho que hacer, pero definitivamente la causa de la enfermedad y de la fiebre no está en las sábanas, como algunos lo están creyendo echándole toda  la culpa a Gina Parody y a los dichosos manuales de convivencia, que, entre otras cosas, no los dicta el Ministerio sino que los construyen las mismas instituciones educativas dentro su autonomía, frente a la cual tienen más posibilidad de incidir los mismos padres de familia que el gobierno.

Por lo pronto comparto ese enlace con información valiosa: http://www.sura.com/blogs/calidad-de-vida/embarazo-adolescente.aspx