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domingo, 21 de febrero de 2016

Siguiente Ventanilla





Por James Cifuentes Maldonado

Una ventanilla es por excelencia el lugar donde se materializa la esencia del servicio, ya sea que seamos clientes o usuarios; entendiendo como cliente a la persona que, dentro de una economía de mercado, decide quién le provee un determinado bien o servicio y repite su experiencia cuántas veces quiera o se va para otra parte cuando ya no se siente satisfecho, en tanto que usuario es aquel cuyo criterio no pesa tanto en la relación con su proveedor porque es el único, o en todo caso no tiene opciones, porque las alternativas del mercado son pocas y todas se comportan igual.

Uno pensaría que en este mundo competitivo, en el cual la economía se ha venido desarrollando alrededor de una idea de excelencia en el servicio, volcada a generar momentos memorables en las situaciones en que los clientes o los usuarios deben acudir a una ventanilla o llamar a un Call Center, cuando la mera idea de hacer cola y de esperar un turno no es agradable, en estos tiempos en los que las empresas prácticamente se matan por captar nuevas RGU (Revenue Generating Unit), porque eso somos todos los que ganamos un sueldito, “Unidades Generadoras de Ingreso”, así nos llaman en algunas industrias. Es sorprendente y desalentador encontrarse con personas, en una ventanilla o en una línea telefónica, sin vocación de servicio y sin ganas de atender, buscando simplemente que den las 12 o que lleguen las 6.

A ustedes amigos les habrá pasado que acuden a una ventanilla y encuentran a un señor o a una señora con cara de estreñimiento, mal humorada, sentada en su lugar como castigada, siendo evidente, a simple vista que a esa persona no le gusta lo que está haciendo, las inquietudes del cliente ni le van ni le vienen y la consigna es que se vaya lo antes posible o que pase a la ventanilla siguiente. Suele suceder que estas personas que están en el lugar equivocado perciben que el cliente se ha dado cuenta que atenderlo no es su pasión y entonces con palabras forzadas fingen una esmerada atención, pero eso resulta peor; en estas situaciones es mejor que el dependiente se quede callado y haga lo mejor que pueda, lo antes posible.

Señores empresarios, “por un clavo se pierde una herradura, por una herradura se pierde un casco, por un casco se pierde un caballo, por un caballo se pierde un Rey y por un Rey se pierde un reino”; para el caso que nos ocupa, una ventanilla mal atendida puede acabar con el negocio; no ahorre entonces esfuerzos para que en sus ventanillas estén los mejores colaboradores, a los que les gusta servir, a los que les gusta la gente.

domingo, 14 de febrero de 2016

Los creados y el creador (Versión del Titiritero en LA TARDE)





Por James Cifuentes Maldonado

Muchos resistimos porque explicamos la vida y la muerte en la voluntad de alguien que no vemos, para poder alimentar la conjetura, para ahogar el miedo de que no exista un más allá, ni haya un después al cabo de este viaje terrenal; a ese amigo imaginario, para efectos de este artículo, lo llamaré “El Creador”.

Nuestro origen lo atribuimos al “Creador”; todo lo bueno que nos pasa lo agradecemos a él; nuestros sueños y nuestras esperanzas las ponemos en el “Creador”, y, en contraste, nos apropiamos de la culpa, frente a todo lo malo que nos sucede, porque eso fue lo que nos enseñaron, o, si somos recursivos, responsabilizamos al inframundo, porque, en todo caso, la tragedia no puede ser obra del “Creador”, porque él solo sabe ser justo y magnánimo.

Los pueblos serán pacíficos siempre y cuando cada quien conciba a su “Creador” en la forma en que le parezca, pero manteniéndolo en su propia cabeza, confinado en su contemplación, para su exclusiva utilidad, para su propia paz, sin invadir la creencia de los otros. Habrá conflicto siempre que los individuos liberen y hagan pública su idea del “Creador” y pretendan compartirla, evangelizar con ella o, en el peor de los casos, imponerla.

El punto no es si el “Creador” existe o no existe, ni cual sea la imagen o la forma que de él tengamos; el problema es que, muchos avivatos se arrogan la embajada del “Creador” en esta tierra; hacen y deshacen, perdonan y condenan, en su nombre, ejecutan misiones que el “Creador” no les ha encomendado, ya que él es uno solo, no tiene apoderados, porque actúa por su cuenta.

Los oportunistas, los comerciantes de la fe, han distorsionando la esencia de la “Creación”, la Libertad, la Felicidad, y el Amor, porque en verdad para eso fuimos creados; han escrito e impartido su propia palabra, para su recaudo y beneficio, aprovechando que el “Creador” es sigiloso; porque el “Creador” no levanta su voz, solo se hace sentir a través del tiempo y de su obra, evidencia suficiente de su omnipotencia y de su voluntad.

El “Creador”, ficción sublime, cuya forma y poder transmuta de mente en mente, según la cosmogonía, las necesidades y los temores de cada quien; un tótem al que nos abrazamos para que nos vaya bien; es una especulación hecha realidad, en la que creemos por conveniencia, para que todo tenga sentido; es un eco de nuestros deseos que nos dice precisamente eso que queremos escuchar: que habrá una recompensa y que no somos pasajeros.

El vendaje: Encontrar a Dios será más fácil, si a uno le dan la dirección, de lo contrario, no quedará más que buscar por dentro de uno mismo.

martes, 2 de febrero de 2016

La Divina Alegoría





Por James Cifuentes Maldonado






Muchos resistimos porque explicamos la vida y la muerte en la voluntad de alguien que no vemos, y esa es la idea, que no lo veamos, para poder alimentar la conjetura, para ahogar el miedo de que no exista un más allá, ni haya un después al cabo de este viaje terrenal; a ese amigo imaginario yo lo llamo “El Titiritero”.

Nuestro origen lo atribuimos al “Titiritero”; todo lo bueno que nos pasa lo agradecemos a él; nuestros sueños y nuestras esperanzas las ponemos en el “Titiritero”; en tanto que, nos apropiamos de la culpa frente a todo lo malo que nos sucede, porque eso fue lo que nos enseñaron, o, si somos recursivos y prácticos, responsabilizamos al destino o a la naturaleza, porque en todo caso no pudo ser obra del “Titiritero”, porque él solo sabe ser justo y magnánimo.

Todo marcha bien y el mundo es pacífico en la medida en que cada quien conciba al “Titiritero” en la forma en que le parezca, pero manteniéndolo en su propia cabeza, confinado en su contemplación, para su exclusiva utilidad, para su propia paz, sin invadir la concepción de los otros.

Los conflictos surgen cuando los individuos liberan y hacen pública su idea del Titiritero y pretenden compartirla, evangelizar con ella o, en el peor de los casos, imponerla. El punto no es si el Titiritero existe o no existe, ni cual sea la imagen o la forma que de él tengamos; el problema es que, muchos avivatos se arrogan la embajada del Titiritero en esta tierra; hacen y deshacen, perdonan y condenan, en su nombre, ejecutan misiones que el “Titiritero” no les ha encomendado, porque él es uno solo, porque no tiene apoderados, porque actúa por su cuenta.

Los oportunistas han creado otros hilos, reemplazando los originales, los del “Titiritero”, los que nadie ha visto, los que son verdaderos, precisamente porque no se han descifrado, porque son un enigma; porque el Titiritero no usa su voz, solo actúa y se hace sentir a través del tiempo y de su creación, evidencia plena de su omnipotencia y de su voluntad.

El Titiritero, ficción sublime, cuya forma y poder transmuta de mente en mente, según la cosmogonía, las necesidades y los temores de cada quien; un tótem al que nos abrazamos para que nos vaya bien; es una especulación hecha verdad, en la que creemos, por conveniencia, para que todo tenga sentido; es un eco de nuestros deseos que nos dice lo que queremos escuchar, que habrá una recompensa y que no somos pasajeros.

El vendaje: Siempre, encontrar a Dios será más fácil, si a uno le dan la dirección, de lo contrario, no quedará más que buscar por dentro de uno mismo.