Por
James Cifuentes Maldonado
La
justicia a la que se pretende llegar con los actuales diálogos de paz, no
corresponde a los estándares de la normatividad existente, es decir, son de
naturaleza extraordinaria, excepcional, y se enmarcan en el concepto de
Justicia Transicional, desarrollado internacionalmente para poder terminar
conflictos prolongados como el que vive Colombia. Entendiendo esto, que no necesariamente
aceptándolo, podemos convivir mejor con la obsesión de este gobierno de
jugársela por la paz; iniciativa legítima de Juan Manuel Santos, porque así lo
quisimos la mayoría de colombianos que concurrimos a su reelección y que
ganamos con esta opción, así como en su momento los uribistas ganaron con la
alternativa de la guerra frontal, sin haber logrado alcanzar el objetivo de acabar
la confrontación por la fuerza, que también era una opción.
Da
grima la posición facilista de muchos de los que atacan el proceso de paz, con
argumentos manidos y mal intencionados,
diciendo que se está entregando el país a la subversión, bajo la falacia
de que se está violando el orden establecido, porque, insisto, la naturaleza de
los acuerdos que se han logrado en la Habana es eminentemente política, y por ello no tienen que encajar en los
códigos existentes, porque son alternativas necesarias para la transición y ello es así, precisamente porque el fin lo
justifica, así como en los gobiernos anteriores se justificó descargar todo el
poder represivo del Estado, con el riesgo de los excesos y las ilegalidades ya
comprobadas, sin que se lograra terminar la guerra por la vía militar.
Es
claro que, en virtud de la democracia, la misma democracia que el Coronel
Plazas Vega dijo defender, en la toma del Palacio de Justicia, venimos
dialogando hace más de 4 años con la guerrilla, y está claro que la paz que se
persigue ahora no está basada en la ley de talión. Igualmente es claro que la justicia a la que
se quiere llegar es una mera aproximación, un símbolo, un esfuerzo supremo de
todos los colombianos, sustentado en el reconocimiento de lo que ha pasado,
para que no vuelva a suceder.
Estos
planteamientos seguro no serán de recibo de los que están interesados en que
todo siga igual, los que permanente azuzan a los ciudadanos del común, a los
desposeídos e incluso los que han sufrido de verdad los rigores de la
violencia, sin entender su origen, para que rechacen la reconciliación, so
pretexto de que se está entregando la
institucionalidad, con arengas que apelan a los sentimientos más básicos de la
gente incauta, para hacerles creer que el inconveniente es la paz y no la
guerra.
Pero,
en fin, “el que quiera ver que vea y el que quiera oír que oiga”. Feliz 2016 para todos.
