Por James Cifuentes Maldonado
Estimados amigos, quiero llamar la atención en cuanto que todos aquellos que tenemos una noción de país y de estado diferente a la del uribismo y no resistimos la tentación de manifestar nuestro rechazo y nuestro fastidio frente a los excesos y pataletas de su mesías, el señor Alvaro Uribe, y de la recua de áulicos que se escampan bajo el ala de su sombrero aguadeño, estamos cayendo cándidamente en la estrategia publicitaria con la que tan oscura figura se quiere perpetuar.
A estas alturas del partido, cuando el señor Uribe sigue gozando de indiscutible notoriedad, por todo lo que ha hecho y ha dejado de hacer en su larga y accidentada carrera política, y porque su electorado se empeña en pasar por alto que YA NO ES EL PRESIDENTE; cuando ya tiene agotado su discurso por el abuso inmisericorde del argumento de la democracia, a ese ilustre paisa ya no le importa si hay algo nuevo que decir y agregar para la construcción de la paz y el progreso de la nación, solo le importa que esa notoriedad no se diluya, que se mantenga el reconocimiento y la recordación que “Alvaro Uribe Velez” tiene como artículo de mercadeo ya posicionado, así como muchos mantenemos presentes las marcas que se incrustaron en nuestra memoria, más por la ordinariez de su publicidad que por la calidad del producto, así como seguramente todos recordamos el comercial de “Dolorán“, más por su ridiculez que por su poder analgésico; irónicamente, así como “el dolor le tiene miedo a Dolorán”, más de medio país le tiene miedo a Uribe y esa es la clave de su éxito.
Porque todo lo que a ese señor se le ocurre lo acompaña artificiosamente de la connotación de ser “democrático”, porque todo lo que hace, dice hacerlo en nombre de la democracia, aunque ese sea el valor constitucional que menos le simpatice; democracia para Uribe es todo lo que encaje en su modelo de ultraderecha y lleve a la defensa irracional y desmedida de los poderes del Estado abusivo al que odiosamente se refiere como “la patria”, sin respeto alguno por los derechos y libertades individuales, especialmente con total desprecio de la oposición, como en el escabroso capítulo de las chuzadas. Porque Uribe es un nacionalista delirante, que, movido por la venganza, ha sabido explotar de muy buena manera la desazón y la desesperanza de un país agobiado por la violencia en medio de una guerra histórica, de hondas raíces sociales, que ni siquiera él pudo parar con todo el poder del Estado a su disposición y con toda la bala que disparó durante 8 años de gobierno. Para Uribe la democracia es cualquier cosa, menos pluralidad, participación y tolerancia.
En fin, la estrategia de Uribe se llama “dar lora” y poner a botar corriente a la gente, para que su imagen, buena o mala, no se desvanezca, así sea aprovechándose de las situaciones más absurdas como la acaecida recientemente con el docente de la Universidad Libre de Pereira, propiciada por una imprudente y alienada activista del mal llamado Centro Democrático, tragada hasta las medias de su líder político, que más parece religioso.
Uribe alborota avisperos y se echa a perder como en la campaña del Presidente Santos y en general exacerba los ánimos de sus contradictores, con el solo objeto de que no lo pierdan de vista sus seguidores de culto, para los cuales ya no importan las ideas ni las propuestas sino solamente la marca y el partido, como a los nazis solo les importaba el führer, el tercer Reich y la esvástica.
Estimados amigos, quiero llamar la atención en cuanto que todos aquellos que tenemos una noción de país y de estado diferente a la del uribismo y no resistimos la tentación de manifestar nuestro rechazo y nuestro fastidio frente a los excesos y pataletas de su mesías, el señor Alvaro Uribe, y de la recua de áulicos que se escampan bajo el ala de su sombrero aguadeño, estamos cayendo cándidamente en la estrategia publicitaria con la que tan oscura figura se quiere perpetuar.
A estas alturas del partido, cuando el señor Uribe sigue gozando de indiscutible notoriedad, por todo lo que ha hecho y ha dejado de hacer en su larga y accidentada carrera política, y porque su electorado se empeña en pasar por alto que YA NO ES EL PRESIDENTE; cuando ya tiene agotado su discurso por el abuso inmisericorde del argumento de la democracia, a ese ilustre paisa ya no le importa si hay algo nuevo que decir y agregar para la construcción de la paz y el progreso de la nación, solo le importa que esa notoriedad no se diluya, que se mantenga el reconocimiento y la recordación que “Alvaro Uribe Velez” tiene como artículo de mercadeo ya posicionado, así como muchos mantenemos presentes las marcas que se incrustaron en nuestra memoria, más por la ordinariez de su publicidad que por la calidad del producto, así como seguramente todos recordamos el comercial de “Dolorán“, más por su ridiculez que por su poder analgésico; irónicamente, así como “el dolor le tiene miedo a Dolorán”, más de medio país le tiene miedo a Uribe y esa es la clave de su éxito.
Porque todo lo que a ese señor se le ocurre lo acompaña artificiosamente de la connotación de ser “democrático”, porque todo lo que hace, dice hacerlo en nombre de la democracia, aunque ese sea el valor constitucional que menos le simpatice; democracia para Uribe es todo lo que encaje en su modelo de ultraderecha y lleve a la defensa irracional y desmedida de los poderes del Estado abusivo al que odiosamente se refiere como “la patria”, sin respeto alguno por los derechos y libertades individuales, especialmente con total desprecio de la oposición, como en el escabroso capítulo de las chuzadas. Porque Uribe es un nacionalista delirante, que, movido por la venganza, ha sabido explotar de muy buena manera la desazón y la desesperanza de un país agobiado por la violencia en medio de una guerra histórica, de hondas raíces sociales, que ni siquiera él pudo parar con todo el poder del Estado a su disposición y con toda la bala que disparó durante 8 años de gobierno. Para Uribe la democracia es cualquier cosa, menos pluralidad, participación y tolerancia.
En fin, la estrategia de Uribe se llama “dar lora” y poner a botar corriente a la gente, para que su imagen, buena o mala, no se desvanezca, así sea aprovechándose de las situaciones más absurdas como la acaecida recientemente con el docente de la Universidad Libre de Pereira, propiciada por una imprudente y alienada activista del mal llamado Centro Democrático, tragada hasta las medias de su líder político, que más parece religioso.
Uribe alborota avisperos y se echa a perder como en la campaña del Presidente Santos y en general exacerba los ánimos de sus contradictores, con el solo objeto de que no lo pierdan de vista sus seguidores de culto, para los cuales ya no importan las ideas ni las propuestas sino solamente la marca y el partido, como a los nazis solo les importaba el führer, el tercer Reich y la esvástica.
Como vamos, nada raro que Uribe ponga al servicio de “la patria” su twiter para terciar en cualquier pelea de vecinas de barrio por la caca de un perro en un patio, para que los medios de comunicación y los incautos, incluido yo, sigamos cayendo en su juego.
Pero que nos quede claro, la kriptonita para este superman es la indiferencia.
Pero que nos quede claro, la kriptonita para este superman es la indiferencia.
