Por: James Cifuentes Maldonado
Ya entrados en el calor de la transmisión de la Vuelta
a España 2014, los locutores de ESPN lanzan al aire la pregunta
sobre cuál de los dos triunfos ha sido más significativo o más importante, ¿el
de Lucho Herrera en España en 1987 o el de Nairo Quintana en Italia en el
presente año? La pregunta admite una de esas respuestas clásicas que en principio
no dicen nada, “eso depende” o “eso es relativo”. Porque, para valorar esas dos hazañas, existen
muchos factores que nos ubican en
momentos históricos muy diferentes y por ello el tema generacional es
determinante para quienes entran en la discusión.
Comparar a Lucho Herrera con Nairo Quintana, guardadas
las proporciones, es un ejercicio parecido al de comparar a Pelé con Maradona,
ambos genios y figuras de la pelota, pero que lograron su éxito en
circunstancias distintas, Pelé lo hizo cuando
el futbol era más arte y lirica que negocio, por allá entre los años 50 y 60 y Maradona
un cuarto de siglo después, con un talento igual, en un entorno mucho más
competitivo, pero ayudado por el dimensionamiento mediático de las comunicaciones
globales y la publicidad, además de la idolatría Argentina. La cuestión es que ambos se hicieron legendarios y, como para gustos los colores, el dilema seguirá abierto.
De la misma manera, pecando de simplista, podría uno
decir que, para quienes vimos correr a Lucho Herrera, éste ha sido el ciclista
más exitoso de Colombia, que no necesariamente el mejor, porque habría que
tomar en cuenta muchos otros como Cochise campeón del Mundo y Rafael Antonio
Niño seis veces ganador de la Vuelta a Colombia, cuando esa carrera aún se corría
con las uñas y en carreteras destapadas, para citar solo dos casos.
Pero, para quienes nacieron después de 1990 y no
tuvieron la oportunidad de ver a Lucho por televisión rompiendo el lote en
Altos de Cobadonga en España o con el rostro sangrante en la etapa del Tour de Francia
de 1985, entre Autrans y Saint-Étienne, o
que no vibraron con la emoción de las
narraciones de Julio Arrastía Brica en Caracol o del poeta de la carretera Rubén
Darío Arcila en RCN, no tienen idea de cómo se vivía el ciclismo en esa época y
por eso para ellos Nairo, es el mejor porque lo han sentido en el presente y no
necesitan que les expliquen sus proezas
a las que no me referiré porque todavía están en la piel y hay suficiente ilustración.
Por lo tanto, aunque para las encuestas y la opinión
el tema podría quedar reducido a una mera
cuestión generacional, como pasa con Pelé y con Maradona, yo tomo partido y
debo decir que estoy de acuerdo con Tito Puccetti, cuando afirma que, de momento es mucho más
meritorio lo de Lucho Herrera tomando en cuenta el contexto y las
circunstancias.
Efectivamente Lucho dejó sentado un hito del ciclismo
colombiano en un momento de inexperiencia y cuando el prestigio de los “escarabajos”
apenas se empezaba a consolidar, además en un escenario complejo de competencia
desigual y adverso.
Porque, como entre cielo y tierra no hay nada oculto,
el tiempo ha dejado saber que los grandes figurones internacionales de los
últimos 30 años tienen un manto de duda sobre sus victorias, venidas a menos
por el fantasma del doping que siempre estuvo ahí, pero que solo vino a
develarse, tarde, con escándalos como el de la “Operación Puerto” en España,
donde cayeron en desgracia, ciclistas, técnicos y médicos por el uso de EPO y el más reciente y tristemente célebre caso
de Lance Armstrong, pomposo ganador de siete Tour de Francia que le fueron quitados
con indignidad pero con justicia, justicia que si embargo no repara y no
enaltece a quienes corrieron esas siete carreras con honradez.
Coincido
igualmente con Tito, cuando dice que lo de Nairo Quintana en el Giro de Italia 2014
no es lo mejor, porque lo mejor y más grande de Nairo está por venir, porque la
competencia se ha sincerado, la balanza se ha equilibrado y porque los
colombianos ganamos en cualquier terreno y en cualquier parte.