Traductor

domingo, 25 de octubre de 2015

Que pase el alcalde del Cambio







Por James Cifuentes Maldonado


Los pronósticos para la elección de alcalde de Pereira se concretaron en un retrato fiel que da cuenta del 62%, ya no de la intención en las encuestas, sino de respaldo efectivo de los votantes al electo Juan Pablo Gallo, frente al 29% con el que la ciudad le dijo no a la propuesta continuista de Israel Londoño.

Pero las encuestas ya no cuentan, esa es una discusión técnica y académica que dejaremos para otra oportunidad, porque el pueblo hoy se ha manifestado, porque categóricamente, los pereiranos, representados en esa mayoría de electores que votaron por Juan Pablo Gallo, han dejado claro que querían un relevo, que estaban fatigados del mismo decorado en la administración y han determinado un cambio de tercio en el liderazgo político de la ciudad.

En su momento afirmé que la palabra CAMBIO, utilizada como un mantra por Juan Pablo Gallo en todos sus discursos, a través de todos los medios, me sonaba hueca, no me decía nada, específicamente porque la realidad de los pactos, de los intereses y de los apetitos de los dirigentes que impulsaron su campaña me hacían, y me hacen dudar todavía, de su independencia y de la renovación de las costumbres políticas.

En verdad, ya no importa si la oferta fue sincera, porque son otras las circunstancias, porque Gallo ya ha sido elegido alcalde y el cambio que vendió como esperanza ya es una deuda, es una gran responsabilidad frente a los más de 126 mil votantes que lo han llevado a ocupar el primer cargo municipal y, aun, frente a los 58 mil que no votamos por él. La ciudad entera, la de los que votaron y la de los que ni siquiera salieron a votar, espera que Gallo sea fiel a sus promesas de campaña y traiga otros resultados con las cosas diferentes que ofreció hacer.

De momento los méritos de Gallo están por verse, porque, en campaña, la idea del cambio se vendió sola, frente a la papaya partida que significaron 8 años de gobierno de un grupo político que no quiso compartir nada, la presión de una oposición y de unos políticos desarraigados del poder, y el cansancio de gran parte de la ciudadanía frente al mismo estilo de gobernar.

Lo verdaderamente positivo y el gran rédito que le queda a la ciudad ha sido la ventaja tan amplia que ha sacado el candidato ganador, que lo apalanca y le da solvencia política para llevar a cabo sus propósitos y los del partido liberal. De haberse dado un triunfo apretado, habría significado la prolongación de la pugnacidad en la que hemos estado en los últimos años y que le hace tanto daño a la institucionalidad y al gobierno.




jueves, 22 de octubre de 2015

EL MILAGRO DE NACER, LA ESPERANZA DE MORIR







Por James Cifuentes Maldonado


Nacer y llegar a este mundo es un hecho maravilloso en el que, según el caso, contamos con mayor o menor fortuna; normalmente la tenacidad humana nos saca adelante a través de procesos de aprendizaje y crecimiento, apuntalados en nuestro propio talento y nuestras habilidades, más el apoyo de la familia y, por supuesto, sujetos a los designios de la divina providencia; normalmente de la mano de Dios, nada nos sobra, pero tampoco nada nos falta. Somos a lo largo de la vida, en mayor o menor medida, felices o infelices, pero al fin y al cabo, vivimos; vivimos para nosotros mismos o para hacer más plena la existencia de otros, o, contando con suerte, logramos ambas cosas.

Un día, tarde o temprano, cuando sea justo, o aun injusto, nos tenemos que ir, y para eso también hay que contar con la gracia de Dios, porque no todas las formas de morir son dulces o pacíficas; como mejor posibilidad todos aspiramos a una muerte apacible en el lecho, en nuestra casa, por el cansancio de la vejez y el desgaste del cuerpo, con dignidad pero sobre todo sin violencia; o, en el peor de los casos, recibir el premio de una muerte instantánea, de un solo tajo.

Pero resulta que, así como no escogemos cuándo, cómo y dónde nacer, tampoco podemos elegir como morir, exceptuando los suicidas, que en el fondo tampoco escogen quitarse la vida, pero que no son el punto de esta reflexión. El caso es que algunos mueren por enfermedades prolongadas y penosas. 

Hoy, un pariente al que aprecio mucho, está en esa situación, en el umbral de la vida y la muerte, y yo, que no se rezar, que no se pedirle a Dios, ruego para que ese pariente encuentre cuanto antes La paz y el descanso ante tanto padecimiento, como el que ha tenido que soportar en los últimos 5 meses. Hoy enciendo una luz en mi corazón y enfoco todas mis fuerzas en un solo deseo, que mi pariente se vaya; consciente de que para mi esposa y su familia significará una gran tristeza y un inmenso vacío, pero seguro también de que lo que más necesita ese ser humano es cruzar ese umbral, porque es su derecho ahora, porque hoy es su única y más justa forma de alivio.

Por lo pronto espero que ese amigo del que les hablo, y quienes afrontan una situación igual, puedan completar su viaje al encuentro con la eternidad y con el creador.

Agradezco a quienes, discretamente y con sinceridad, se sumen a mi oración.