Traductor

jueves, 22 de octubre de 2015

EL MILAGRO DE NACER, LA ESPERANZA DE MORIR







Por James Cifuentes Maldonado


Nacer y llegar a este mundo es un hecho maravilloso en el que, según el caso, contamos con mayor o menor fortuna; normalmente la tenacidad humana nos saca adelante a través de procesos de aprendizaje y crecimiento, apuntalados en nuestro propio talento y nuestras habilidades, más el apoyo de la familia y, por supuesto, sujetos a los designios de la divina providencia; normalmente de la mano de Dios, nada nos sobra, pero tampoco nada nos falta. Somos a lo largo de la vida, en mayor o menor medida, felices o infelices, pero al fin y al cabo, vivimos; vivimos para nosotros mismos o para hacer más plena la existencia de otros, o, contando con suerte, logramos ambas cosas.

Un día, tarde o temprano, cuando sea justo, o aun injusto, nos tenemos que ir, y para eso también hay que contar con la gracia de Dios, porque no todas las formas de morir son dulces o pacíficas; como mejor posibilidad todos aspiramos a una muerte apacible en el lecho, en nuestra casa, por el cansancio de la vejez y el desgaste del cuerpo, con dignidad pero sobre todo sin violencia; o, en el peor de los casos, recibir el premio de una muerte instantánea, de un solo tajo.

Pero resulta que, así como no escogemos cuándo, cómo y dónde nacer, tampoco podemos elegir como morir, exceptuando los suicidas, que en el fondo tampoco escogen quitarse la vida, pero que no son el punto de esta reflexión. El caso es que algunos mueren por enfermedades prolongadas y penosas. 

Hoy, un pariente al que aprecio mucho, está en esa situación, en el umbral de la vida y la muerte, y yo, que no se rezar, que no se pedirle a Dios, ruego para que ese pariente encuentre cuanto antes La paz y el descanso ante tanto padecimiento, como el que ha tenido que soportar en los últimos 5 meses. Hoy enciendo una luz en mi corazón y enfoco todas mis fuerzas en un solo deseo, que mi pariente se vaya; consciente de que para mi esposa y su familia significará una gran tristeza y un inmenso vacío, pero seguro también de que lo que más necesita ese ser humano es cruzar ese umbral, porque es su derecho ahora, porque hoy es su única y más justa forma de alivio.

Por lo pronto espero que ese amigo del que les hablo, y quienes afrontan una situación igual, puedan completar su viaje al encuentro con la eternidad y con el creador.

Agradezco a quienes, discretamente y con sinceridad, se sumen a mi oración.







No hay comentarios:

Publicar un comentario