Por James Cifuentes Maldonado
(Originada de una conversación en redes sociales)
Estimadísimo Fernando, la mayor parte de tus apreciaciones son razonables y comparto ese inventario de ejecutorias que has hecho sobre el gobierno de Uribe. En efecto Alvaro Uribe Vélez, fue un presidente diferente, se hizo sentir y sacó a este país de ese marasmo en el que quedamos luego del frente nacional, pasando después por gobiernos tan agrestes como el de Turbay, tan poético y tan trágico como el de Belisario, tan aperturista y globalizador como el de Gaviria, tan confuso como el de Samper y tan perdido como el de Andrés Pastrana. En todos esos años la insurgencia creció alentada por el abandono Estatal en las regiones lejanas y en las no tan lejanas, pero aisladas por la falta de acceso e infraestructura.
Aunque no voté por Uribe, sentí de manera positiva y con entusiasmo su talante enérgico que sacudió la nación y nos brindó una nueva percepción de seguridad basada en la autoridad y en el despliegue de la fuerza. Sentí la presencia y el compromiso del gobernante en cada uno de sus consejos comunales como una forma de recordarnos que el Gobierno no solamente se hace en el Consejo de Ministros sino también con el pueblo en vivo y en directo y aunque eso tenía mucho de top show, sentí que eso era bueno.
Con Uribe se incubaron los famosos tres huevitos: - la seguridad desde la democracia, - la confianza inversionista desde la responsabilidad social y la cohesión social desde las libertades, y aunque reconozco que esos postulados programáticos pusieron al país en otra dinámica, encuentro que, en parte, se concretaron, y le han sido especialmente útiles al gobierno de Santos, pero hay que decir también que en parte fueron solamente retóricos.
La seguridad que se impuso, se adornó con el sentido democrático es decir con la intención de que fuera para todos pero no fue así, porque hubo seguridad para unos, a costa de la seguridad de otros y prueba de ello son los falsos positivos; La confianza inversionista fue una consecuencia de un país aparentemente más seguro y fue el huevito que reventó más rápido y alcanzó a emplumar, pero no brilló propiamente por la responsabilidad social, porque el interés social no fue propiamente la esencia de Agro Ingreso Seguro; La cohesión social se dio alrededor de un país desesperanzado, cansado de décadas de violencia y dispuesto a alcanzar el fin (la paz) sin importar los medios y eso no armonizó mucho con las libertades sociales, y si no, miremos donde vamos con el tema de las interceptaciones ilegales, donde todos sus protagonistas cayeron en desgracia, y la única pieza suelta y que no ha asumido su responsabilidad es el propio expresidente Uribe.
Siempre me ha llamado la atención la forma artificiosa con la que Uribe pone la palabra democracia en medio de todas sus ideas e iniciativas, sin embargo la estrategia para lograr su reelección no brilló justamente por ser transparente y limpia, y lo que no es transparente y limpio no puede ser democrático. Por fortuna el tiempo y la justicia han puesto las cosas en su lugar, a pesar de que no me alegro de la tragedia que deben estar están pasando Sabas Pretelt, Bernardo Moreno y Alberto Velasquez, fieles emisarios de Uribe condenados sin atenuantes por el escándalo de la “Yidis política”; ¿y a todas estas, Uribe qué?... Bien gracias…, gozando de buena salud, porque su famoso “teflón” es increíblemente inagotable.
En fin yo aprecio muchas cosas de Uribe y no discuto que sus 8 años de gobierno ocuparán un lugar relevante en la historia de Colombia y será recordado, para bien y para mal, por mucho tiempo y los ríos de tinta que corren hoy entre sus fanáticos y sus detractores seguirán creciendo.
Estoy de acuerdo contigo Fernando, en que Uribe en su gobierno no fue un payaso, todo lo contrario, fue un señor bien caracterizado por lo serio y por lo frentero, al punto de rayar en la grosería, pero su estilo procaz funcionaba; recuerdo por ejemplo dos momentos, uno simpático que fue la discusión telefónica con “la mechuda” y la famosa sentencia de que “te voy a pegar en la cara marica” y otro en el que alcancé a sentir amor de patria por la posición digna y categórica que asumió Uribe en esa encerrona que le pretendieron hacer los presidentes Chávez, Morales y Correa en una cumbre de UNASUR en Bariloche Argentina, ese día me contagié de la admiración por la “verraquera” de mi presidente paisa, defendiendo la relación de Colombia con los Estados Unidos.
En esa época Uribe no era un payaso, Uribe se volvió un payaso después, justo cuando no debía serlo ya que la dignidad de su investidura como Expresidente le exigía más altura y más gallardía. Pero Uribe eligió un estilo de oposición agresiva, intolerante, sin espacio para la construcción y pelando el cobre por no tener el poder. Pero eso no es lo peor porque al fin y al cabo esa es la consecuencia natural de su talante, eso mostraba desde chiquito.
Lo más grave y lo que repruebo de Uribe es que haya caído tan bajo, en su afán de atravesarse en todo lo que no sea de su gusto, y que en ese afán y en esa paranoia se haya dedicado a la simple maledicencia y la pataleta como lo ha venido haciendo, como en el asunto de la financiación de la campaña de Juan Manuel Santos, como en el incidente con el profesor de la Libre y más recientemente con la afirmación infame, o por lo menos a priori, de que el presidente y la fuerza aérea de Colombia se negaron deliberadamente a prestar asistencia a los militares atacados en Buenos Aires Cauca; eso es algo francamente incendiario y que raya en la esquizofrenia, pero lo paradójico es que, por ese tipo de declaraciones, es que Uribe es querido por la mitad de este país; esa mitad de colombianos que no opinan con la razón sino con la emoción y con las vísceras.
…Por lo demás, Alvaro Uribe me parece un “man” chévere.
(Originada de una conversación en redes sociales)
Estimadísimo Fernando, la mayor parte de tus apreciaciones son razonables y comparto ese inventario de ejecutorias que has hecho sobre el gobierno de Uribe. En efecto Alvaro Uribe Vélez, fue un presidente diferente, se hizo sentir y sacó a este país de ese marasmo en el que quedamos luego del frente nacional, pasando después por gobiernos tan agrestes como el de Turbay, tan poético y tan trágico como el de Belisario, tan aperturista y globalizador como el de Gaviria, tan confuso como el de Samper y tan perdido como el de Andrés Pastrana. En todos esos años la insurgencia creció alentada por el abandono Estatal en las regiones lejanas y en las no tan lejanas, pero aisladas por la falta de acceso e infraestructura.
Aunque no voté por Uribe, sentí de manera positiva y con entusiasmo su talante enérgico que sacudió la nación y nos brindó una nueva percepción de seguridad basada en la autoridad y en el despliegue de la fuerza. Sentí la presencia y el compromiso del gobernante en cada uno de sus consejos comunales como una forma de recordarnos que el Gobierno no solamente se hace en el Consejo de Ministros sino también con el pueblo en vivo y en directo y aunque eso tenía mucho de top show, sentí que eso era bueno.
Con Uribe se incubaron los famosos tres huevitos: - la seguridad desde la democracia, - la confianza inversionista desde la responsabilidad social y la cohesión social desde las libertades, y aunque reconozco que esos postulados programáticos pusieron al país en otra dinámica, encuentro que, en parte, se concretaron, y le han sido especialmente útiles al gobierno de Santos, pero hay que decir también que en parte fueron solamente retóricos.
La seguridad que se impuso, se adornó con el sentido democrático es decir con la intención de que fuera para todos pero no fue así, porque hubo seguridad para unos, a costa de la seguridad de otros y prueba de ello son los falsos positivos; La confianza inversionista fue una consecuencia de un país aparentemente más seguro y fue el huevito que reventó más rápido y alcanzó a emplumar, pero no brilló propiamente por la responsabilidad social, porque el interés social no fue propiamente la esencia de Agro Ingreso Seguro; La cohesión social se dio alrededor de un país desesperanzado, cansado de décadas de violencia y dispuesto a alcanzar el fin (la paz) sin importar los medios y eso no armonizó mucho con las libertades sociales, y si no, miremos donde vamos con el tema de las interceptaciones ilegales, donde todos sus protagonistas cayeron en desgracia, y la única pieza suelta y que no ha asumido su responsabilidad es el propio expresidente Uribe.
Siempre me ha llamado la atención la forma artificiosa con la que Uribe pone la palabra democracia en medio de todas sus ideas e iniciativas, sin embargo la estrategia para lograr su reelección no brilló justamente por ser transparente y limpia, y lo que no es transparente y limpio no puede ser democrático. Por fortuna el tiempo y la justicia han puesto las cosas en su lugar, a pesar de que no me alegro de la tragedia que deben estar están pasando Sabas Pretelt, Bernardo Moreno y Alberto Velasquez, fieles emisarios de Uribe condenados sin atenuantes por el escándalo de la “Yidis política”; ¿y a todas estas, Uribe qué?... Bien gracias…, gozando de buena salud, porque su famoso “teflón” es increíblemente inagotable.
En fin yo aprecio muchas cosas de Uribe y no discuto que sus 8 años de gobierno ocuparán un lugar relevante en la historia de Colombia y será recordado, para bien y para mal, por mucho tiempo y los ríos de tinta que corren hoy entre sus fanáticos y sus detractores seguirán creciendo.
Estoy de acuerdo contigo Fernando, en que Uribe en su gobierno no fue un payaso, todo lo contrario, fue un señor bien caracterizado por lo serio y por lo frentero, al punto de rayar en la grosería, pero su estilo procaz funcionaba; recuerdo por ejemplo dos momentos, uno simpático que fue la discusión telefónica con “la mechuda” y la famosa sentencia de que “te voy a pegar en la cara marica” y otro en el que alcancé a sentir amor de patria por la posición digna y categórica que asumió Uribe en esa encerrona que le pretendieron hacer los presidentes Chávez, Morales y Correa en una cumbre de UNASUR en Bariloche Argentina, ese día me contagié de la admiración por la “verraquera” de mi presidente paisa, defendiendo la relación de Colombia con los Estados Unidos.
En esa época Uribe no era un payaso, Uribe se volvió un payaso después, justo cuando no debía serlo ya que la dignidad de su investidura como Expresidente le exigía más altura y más gallardía. Pero Uribe eligió un estilo de oposición agresiva, intolerante, sin espacio para la construcción y pelando el cobre por no tener el poder. Pero eso no es lo peor porque al fin y al cabo esa es la consecuencia natural de su talante, eso mostraba desde chiquito.
Lo más grave y lo que repruebo de Uribe es que haya caído tan bajo, en su afán de atravesarse en todo lo que no sea de su gusto, y que en ese afán y en esa paranoia se haya dedicado a la simple maledicencia y la pataleta como lo ha venido haciendo, como en el asunto de la financiación de la campaña de Juan Manuel Santos, como en el incidente con el profesor de la Libre y más recientemente con la afirmación infame, o por lo menos a priori, de que el presidente y la fuerza aérea de Colombia se negaron deliberadamente a prestar asistencia a los militares atacados en Buenos Aires Cauca; eso es algo francamente incendiario y que raya en la esquizofrenia, pero lo paradójico es que, por ese tipo de declaraciones, es que Uribe es querido por la mitad de este país; esa mitad de colombianos que no opinan con la razón sino con la emoción y con las vísceras.
…Por lo demás, Alvaro Uribe me parece un “man” chévere.

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