La mano de Dios que hundió al Pereira
Publicado 30/11/2016
http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/la-mano-de-dios-que-hundi-al-pereira1611.html
James Cifuentes M.
Se requiere mucha resiliencia para ser hincha del Deportivo Pereira, para soportar una tras otra las frustraciones que nos han deparado las derrotas agónicas, en el último minuto adicionado del último partido; anteayer, cuando ganábamos y no era probable que nada más pasara, pasó, y nuevamente los Leones, antes de Turbo y ahora de Itagüí, volvieron a ser nuestro verdugo.
Lo sucedido en el partido se lo dejo a los expertos; al final todo cuanto se diga serán meras anécdotas y las estadísticas indicarán que en 2016 el mejor equipo del Torneo Águila fue el Pereira, pero que no ascendió, por ese odioso sistema de cuadrangulares finales que la DIMAYOR debe reconsiderar urgentemente, por ilógico y por injusto.
El pitazo final en Ditaires hizo que en Bogotá las rodillas de todos los jugadores de Tigres cayeran en tierra, y todos los brazos se elevaran al cielo en señal de agradecimiento; todas las declaraciones fueron unánimes en decir: “toda la honra es para Dios”, porque, según ellos, Dios fue el responsable del gol de Leones que puso a Tigres en la A y dejó al Pereira en la B.
Por increíble que parezca muchas personas imaginan a Dios como un señor barbado sentado en su trono decidiendo quien gana y quien pierde en la vida y en el deporte; yo francamente no creo que ese señor despache favores ni atienda súplicas de los futbolistas colombianos; él simplemente se frota las manos, frunce el ceño y a veces sonríe, por las ocurrencias de los hombres; Dios es un mero espectador, porque en realidad los caprichos del destino los determinamos nosotros, con lo que hacemos y con lo que dejamos de hacer.
Pedir y dar gracias a Dios es una técnica neurolingüística que ayuda a las personas a no abandonar sus metas, que parte del presupuesto de que la fe es una fuerza arrolladora que, además de alimentar el espíritu, convence al cerebro y elimina los miedos de hacer y de actuar, que son las barreras mentales que limitan a los seres humanos.
Yo creo que el éxito se deriva fundamentalmente de la determinación, de la buena voluntad y del trabajo de las personas; lo demás, lo que hace que las cosas sucedan de una u otra manera, se lo debemos al azar y el azar y la anarquía constituyen la concepción de Dios que menos nos gusta, por eso preferimos quedarnos con la imagen del anciano paternal y ecuánime que da a cada quien lo que le corresponde, así en la práctica ello carezca de lógica y de justicia, como acaba de suceder para desgracia de los hinchas matecañas.
Se requiere mucha resiliencia para ser hincha del Deportivo Pereira, para soportar una tras otra las frustraciones que nos han deparado las derrotas agónicas, en el último minuto adicionado del último partido; anteayer, cuando ganábamos y no era probable que nada más pasara, pasó, y nuevamente los Leones, antes de Turbo y ahora de Itagüí, volvieron a ser nuestro verdugo.
Lo sucedido en el partido se lo dejo a los expertos; al final todo cuanto se diga serán meras anécdotas y las estadísticas indicarán que en 2016 el mejor equipo del Torneo Águila fue el Pereira, pero que no ascendió, por ese odioso sistema de cuadrangulares finales que la DIMAYOR debe reconsiderar urgentemente, por ilógico y por injusto.
El pitazo final en Ditaires hizo que en Bogotá las rodillas de todos los jugadores de Tigres cayeran en tierra, y todos los brazos se elevaran al cielo en señal de agradecimiento; todas las declaraciones fueron unánimes en decir: “toda la honra es para Dios”, porque, según ellos, Dios fue el responsable del gol de Leones que puso a Tigres en la A y dejó al Pereira en la B.
Por increíble que parezca muchas personas imaginan a Dios como un señor barbado sentado en su trono decidiendo quien gana y quien pierde en la vida y en el deporte; yo francamente no creo que ese señor despache favores ni atienda súplicas de los futbolistas colombianos; él simplemente se frota las manos, frunce el ceño y a veces sonríe, por las ocurrencias de los hombres; Dios es un mero espectador, porque en realidad los caprichos del destino los determinamos nosotros, con lo que hacemos y con lo que dejamos de hacer.
Pedir y dar gracias a Dios es una técnica neurolingüística que ayuda a las personas a no abandonar sus metas, que parte del presupuesto de que la fe es una fuerza arrolladora que, además de alimentar el espíritu, convence al cerebro y elimina los miedos de hacer y de actuar, que son las barreras mentales que limitan a los seres humanos.
Yo creo que el éxito se deriva fundamentalmente de la determinación, de la buena voluntad y del trabajo de las personas; lo demás, lo que hace que las cosas sucedan de una u otra manera, se lo debemos al azar y el azar y la anarquía constituyen la concepción de Dios que menos nos gusta, por eso preferimos quedarnos con la imagen del anciano paternal y ecuánime que da a cada quien lo que le corresponde, así en la práctica ello carezca de lógica y de justicia, como acaba de suceder para desgracia de los hinchas matecañas.
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