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sábado, 22 de julio de 2017

Mi gente linda

Mi gente linda
 
Publicado 21/12/2016
http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/mi-gente-linda1612.html

 
 
James Cifuentes M.

Cuando nos preguntan sobre qué es lo que más nos gusta de Colombia, solemos responder con el siguiente cliché: ¡lo que más me gusta de mi país es su gente!; y por supuesto, cómo no hablar bien de nosotros mismos, de la gente linda, espontánea, generosa, trabajadora, recursiva, creativa, guapachosa, y de gran corazón, que somos los colombianos.

 Así nos reconocemos, desde Leticia hasta la Guajira y de Arauca hasta el Chocó, al punto que somos capaces de identificar a un colombiano cuando habla, cuando ríe y cuando baila; incluso por televisión, de una sabemos que alguien al que están entrevistando es un paisano, no solo por su acento, sino por su nombre y por lo que dice, sobre todo si se llama Gabriel Jaime, John Jairo, Natalia, Leidy, Carlos Alberto, Jorge Mario, Luz Dary o Mariela y se apellida Cardona, López, González, Caicedo, Ramírez, Moreno, Pataquiva,  Castañeda o Bañol.


 En fin, solemos ser el alma de la fiesta, donde quiera que vayamos y muy especialmente somos nobles y muy solidarios, cuando las circunstancias así lo exigen, por ejemplo en las tragedias y desastres naturales.


 Pero, paradójicamente, nosotros, la “gente linda” no lo somos tanto en los momentos en los que es más fácil, cuando no nos cuesta nada, en los espacios donde más deberíamos serlo, en las calles y avenidas de las ciudades.


 En nuestra deshumanización urbana es habitual ver que los conductores lanzan sus carros contra los peatones, porque en sus mentes y en sus afanes no cabe que los de a pie tengan prelación y deban ser protegidos; no tienen esos cuidados simplemente porque las latas de los automotores que conducen suelen ser la prolongación de sus arrogancias y de sus egos, en una relación directamente proporcional a la marca y al tamaño del vehículo. 


 Es frustrante ver como las denominadas “cebras” son a diario inadvertidas; están ahí pintadas para que las motos y automóviles pasen raudos sobre ellas y para que los transeúntes se jueguen la vida encontrando el espacio por donde escurrirse y lograr pasar al otro lado, como podemos verlo todos los días en Pereira, por ejemplo en la carrera 13, entre Orbicentro y la Iglesia de San José.


 Mi “gente linda”, tengamos presente que existen países, unos más desarrollados e incluso otros a los que miramos por encima del hombro, donde la actitud es diferente; allí los conductores prácticamente se desnucan por detenerse cuando ven un peatón cruzando la calle, sin importar si transita por la cebra o no.

Feliz Navidad para todos.

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