Bálsamo, el Nobel para los hacedores de canciones
Publicado 19/10/2016
http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/b-lsamo-el-nobel-para-los-hacedores-de-canciones1610.html
James Cifuentes Maldonado
Nos
hemos acostumbrado a que el arte, en lo literario, consiste en extensos
tratados, con profusos y complejos planteamientos ideológicos,
fascinantes novelas o relatos inacabables, pero la decisión que
inusitadamente ha tomado la Academia Sueca, al otorgar el premio Nobel
de Literatura a un cantautor, el estadounidense conocido como Bob Dylan,
nos puso a reconsiderar; nos ha propuesto que las canciones son poesía,
una expresión popular, en esas piezas sonoras que traen el mensaje
directo y preciso, que nos lanzan las ideas puras, sin adornos y sin
envolturas; porque eso es lo que uno encuentra en algunas letras,
especialmente en las de corte social y aun en aquellas que se dedican a
recrear el mundo en su cotidianidad, en todos los géneros musicales.
Dylan, a la hora de rayar estas notas, no se había reportado con la organización del premio, en un aparente desplante que acrecienta la polémica en cuanto si semejante distinción, como el Nobel, aplica para los bohemios y los peludos que “simplemente” componen canciones y las cantan, partiendo de la base de que existirían otros personajes, esos sí escritores de oficio, con más méritos para ganarlo, aunque la historia ha demostrado que no basta con ser bueno, y si no recordemos que Jorge Luis Borges se murió sin poder llevar ese trofeo a su repisa.
Muy seguramente, desde la perspectiva literaria que ahora nos señalan, todos los que han seguido la noticia harán su propio listado de compositores que deberían haber recibido el Nobel; yo tengo los míos, desde Carlos Gardel, pasando por Armando Manzanero, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez, Rubén Blades, Juan Gabriel, Joe Arroyo y hasta Darío Gómez; pero hay uno en particular que es candidatazo por todo lo que ha escrito y cantado; porque combina todas las facetas de quien se dirige a la gente en todas sus dimensiones: la gente agobiada, la gente contenta, la gente creyente, la gente escéptica, la gente viva y la gente desahuciada, pero que en especial, con su Bossa Nova, le canta a la sociedad y a los enamorados; estoy hablando de Chico Buarque.
Llevaba toda mi vida oyendo hablar de Buarque, de su inspiración fenomenal, pero sin explorarlo, y me lo topé una noche cualquiera, saboreando un vino tinto, por la gentil sugerencia de un amigo, Fernando Ocampo Contreras, quien sin rodeos y dejando mucho de lo mejor para después, me presentó la obra cumbre, para mi gusto, de ese brasileño de voz nasal, de notas alargadas y mensajes encriptados, que con sus canciones dice mucho más de lo que aparentemente se oye.
Esa noche conocí a Geni y
el Zepelín; quedé cautivo de la prostituta a la que le gusta amar los
bichos, de la heroína que salvó al pueblo y que el mismo pueblo desechó
cuando estuvo a salvo, así como el gobernante desprecia al elector
cuando ya tiene el mando.
“Geni y el Zepelín”, es a Chico Buarque, lo que “Cien años de soledad” es a Gabriel García Márquez, pero más breve.
“Geni y el Zepelín”, es a Chico Buarque, lo que “Cien años de soledad” es a Gabriel García Márquez, pero más breve.
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